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EL VALOR SOCIAL DE LA RENTA VARIABLE

Por LUIS HERRERA NOREÑA

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La ultima Junta de Accionistas del Banco de Santander, de 3 de abril pasado, tomó la decisión de aplazar momentáneamente el abono de parte del dividendo correspondiente al ejercicio del año 2019. Tal excepcional postura, probablemente haya estado orientada a humanizar la tan frecuentemente denostada falta de sensibilidad social de las entidades financieras, sobre todo las tan grandes y masivas, acorde con la situación que actualmente nos azota.

El valor social de tales instituciones pudiera estar condicionado por la distribución del accionariado y su implantación en la población general; en el caso que nos ocupa, característicamente, en Cantabria. Sirva para ello el propio ejemplo familiar y el recuerdo paterno, comprando 18 accs. del Banco con su primer sueldo y su puntual cesión, en mayoría de edad de cada hijo, de 18 acciones de la modesta cartera familiar
que, con sacrificio y tenacidad, iba formando. Aquellas, en mí propio caso, supusieron las primeras de las que actualmente poseo. Además, a la postre, tal modelo de previsión permitió una completa financiación de la digna asistencia de las grandes discapacidades que, nuestros progenitores, tuvieron que afrontar.

Por ello, extraña poderosamente el rigor de tal decisión; pudiendo, su universalidad, tener un efecto contrario al inicial, presuntamente benéfico. Téngase en cuenta que solo el 38,53 % del capital social de la institución está en poder de la categoría de accionistas minoristas, aquellos que pudiéramos asimilar al “colectivo social”. Tal segmento forma, globalmente, el 62,97 % del capital social (689.121 accionistas de menos de 30.001 accs. y el 1,5 % del capital social de los casi 29.000 que poseen entre 30.001 y 400.000 accs.), muy distinto del que configura la categoría de Inversores Institucionales (60,39 % del capital social total del banco), con grandes entidades depositarias a la cabeza. Al fin, el dividendo de los primeros estaría siempre por debajo de los 15.180 €, cuyo montante supondría menos del 26% del dividendo total, beneficiando a 3.956.919 accionistas (familias); que no son pocos.

Consecuentemente, el mantenimiento del reparto del dividendo, correspondiente al ejercicio de 2019, entre los accionistas minoritarios del Banco de Santander; podría conseguir, sin quebranto significativo para la institución, el mantenimiento de las expectativas de ingresos en familias modestas ayudando, en último término, a su esforzada economía. Por todo ello, “abrir el cajón”, precisamente en estos momentos de
tribulación y estrechez generales, pudiera ser una actitud mas acorde con la situación.

Esperemos que el Consejo de Administración del Banco de Santander, considerando el valor social de esta propuesta, pueda propiciar sus mejores efectos.

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