Edita: Cantabria Ediciones On Line 24 horas. Director: José Ramón SAIZ FERNÁNDEZ
Diario Digital controlado por OJD

PALOS EN LA RUEDA

Por JOSÉ MANUEL PAZOS

Enviar a un amigo

No cabe imaginar cual sería el coste de la deuda española y la cotización del euro si estuviese vinculado al devenir de la situación política. Conviene tener presente que ni la confianza ni los recursos son infinitos.

Sujeto todavía a una enorme incertidumbre, mayor todavía cuando nos referimos a las ratios, el déficit público en la economía española puede situarse en 2020 en el 11% del PIB. Incluso con la estimación de una recuperación en 2021 en el entorno del 6%, el déficit alcanzaría el 7% el próximo año. La deuda pública se situaría en el 117% del PIB en 2020 y se mantendría en esa ratio en 2021. El descenso de los ingresos en 2020 se estima en el rango entre 30 y 45 mil millones. El deterioro del cuadro macroeconómico alcanza cifras tan relevantes como el descenso del 28% de la inversión, con la correspondiente a bienes de equipo retrocediendo cerca de un 40%. Imposible imaginar siquiera sostener un deterioro de esta magnitud sin el apoyo europeo.

ESPAÑA PRINCIPAL BENEFICIARIO

No es hasta el momento más que una señal política, pero manifiesta un compromiso profundo con Europa y aumenta la posibilidad de una mayor integración fiscal. Eso es lo que permite la propuesta anunciada por la Comisión Europea la semana pasada. Se articularía a través del llamado MFF (Multiannual Financial Framework) con un horizonte entre 2021 y 2027. La Comisión propone incrementar el MFF hasta €1.100 millones y proveer asistencia financiera a través del Plan de Recuperación a los estados miembros mediante €500 mil millones de transferencias y €250 mil millones de préstamos. En términos de reparto, hay muchas estimaciones que están por ser discutidas, pero Italia, España, Grecia y Polonia serían los principales beneficiarios, particularmente los tres últimos y en concreto para España. La financiación se efectuaría mediante la emisión de deuda con vencimiento entre 3 y 30 años y los desembolsos comenzarían en enero de 2021 y se extenderían hasta diciembre de 2024.

LOS MERCADOS MANTIENEN LA CONFIANZA

Frente a este compromiso europeo, el panorama político español es difícil que sea más desolador. Los titulares de la prensa del fin de semana, sea cual sea su orientación, no pueden ser explicados sin temer una debacle, si no fuese en el contexto de este compromiso europeo. Queda mucho por ser discutido hasta la reunión del Eurogrupo el 11 de junio, la cumbre de Jefes de Estado del 18/19 de junio, y la posterior ratificación unánime de los 27 parlamentos nacionales en un proceso que se puede alargar hasta el final del verano. Cabría preguntarse cuál sería la perspectiva para la economía española sin un plan europeo semejante. Sin datos fiables sobre la evolución de la pandemia, con la comisión parlamentaria para la reconstrucción en absoluta descomposición, con las discrepancias manifiestas dentro de la coalición de gobierno y con el dialogo entre gobierno y agentes sociales por restaurar, no cabe imaginar cual sería el coste actual de la deuda española y como estaría el euro. Afortunadamente apenas hay pocas dudas hoy sobre el compromiso europeo, y el euro tenía la semana pasada su mejor comportamiento en dos meses, empujado por el anuncio de la Comisión y a pesar del desempeño español. Pero desafortunadamente no tenemos garantía de que no habrá una segunda oleada del virus en otoño y es seguro que las normas de distanciamiento social van a mantener la economía lejos de recuperar, en un horizonte próximo, un ritmo de actividad semejante al normal, de modo que atendiendo a lo que vemos, más nos vale que el BCE incremente en tiempo y cuantía su programa de compra de deuda este jueves y que la confianza que los mercados muestran es este momento dure lo suficiente como para que al menos nuestros responsables políticos dejen de meter palos en la rueda.

Otros artículos: