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CABARCENO: UNA APROXIMACION A LA FIGURA DE JUAN HORMAECHEA.

Por JOSÉ RAMÓN SAIZ

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Este miércoles, 10 de junio, el Parque de la Naturaleza de Cabárceno cumple treinta años desde su apertura al público. Se trata de una obra controvertida para quienes entonces ejercían la oposición, aunque todo indica que el entonces presidente de la Comunidad Autónoma, Juan Hormaechea, tenía bastante claro que la transformación de la vieja mina de tiempos de Roma en un parque natural o de naturaleza viva podía atraer a Cantabria a miles de visitantes.

Hormaechea siempre tuvo dudas sobre las capacidades del sector industrial en la región, al tener en cuenta que a un lado y a otro de nuestra frontera autonómica estaban Asturias y el País Vasco con una tradición industrial lejana en el tiempo. Veía más clara la alternativa turística, siendo un bien general de Cantabria como ha llevado a este sector a cientos de familias –con las casas rurales- que debieron abandonar la ganadería una vez que ingresamos en Europa.

Dentro de la falta de fe en amplios sectores políticos y de la sociedad sobre Cabárceno, yo publiqué un artículo el 27 de diciembre de 1989 –aun no se había inaugurado- que me costó algún disgusto que otro (mejor, lo dejo en crítica) por su contenido.  Resumiendo, escribí: “Cabárceno es una sorpresa muy positiva y la gran oportunidad de proyectar una imagen muy singular y atractiva de Cantabria”. El artículo completo se puede seguir en la Hemeroteca Municipal. 

Debo señalar que yo no tenía relación alguna con Juan Hormaechea, es decir, no existía sintonía política entre mi artículo y el promotor de Cabárceno, colaboración que comenzó en 1991 al nombrarme Jefe de su Gabinete –estaba yo en aquellos días en Cuba con Quique Setién- decisión en la que tuvo bastante que ver un alto dirigente de UCD y vicepresidente en el Gobierno de Calvo Sotelo. A mi no se me consultó y, por ello, tuve que pedir las explicaciones oportunas. Pensaba el que fuera vicepresidente del Gobierno que yo podía hacer de contrapeso de Hormaechea, postura equivocada de principio a fin como le aclaré oportunamente.  Hormaechea fue siempre un ser absolutamente independiente y mucho más en política.

Ahora que escribo de Cabárceno y sus contenidos son suficientemente conocidos por gran parte de los cántabros, prefiero escribir del personaje en sus rasgos más generales.  Debo decir que Hormaechea demostró siempre una gran pasión por la política (él, que según confiesa, llegó accidentalmente), teniendo una capacidad de creación importante. Su cabeza, hoy ya con 81 años, está en un momento excelente en cuanto a capacidad para elaborar un programa de Gobierno para Cantabria en no más de medio hora, apostando por todo aquello que puede ser vital, desde sus ideas, para nuestra Comunidad Autónoma.

Como político cometió errores, quizás el más reprochable fuera el de propiciar el transfuguismo, aunque también es cierto que algunos de los tránsfugas –no todos, por cierto- tenían un precio asequible.  O, mejor dicho, estaban dispuestos a venderse al mejor postor que pudo bien ser Hormaechea o algún empresario que por su interés  pudo dedicarse –no tengo pruebas- a estos menesteres.  Sostengo que el transfuguismo fue un grave error e hizo un daño enorme a la autonomía de Cantabria. Erradicar este problema ha sido positivo.

Pero citando otros aspectos, diré que otro tema cuestionable de su mandato en el posicionamiento de sus adversarios fue el del endeudamiento. Yo no creo que fuera un error sino un acierto. Endeudarse lo hicieron y mucho nuestros padres en los años sesenta y setenta para tener acceso a medios de los que carecíamos en nuestras casas: lavadora, frigorífico, televisión o el seiscientos. En el pensamiento de Hormaechea existía una clara distinción entre gasto e inversión.

Por ello –visto hoy lo que tenemos a nuestro alrededor- Hormaechea endeudó Cantabria para impulsar conquistas que de otra manera hubiesen tardado años o, estarían todavía pendientes: carreteras modernas que ahí siguen, Palacio de Festivales, Hospital de Liencres, Cabárceno, ganadería con la adquisición del gran semental Sultán que tanto aportó a la mejora genética de nuestra cabaña, incluso puso en marcha una ayuda familiar que significó una innovación en la España autonómica que podría mirarse en el espejo, con la distancia del tiempo, de lo que se denomina hoy Ingreso Mínimo  Vital.  Entiendo que puede haber otras interpretaciones, pero yo expongo aquella que está más cerca del reconocimiento que del rechazo, de la generosidad que de la descalificación implacable.

He citado el Hospital Liencres: ¿se acuerdan que la primera Resonancia Magnética (que permitía descubrir los males de un paciente) llegó a Liencres en 1991 o 1992 y el Estado todavía tardó diez años en dotar de dicho aparato a Valdecilla por una donación? Este tipo de adelantos, en aquel tiempo, sólo los ofrecía la sanidad en Navarra a través de su afamada Clínica Universitaria. Y lo mismo podría afirmarse, como programa nacional novedoso, la campaña de salud buco-dental para escolares.

Cuando se gobierna el político no debe esperar a que las circunstancias le impongan la toma de decisiones. Hay que adelantarse. Lo digo porque la adquisición del helicóptero a finales de los años ochenta motivó una gran polémica. No se entendía o no quería entenderse. Aquel helicóptero se medicalizó y comenzó a prestar servicios de interés ciudadano. De aquella iniciativa surgió lo que hoy es el 112. ¿Quién no tiene grabadas en la memoria las imágenes del auxilio alimentario a los vecinos de Tresviso aislados un invierno crudo por la nieve? Lo mismo se puede decir de otros avances que posiblemente no se vendieron bien (informativamente hablando) en cuanto a su proyección autonómica y social. 

La deuda cántabra pudo alcanzar los 65.000 millones de pesetas (hoy es de 3.100 millones de euros, es decir, 600.000 millones de pesetas). Pero Cantabria tiene hoy carreteras, Palacio de Festivales, Cabárceno, Liencres, etcétera. Cuando se habló de una deuda de 100.000 millones era por interés político y electoral. Yo la sitúo, más o menos, en ese montante, Hormaechea, sus razones tendrá, afirma que el endeudamiento fue inferior a 50.000.

No tengo problema alguno en asumir su filosofía política en este apartado: el despilfarro no se puede medir en el momento que se denuncia, sino en ver y comprobar si la obra así calificada ha servido para generaciones de cántabros. Es decir, una obra de 5.000 euros puede ser un despilfarro (gastado en algo innecesario) y, sin embargo, puede que no lo sea una obra de 500.000 euros si, primero, era necesaria y, segundo, ha sido disfrutada por generaciones de ciudadanos. Creo explicarme.  Por eso, Cabárceno, el Palacio de Festivales, Liencres o las carreteras no fueron un despilfarro: se hicieron a lo grande (como la compra de Sultán) y no ha habido que invertir en reformas o modificados.

Podía referirme a muchos otros temas que puede ser mejor que deje para otro momento. Pero citaré el referido a los funcionarios. Confieso que nunca ví a Hormaechea maltratar o perder el respeto a un funcionario, aunque, eso sí, era firmemente exigente. Un expediente para hacer una obra no podía durar un año. Eso es inconcebible porque va en contra de la propia Administración. En esa legislatura 1991-95 ningún expediente pasó de los cinco o seis meses y eso fue posible por la exigencia que en forma de cumplimiento del deber debe realizar un político con el jefe de sección en su condición de funcionario público que debe procurar siempre que los proyectos técnicos se agilicen, nunca que se eternicen.

Algún día les contaré lo que escuché a Álvarez Cascos en respuesta a  una denuncia que en ese momento le realizaba Hormaechea, así como varias conversaciones (telefónicas) con Borrel, entonces ministro de Obras Públicas, a raíz de una paralización de las obras de la autovía del Cantábrico desde el límite con Vizcaya hacia Santander.  Merece la pena.

Es posible que algún lector me adjudique de inmediato, por estas reflexiones, el título de hormaechista. La réplica que le concedo y sobre la que le pido una reflexión, es que sobre toda obra de gobierno hay que ver las cosas desde cierta lejanía en el tiempo.  Lo que hoy es presente, era hace treinta años futuro muy difícil de descifrar.  Miremos, pues, a ese pasado y hagamos un pequeño ejercicio de reflexión.

En fin, me he desviado del tema que me ha traído a este contacto: Cabárceno, cuyo territorio o naturaleza es una chulería de Dios y lo que allí vemos y ven miles de visitantes es la pasión por crear de un gobernante. Aquí lo dejo.  Pueden opinar.

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