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LA BRONCA SIGUE AUMENTANDO

Por ENRIQUE GOMARIZ

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El 2020 puede ser un año para olvidar, sobre todo por la irrupción de una insospechada pandemia que ha ocasionado miles de muertes y una secuela socioeconómica que durará años, pero conviene recordar que también ha tenido el efecto de definir el nuevo cuadro político en España. Desde el 7 de enero, en que se forma el gobierno de coalición entre PSOE y Podemos, hasta el 3 de diciembre, cuando se aprueban los presupuestos de ese gobierno, en este 2020 se han eliminado las opciones alternativas previas a la confrontación entre las dos Españas que estamos presenciando. Todavía en 2019 era posible imaginar las dos alternativas más evidentes: un pacto nacional entre las principales fuerzas políticas de cara a la conformación de un gobierno socialista en minoría, o bien la constitución de una dinámica moderada de gobernabilidad. Pero en el año recién pasado esas dos opciones fueron eliminadas para esta legislatura.

La consecuencia de esa eliminación ha sido la consolidación de un escenario frentista, en el que la única alternativa al gobierno de Sánchez reside en una victoria política y electoral de la alianza conservadora que gobierna algunas comunidades autónomas (PP, Ciudadanos y Vox). Y las últimas encuestas apuntan a que esa victoria es posible, algo que supondría traducir el voto mayoritario de esas formaciones, algo que ya sucedió en las pasadas elecciones, en una mayoría de escaños parlamentarios. En pocas palabras, la sustitución polarizada del gobierno de media España por el de la otra media.

El mantenimiento de la bronca en el 2021 tiene diferentes fuentes. Una primera refiere a las formas de hacer política, cuya responsabilidad refiere a todos los protagonistas, pero recae directamente en el presidente del Gobierno. No es previsible esperar un cambio de la política del desplante y la soberbia que ha mostrado Sánchez en este 2020. Tampoco es previsible una reducción de la agresividad política de parte de Vox. Por su parte, el PP de Casado ha tratado de ensayar una posición intermedia sin conseguirlo realmente.

Otra causa importante de la bronca va a estar referida al conflicto independentista, sobre todo en Cataluña. Ya se sabe que los dos tercios de los votantes socialistas están en contra de otorgar un indulto a los condenados por el Tribunal Supremo. Pero, al mismo tiempo, se conoce que los secesionistas están volcados a la búsqueda de apoyos internacionales para insistir en la independencia. Es decir, la bronca esta servida, más allá de que al interior de Cataluña siga descendiendo la proporción de gente que simpatiza con la opción secesionista.

En el primer semestre de este año es altamente previsible que aumente la bronca social. Las consecuencias de la pandemia respecto de la destrucción del tejido productivo todavía no han mostrado su cara más dramática. La catástrofe de la pequeña empresa en varios sectores y el consiguiente desempleo van a provocar una primavera caliente. Los primeros indicios de esta confrontación se han reflejado ya en el endurecimiento de las organizaciones empresariales frente al gobierno. Es probable que haya confluencia entre malestares de distinto orden a corto plazo. Cabe señalar que, en este contexto, la actitud de Podemos no resultará precisamente confiable en el gobierno de coalición. Podemos tiene necesidad urgente de detener la sangría de votos que padece y buscará hacerlo aumentando sus instrumentos demagógicos.

Un factor de bronca asociado al anterior va a estar referido a la distribución de los fondos de ayuda europeos. Todo parece indicar que Sánchez no podrá eludir el cobro del apoyo a su gobierno de diferentes grupos políticos y sus respectivos gobiernos autonómicos. Los casos de Cataluña y el País Vasco son más que evidentes y ya han comenzado a caldear el ambiente.

El problema de fondo consiste en que buena parte de estas causas de incremento de la bronca están generadas por las decisiones políticas adoptada por el PSOE de Sánchez. La consecuencia de incorporar en el gobierno a quien pone en la picota a la monarquía parlamentaria es un alto costo que deberá pagar el propio contratante. Cuando muchos socialistas, como Felipe González y Alfonso Guerra, rechazan los pactos con Bildu no lo hacen solo como producto de sus simpatías ideológicas, sino porque perciben el horizonte de confrontación política que ello significa. Y un buen indicador de ese horizonte conflictivo es el crecimiento de Vox, tanto a nivel nacional como en las diferentes comunidades autónomas.

El lento inicio de la derrota de la pandemia en este 2021 va ha coincidir, no con un descenso de la querella política, como sería deseable, sino con un incremento de la bronca no sólo en las instituciones sino en la base social del país. Ojalá este pronóstico resultara equivocado.

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