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AGOTAMIENTO EMOCIONAL

Por ESTHER RUIZ

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“Hoy no saldría de la cama...” Y este sentir empieza a hacerse más habitual de lo que nos gustaría después de casi un año de pandemia. De confinamientos, de toques de queda, de estados de alarma. De no hacer planes, de no ser dueños de nuestra vida ni de nuestros días... De no besar, de no tocar, de no abrazar, de no compartir, de no ver a los nuestros, de no salir, de no viajar... De crisis sanitaria, social, económica, de paro, de colas del hambre. De curvas, de escaladas, de contagios, de fallecidos, de comparecencias vacías, de medias verdades, de mentiras, de los míos y los tuyos... Casi un año con la única certeza de que todo es incierto.

Y es que estamos emocionalmente agotados, inmersos en un hastío emocional muy difícil de sobrellevar algunos días. Tenemos la sensación de estar todos los días haciendo un sobre esfuerzo, de estar sobre cargados de responsabilidad, esa que nos piden y nos atribuyen pero que parece que nunca es suficiente. Tenemos la sensación de estar dándolo todo sin recibir nada. Tenemos la sensación de no poder más, de quebrarnos.

Y ese cansancio emocional conlleva el físico. Estamos irritables, con ansiedad, tristes, dormimos mal, perdemos en muchas ocasiones el autocontrol, nos faltan los motivos y nuestras emociones son cada vez más planas porque estamos saturados de información. Oímos hablar de muertos -ayer 724- sin inmutarnos, como si no fuera con nosotros, como si nos hubiéramos acostumbrado a convivir con la muerte, con la tragedia, con el dolor. Tenemos dificultad para pensar y mucho más para hacerlo con claridad porque estamos anestesiados, acostumbrados a que piensen y decidan por nosotros, a que nos convenzan de cualquier cosa bajo el paraguas de la “nueva normalidad”.

Y le queremos poner ganas, pero cómo te ilusionas si lo único que tienes es presente. Si no ves el final, si ya no es ni cuenta atrás ni cuenta adelante porque no sabemos hacia donde vamos. Si no sabemos si un día más es un día menos porque todo es un día tras de otro. Si hemos pasado del “nadie se va a quedar atrás” a ver cómo tanta gente se queda fuera cada día. Sufrimos un distanciamiento afectivo que es como la canción de Alarma “Estoy ardiendo y siento frío...”

Hoy me perdonarán, porque yo que soy optimista y vital por naturaleza, a veces, en vez de colores sólo veo una escala de grises. No sé si será porque ayer fue el día de la marmota y por eso tuve la sensación de estar viviéndolo demasiados días seguidos. Pero bueno, vamos a terminar con un poco de color, si no con el arcoíris entero, al menos con el verde, que es el color de la esperanza, esa que tanto necesitamos y que tanta falta nos hace. Esa que ahora más que nunca no podemos perder.

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