Edita: Cantabria Ediciones On Line 24 horas. Director: José Ramón SAIZ FERNÁNDEZ
Diario Digital controlado por OJD

LA ULTIMA MANIOBRA DEL CIS DE TEZANOS

Por ENRIQUE GOMARIZ

Enviar a un amigo

Dos temas interesantes presenta la reciente encuesta del CIS sobre la intención de voto en las elecciones del 4-M en Madrid. El primero, que, al contrario del resto de las encuestas realizadas al respecto, el bloque de izquierdas obtendría más votos que el de derechas (algo que sucede en las encuestas del CIS desde que Tezanos encabeza la institución, provocando algunos errores gruesos, como el que sucedió en Andalucía). De este modo, si el promedio de las encuestas restantes sitúa a las izquierdas en torno a un 48% del posible voto, frente al 52% restante del otro bloque, en la encuesta del CIS sucede lo contrario. El segundo tema de interés, es que, pese a lo anterior, la estimación de escaños muestra un sonoro empate a 68 parlamentarios regionales por ambos bandos.

Ha sido este segundo asunto el que ha levantado las sospechas de la mayoría de los profesionales en demoscopía. ¿Como es posible que, con esa superioridad de votos, el bloque de izquierdas no supere también en escaños al otro bloque? La proyección matemática indica que las izquierdas alcanzarían los 70 escaños, mientras la derecha lo haría con 66 asientos. ¿Cómo ha estimado el CIS de Tezanos ese raro número de parlamentarios? El inefable presidente del CIS lo ha explicado en Televisión Española, durante el programa La Noche en 24 Horas: muy sencillo, hay que distinguir la estimación de votos de la correspondiente a escaños. La estimación de cada ámbito tiene parámetros diferentes.

Ante esta innovación sorprendente, que rompe la relación lógica entre caudal de voto y estimación de asientos, las sospechas de los profesionales se han multiplicado. ¿Cuál es la causa de esa diferenciación forzada que realiza Tezanos? ¿Cuál es su motivación?

Como mencioné en una nota anterior, conozco al personaje desde hace tiempo, incluso tuve la oportunidad de debatir alguno de sus artículos en la revista Sistema. Por eso, no me extraña su actitud militante y tampoco su confianza en la astucia de corto alcance. Está convencido de que un buen fin (la hegemonía de la izquierda) justifica los medios sutilmente tramposos. Y confía en que nadie se dará cuenta de sus sagaces maniobras.

Pero en esta oportunidad ha logrado superarse a sí mismo. Así, sobre la base de su acostumbrada cocina de intención de voto siempre favorable a la izquierda, se enfrentó a una evidencia: no podía proyectar sin más el número de escaños. En primer lugar, porque eso destacaría mucho su distancia del resto de las encuestas y, sobre todo, podría desmovilizar aun más al voto socialista. Así que optó por fabricar un empate alentador, que de la impresión de que todavía hay mucho partido en la contienda electoral de Madrid.

Porque si algo queda claro en la encuesta es que el voto del bloque conservador parece mucho más movilizado que el bloque opositor. Por eso, de inmediato, el candidato socialista, Ángel Gabilondo, tomó al vuelo la prometedora idea del empate en su discurso y lo ha repetido con insistencia desde la publicación de los resultados de la alentadora encuesta del CIS.

Sin embargo, la apuesta del CIS de Tezanos tiene una dosis importante de riesgo. Desde luego, representa un acicate para la participación de los votantes de izquierda, que se desprenderían de la sensación de perdedores que les induce el resto de las encuestas, pero también de su extremo opuesto, de que ganarían fácilmente la contienda, si ya tuvieran asegurados 70 escaños. Así que la fabricación del empate era la mejor solución, sobre todo para los intereses socialistas. Pero esa igualada también puede asustar al votante conservador, que se sentiría menos seguro de una cómoda victoria electoral y acentuaría su decisión de salir a votar. Resulta difícil aventurar el efecto final de este supuesto empate. Lo que ha quedado claro es que Tezanos sigue siendo capaz de llevar a cabo groseras maniobras en la intimidad de su cocina, a la espera de que no se noten demasiado. Al hacerlo, nos está llamando idiotas al resto de la ciudadanía.

Otros artículos: