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INTERPRETACIONES DOLIENTES SOBRE LOS RESULTADOS DE MADRID

Por ENRIQUE GOMARIZ

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Del previsible empate del CIS de Tezanos a la derrota estrepitosa de la izquierda apenas han pasado tres semanas en la Comunidad de Madrid. La victoria de Diaz Ayuso ha sido tan rotunda que ella sola ha conseguido más escaños (65) que todas las fuerzas de izquierdas juntas (58). Se dice pronto, pero como repiten en el PSOE de Madrid: “esto ha sido una catástrofe”. No obstante, las interpretaciones sobre el resultado y sus efectos parecen no querer abandonar la crispación de la campaña. Cada bando hace las afirmaciones más categóricas: para el PP de Ayuso ya ha comenzado la remontada que les llevará a corto plazo a la Moncloa; para Sánchez es sólo un tropiezo, menor, en todo caso, que el que tuvo el PP en las elecciones autonómicas de Cataluña. Y en medio de estas interpretaciones polarizadas, toda una serie de observadores que hacen lecturas dolientes del resultado electoral en Madrid.

El analista demoscópico del diario El País, Kiko Llaneras, dice que han sido “unas elecciones hiperbólicas que sorprenden en la dirección prevista”. En el fondo, lo que quiere decir es que, pese a que todas las encuestas apuntaban en una misma dirección (rotunda victoria de Ayuso), él se resistía a creerlo y esperaba el aparecimiento de algún milagro para que lo previsible no sucediera. Por eso la confirmación del éxito de Ayuso le “sorprende”.

Otro que no puede ocultar su amargura al escribir sobre los resultados electorales es Enric Juliana, director adjunto de La Vanguardia, quien los caracteriza así: “El proyecto de reunificación de la derecha alrededor del Partido Popular, tan ambicionado por José María Aznar , da un paso adelante”. Y cuando da cuenta de la liquidación del liderazgo político de su protegé mediático dice lacónicamente: “Iglesias salva los muebles de Unidas Podemos y abandona la política, un año y cinco meses después de haber logrado forzar al PSOE a formar gobierno en España con los sobrinos herederos del PCE”. Juliana arrastra los pies mientras informa.

Lo cierto es que, como un eco de las mentiras y exageraciones de la campaña, la interpretación de sus resultados no es menos hiperbólica. Pero todo es falso: el mantenimiento de Ayuso en la presidencia de la Comunidad de Madrid no significa el asentamiento del fascismo, ni el comunismo hubiera llegado si hubiera ganado la izquierda. El cuentista Iglesias ha inventado otro relato oscuro: Ayuso es el trumpismo con faldas. En Madrid se ha desatado una oleada de derechas que aplastará la democracia. La educación y la sanidad serán destruidas en meses, al tiempo que las personas mayores verán recortadas sus seguros y pensiones. Afortunadamente, se ha dado cuenta de que su presencia desata el rechazo, y no quiere ser una remora para Podemos y decide dimitir de todos sus cargos y abandonar la política.

Estas interpretaciones apocalípticas no resisten la menor prueba de la verdad. Los próximos dos años de gestión del gobierno corresponderán a los de una campaña electoral para las elecciones siguientes y Ayuso se cuidará muy mucho de hacer nada que sea muy neoliberal y privatizador. Tampoco es cierto que la victoria de Ayuso, que tiene indudables efectos sobre la arena nacional, predetermine la caída del gobierno de Sánchez a corto plazo. Como se repite estos días, Madrid es España, pero España no es Madrid.

Es cierto que Ayuso consiguió casi todos los objetivos que pretendía: fagocitó a Ciudadanos y bloqueo el ascenso de Vox. Pero ese no es un espejo donde se quieran mirar los gobiernos de Andalucía o de Castilla-León. El efecto de la victoria de Ayuso no cambiará mucho el mapa político español a corto plazo. NI el triunfalismo del PP, ni el pesimismo tremendista de sus opositores modificarán por ahora la vida cotidiana de los habitantes del foro, como diría un castizo. Luego, todo se andará.

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