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UNA HONDA EXPANSIVA

Por GABRIEL ELORRIAGA

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Sobre el triunfo incontestable de Isabel Díaz Ayuso en Madrid se ha oído decir que no es extensible al conjunto de España porque Madrid es diferente o peor, un feudo de la derecha. Como si Madrid fuese un poblado compacto, una reserva étnica o una selección programada de inmovilistas. Nada de esto es cierto. Madrid es una comunidad abierta a la emigración, poblada por personas de todas procedencias e ideas, con un dinamismo social más ágil que cualquier otra parcela del territorio nacional. No es una sociedad uniforme ni un mapa político homogéneo. Los distritos que componen la capital y los municipios de la provincia son diferentes entre sí. Hay bastiones de la izquierda y de la derecha. Basta con ver los resultados de anteriores comicios o de las elecciones generales.

Lo que hace extensible al triunfo del PP en Madrid no es la consolidación y crecimiento de sus tradicionales caladeros de votos si no su mayoría en todos los distritos de la capital y los pueblos de la Comunidad, muchos de ellos con población superior a muchas capitales de provincia y vinculados al trabajo industrial. En Madrid se hablaba de cinturón rojo, de barrios deprimidos y de urbanizaciones privilegiadas. Había de todo, pero todo coincidió en una mayoría que dejó a la izquierda como una minoría dividida y mal avenida.

La izquierda gubernativa dejó a Gabilondo con 24 escaños, como tercer partido de la Asamblea, superado por “Más Madrid” un partido local. La izquierda coaligada quedó en el furgón de cola y con un exvicepresidente segundo del Gobierno fuera de juego. Ciudadanos sin representación y Vox resistente en su presencia modesta. Ayuso ha hecho explotar una bomba expansiva que no puede medirse antes de tiempo pero que, sin duda, va a desestabilizar los planes de Pedro Sánchez de mantenerse en la Moncloa a base de compromisos con elementos tóxicos e inseguros del paisaje político. La onda expansiva aún no ha llegado a todos los rincones de la Nación, pero va a llegar inexorablemente. Se huele en las mesas de tablones de esas tabernas que menospreció el amnésico señor Tezanos, que ya no se acuerda de que aún está abierta la taberna madrileña Casa Labra donde se fundó un socialismo que aún era obrero y español. Ya decían los clásicos versos populares:

“Si es antigua o es moderna

¡Vive Dios que no lo sé!

Pero ingeniosa si fue

La invención de la taberna”

Pero los excelsos cerebros socialistas perseveran en el error. Carmen Calvo dice que para ellos es difícil hablar de “cañas y berberechos”. Se creen superiores a la gente vulgar y que Isabel Díaz Ayuso es un fichaje extravagante del PP que les ha vencido circunstancialmente. No detectan, o no quieren detectar, que Ayuso es el icono expansivo y contagioso de la rebelión del pueblo entero contra el socialismo de Estado.

El impostor

La política atrae a los impostores como el fuego a las mariposas. El conocido como pequeño Nicolás se quemó con solo simular ser agente del CNI y enlace con la Casa Real. El gran Pablo Iglesias llegó a vicepresidente segundo del Gobierno con silla en la comisión de control del CNI. Es curioso el atractivo que provoca el CNI a los impostores. Pablo Iglesias comenzó impostándose como una versión de Hugo Sánchez a la española, con la dificultad de que aquel era militar y este profesor interino. Recolectó una cosecha de votos anticasta a base de coleta y asambleas. Se encontró con un aspirante a gobernar escaso de escaños, pero sobrado de ambiciones y pudo vender su mercancía parlamentaria por una vicepresidencia carente de operatividad. Pudo hacer ministra a su pareja y cambiarse de casa a Galapagar con guardia de seguridad oficial y banda de confianza de macarras. Pero el vuelo de las mariposas es breve. Ha sido corta la permanencia en las instituciones del Estado de esta especie de Chaves en zapatillas y con moño.

Lo que gusta a los impostores tanto como la política es la televisión. Salir en la Tele, aunque sea como “Influencer”, es revolotear en torno a la luz de las pantallas. De ahí que haya pensado en combatir a la casta y redimir a “la gente” en una cadena comercial y seguir amasando un patrimonio con cargo al capitalismo audiovisual. También puede ser un vuelo breve. Sobre todo, si ha de basarse en fingir una lucha contra un fascismo desaparecido desde un comunismo aburguesado. Es una fórmula de picaresca estrafalaria para el siglo XXI. Quizá su expulsión de las instituciones le sirva para retornar a su monologo cansino de viejo tuno de pandereta. Ayuso lo ha desplazado al grupo de percusión. España le agradece haber descabezado a un partido neocomunista financiado con las propinas de las peores tiranías del mundo.

La izquierda antisanchista

Quisieron movilizar a la izquierda contra un fascismo inexistente y crearon una izquierda antisanchista. No quiere decir que Mónica García sea un producto de la animadversión contra Pedro Sánchez, sino que, objetivamente, es un partido local no comprometido con la coalición gobernante. La coalición es PSOE y Podemos y ha quedado coja con la retirada de Iglesias. No será tan tonta Mónica García como para hacer de muleta para ayudar a caminar al renqueante Sánchez. “Más Madrid” nació porque “la gente” de la que presumía Pablo Iglesias, no quiso amargarse con la sombra de candidatos interpuestos por la coalición gobernante. Esa “gente” no son la suma de ministros, ministras y ministres, Secretarios de Estado, asesores y demás personal de escolta y aplausos del sanchismo, sino una suma de individualidades que se llaman Pilar, Juan, Marisa, Antonio, Isabel y Matías, a quienes no se puede engañar indefinidamente con las mismas recetas que fueron progresistas en la época de nuestros abuelos.

“Mas Madrid” es hoy el segundo partido de la Asamblea madrileña en número de votos y, por tanto, Mónica García la jefa de la oposición a Ayuso y al Gobierno. Si los socialistas han encajado mal la tunda que les ha propinado Ayuso aun han asumido peor el ajustado “sorpasso” que les ha propinado Mónica García. Si quieren salvar el futuro del secular partido fundado en una taberna, deben ir pensando que PS solo es el partido de Sánchez. Un globo pinchado. Para inflar otra vez al PSOE va a ser necesario soplar mucho durante mucho tiempo. Por ahora la llave para abrir la Moncloa la tiene Isabel Díaz Ayuso en el bolso.

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