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15-M: DE LA PROTESTA INDIGNADA AL MADRID DE AYUSO

Por ENRIQUE GOMARIZ

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Tengo que reconocer que me ha producido una enorme sorpresa la confusión que ha rodeado la memoria del décimo aniversario del movimiento 15-M en España. En medio de sentimientos encontrados, destaca la simplificación que hacen tanto los partidarios nostálgicos como los detractores rencorosos de un movimiento social tan rico y complejo. Porque el 15 de mayo de 2011 fue un crisol donde se fundieron la respuesta airada frente a la crisis económica iniciada el 2008, el malestar civilizatorio, la insatisfacción con el sistema de partidos existente, el recambio generacional, por citar sólo algunos de los componentes del movimiento que llenó aquel día la Puerta del Sol, provocando imágenes que dieron la vuelta al mundo.

Un primer aspecto que facilita salir de la confusión refiere a la necesidad de distinguir la protesta de la propuesta. Un movimiento puede tener sólidas bases justificativas para iniciar una protesta, pero contener propuestas de solución que sean simples, borrosas o incluso disparatadas. Un ejemplo cercano lo proporciona el movimiento de los chalecos amarillos en Francia, famoso por la impronta de su protesta. En el caso del 15-M fue mucho más fácil apreciar la protesta indignada y su organización que reconocer con claridad las propuestas consistentes de solución. Un movimiento que coreaba “¡No, no nos representan!” parecía aludir a un cambio en el sistema político representativo. Pero cuando se buscaba cual era la solución alternativa, la organización que lideraba este tema (Democracia Real Ya) planteaba un sistema de democracia directa que partía de la asamblea de barrio, que derivaba en la asamblea de ciudad y luego en la de la comunidad autónoma hasta llegar a la asamblea nacional. Es decir, el retorno al asambleísmo orgánico, muchas veces propuesto en la historia del país (la última vez por la CNT), que supone, en realidad, la ruptura del sufragio universal y la democracia más indirecta que pueda imaginarse. Es decir, del clima emocionante de reunión espontánea de la protesta, salía una propuesta inconsistente, cuando no retardataria.

Pero creo que el mayor error político del 15-M guarda relación con su orientación contraria a la transición. La crítica exaltada al espíritu de la negociación entre sectores de españoles que permitió la transición pacífica a la democracia, mostró algunos defectos congénitos del 15-M. Por ejemplo, el adanismo de unas generaciones que no habían nacido o era infantes cuando se produjo la transición. Para ellos y ellas, el 15-M era su primera experiencia de participación en una movilización masiva para cambiar el mundo. No puede, pues, extrañar que entendieran ese momento como el inicio fundante de una verdadera transición. Además, como ha reconocido Errejón: “Con treinta años, a veces te crees que has inventado todo”. De las enormes movilizaciones contra el franquismo y durante la transición, estos jóvenes no guardaban memoria existencial alguna. Lo que sí consiguió el 15-M fue sacar del apoliticismo a una generación que se había sumergido en el consumismo y la juerga nocturna como signos del éxito personal, muy alejada del sentimiento de pertenencia comunitario. Y esa experiencia de participación en lo colectivo resulta difícilmente olvidable.

Sin embargo, tampoco hay necesidad de adjudicarle al 15-M frutos que no son de su árbol. Por ejemplo, hay quienes consideran que todas las fuerzas que rechazaban el bipartidismo proceden del 15-M. Y entender un partido de centro como Ciudadanos como producto del espíritu de aquel movimiento parece una deducción halada de los cabellos. Algo que guarda relación con las exageraciones sobre la dimensión del 15-M, que se hicieron entonces y ahora se repiten. No hay ninguna duda de que fue un movimiento social masivo, pero no por eso dejó de ser minoritario en el contexto del conjunto de la sociedad española. Una gran cantidad de seguidores de los grandes partidos mayoritarios lo observaron desde fuera con curiosidad, cuando no con reticencia o rechazo.

Sin embargo, el movimiento de mayo sí puede considerarse como el origen de una nueva fuerza política, Podemos, que tendría efectos importantes en el escenario político e institucional. Ahora bien, buena parte de los participantes en las plazas no estuvieron de acuerdo con esa conversión en partido político. Incluso algunos, a la vista de la crisis actual de Podemos, agudizada por el abandono de su líder, Pablo Iglesias, de la vida política, confirman hoy que fue un error el paso de movimiento a partido y más aun la alianza con los herederos del partido comunista.

En lo que coinciden una gran cantidad de observadores y antiguos participantes en el 15-M es en que los indudables efectos que tuvo el 15-M en la vida política nacional, no han cambiado mucho las condiciones desfavorables en que viven los jóvenes españoles. Es cierto que, después de la crisis económica iniciada el 2008, les cayó encima la pandemia por la COVID-19, pero lo cierto es que en cuanto a lograr un cambio en la situación concreta de los jóvenes, el 15-M no fue precisamente un éxito.

Por esa razón, muchos de los que participaron en el movimiento de aquel mayo de 2011 se preguntan hoy si mereció la pena. La encuesta de NC Report, realizada al respecto, refleja que un 58% de los encuestados opinan que el 15-M no mejoró la vida de los españoles y el 62% de los que salieron esos días a protestar hoy no estarían dispuestos a participar de nuevo en la movilización. Pareciera que un grupo mayoritario de los participantes en la protesta se muestra hoy desencantado, frente a un sector minoritario que manifiesta estar agazapado y dispuesto a salir a las plazas si se presentara de nuevo la ocasión.

El otro asunto que causa extrañeza es como la memoria del 15-M aparece desconectada de la situación política actual en lugares tan sensibles como Madrid. ¿Existe o no alguna conexión entre la Puerta del Sol llena de manifestantes hace diez años y el Madrid azul que ha votado masivamente a Isabel Diaz Ayuso en las recientes elecciones de la Comunidad? Más aún: ¿Cuántas de las personas que participaron en el 15-M han votado a favor de Ayuso?

Hace falta mayor investigación precisa, pero no hay que descartar que un apreciable segmento de los manifestantes de aquel mayo haya dado hoy su voto a Ayuso, aunque es seguro que también muchos de ellos hayan aumentado los cauces electorales de Mas Madrid. En todo caso, no hay duda de que la abrumadora victoria de Diaz Ayuso se orienta en sentido claramente contrario al del movimiento que llenó la Puerta del Sol hace ya diez años. Algo que no parece referirse a lo justificado de aquella protesta, sino más bien a la falta de rigor de sus propuestas.

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