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¿INDULTO O INSULTO?

Por Ramón Arenas San Martín

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El Indulto consiste, sencillamente, en perdonar parte o toda la pena del condenado después de una sentencia firme. El insulto, en este caso, consiste en el sentimiento de ofensa y humillación que sentimos millones y millones de españoles al querer indultar a unos condenados que ni siquiera se han arrepentido de sus delitos.

Parece que Pedro Sanchez desea emular a D. Quijote de la Mancha cuando liberó “por la fuerza de su brazo y espada” a los facinerosos y delincuentes encadenados que se encontró de camino.

Sancho Panza en aquella ocasión también manifestó su queja, diciendo que “el que hizo esa fazaña (liberar a los presos)  fue mi amo, y no porque yo no le dije antes y le avisé que mirase lo que hacía, que era pecado darles libertad, porque todos iban allí por grandísimos bellacos”.

D. Quijote le insultó y descalificó su razones: “Majadero, a los caballeros andantes no les toca ni atañe averiguar si los afligidos, encadenados y opresos que encuentran por los caminos van de aquella manera o están en aquella angustia, por sus culpas, o por sus desgracias; sólo le toca ayudarles como a menesterosos, poniendo los ojos en sus penas, y no en sus bellaquerías. Yo topé un rosario y sarta de gente mohína y desdichada, y hice con ellos lo que mi religión me pide, y lo demás allá se avenga; y a quien mal le ha parecido, digo que sabe poco de achaque de caballería, y que miente como un hideputa y mal nacido; y esto le haré conocer con mi espada, donde más largamente se contiene”

Hoy, a través de estos indultos, veremos cómo choca y colisiona el espíritu caballeresco que anida en todos los españoles,  con el más ruin y desvalido género picaresco, que, por el contrario, narra la vida y desventuras de un pícaro, inmerso siempre en estado de deshonor por el que pasa a la historia.

Entre Don Quijote de la Mancha, liberando a los reos, y D. Pedro Sánchez, concediendo los indultos, existe una clara diferencia, Don Quijote se guía por la coherencia de sus “nobles acciones”, las cuales le impulsan en su locura y desatino a la búsqueda del bien de sus semejantes, además, movido siempre por el amor.

Sánchez, por el contrario, se mueve e impulsa por la incoherencia y la contradicción; basta recordar cómo hace muy poco aseguraba públicamente que había que acabar con los indultos políticos y que sentía vergüenza por ello, pidiendo perdón por los indultos que había concedido  el PSOE.



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