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LA CAMPAÑA PRE-ELECTORAL DE 2022

Por GABRIEL ELORRIAGA

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El año 2022 se presenta con citas electorales en dos grandes territorios: Castilla y León y Andalucía. Los dos con pronósticos favorables al Partido Popular, tanto por merecimientos propios como por el desgaste del sanchismo y el descrédito personal de Pedro Sánchez. Pero los pronósticos favorables serán medidos según el grado de éxito relativo que alcance el PP. Castilla y León se ha precipitado en una convocatoria anticipada, mientras que en Andalucía han dejado transcurrir los tiempos con más cautelosa parsimonia. Porque como se dice vulgarmente: Las elecciones las carga el diablo. Lo probable es que el diablo no las cargue en ningún caso a favor de Sánchez, pero sí entra en lo posible que no las cocine a gusto de Casado. Hablamos de unas elecciones autonómicas, no de la batalla final entre PSOE y PP, pero que serán un anticipo de la capacidad de concentrar el voto a favor de cada cual y su capacidad de coaliciones, alianzas o contraprestaciones entre unos y otros para consolidar gobiernos.

Pablo Casado da la impresión de que ha creído que las encuestas que auguran una tendencia de voto favorable a su partido equivalen a su reto personal y no a la armonía interna de su partido y su capacidad de entenderse con posibles aliados. Pedro Sánchez lo tiene claro en este sentido: sus potenciales aliados son todos aquellos contrarios a un Gobierno de centro-derecha. Da lo mismo que sean comunistas, separatistas o exterroristas. Incluso le valdrán los localismos que puedan originarse con la fórmula de la España vacía si logran alguna influencia unos micropartidos capaces de venderse por una obra menor. Todo vale si es bueno para el convento, como decía aquel fraile de la caricatura que cargaba con una prostituta. No vamos a poner esta conducta cínica de Sánchez como ejemplo. Pero, al otro lado habría que contar con todas las concurrencias que coincidan en la unidad de España, la lealtad a la Constitución y una ética humanista, para liberar a España de la incongruencia sanchista. Es un riesgo peligroso pensar que en la polarización que sufre España últimamente el Partido Popular está en condiciones de vencer a Sánchez y su ilimitada comparsa desde la soledad, sin aliados, sin condescendientes y sin la suma de todos los valores internos de su propio partido. Jugar el encuentro con limitaciones previas puede ser muy peligroso en Castilla y León, donde se parte de dar por bueno que Ciudadanos es un partido en extinción y que los nuevos localismos que asoman la oreja por Soria, Burgos y Palencia no puedan tener algún resultado imprevisible. La tesis de Alfonso Fernández Mañueco de solicitar el voto para alejar el sanchismo en solitario no deja de ser una imprudencia innecesaria.

Esta confrontación castellana convocada para el segundo mes del nuevo año está diagnosticada por las encuestas previas pero no se sabe si este diagnóstico será el mismo con la presencia excepcional, es decir sin primarias, de Francisco Igea irritado y la imprevisible presencia de futuribles partidos provincialistas. A estos imponderables hay que añadir los pronósticos de una notable ascensión de VOX que, sin llegar a forzar una coalición, sí parece que será suficiente para que haya que establecer algún tipo de acuerdo programático si es necesario contar con una presencia que las mismas encuestas señalan como una subida de uno a diez procuradores. Estas perspectivas hacen suponer la conveniencia de mantener relaciones de complicidad con todos aquellos futuribles coincidentes en la necesidad de terminar con la componenda monstruosa que fue adjetivada, desde su inicio, como la fórmula Frankenstein. ¿Es que va a ser más difícil unir a los cercanos que vencer a una izquierda desnaturalizada aliada con todos los enemigos de la integridad de España y de su Constitución?

El objetivo de un Partido Popular potente en 2022 que pueda perfilarse tras este año de precampañas autonómicas no puede consistir en anular al decadente Ciudadanos, en el estancamiento de VOX y en el fracaso de los localismos y que solo sirva ese triunfo excluyente que algunos creen que puede restar brillo al carisma de Isabel Díaz Ayuso que no es el mismo que el de los actuales presidentes de Castilla y León y Andalucía. Habría que pensar más en el crecimiento de VOX como hermano separado, que es la muleta más probable en que tendrá que apoyarse un Partido Popular cuyo liderazgo actual aún no está plenamente consolidado en la opinión. Imaginar como relato previo el contraste entre la debilidad de Santiago Abascal y la fortaleza de Pablo Casado es una visión mezquina. Ni VOX va a diluirse, ni la amortización absoluta de Ciudadanos está garantizada, ni Francisco Igea será un candidato silencioso, como tampoco es un hecho demostrable que las agrupaciones de lectores de la España vaciada vayan a fracasar por su estrecho localismo. “Soria ¡Ya!” llegó al doble de las firmas necesarias para poder presentarse a los comicios en hora y media a pie de calle. No sabemos las posibilidades de medio centenar de asociaciones que se mueven en Burgos con la tesis de “que las decisiones de Burgos se tomen en Burgos”. Y tampoco sabemos si puede prosperar “Palencia existe”. La guerrilla contra VOX y el distanciamiento con Díaz Ayuso no son el camino para vencer a Sánchez sino las consignas de Sánchez para capitidisminuir los pronósticos favorables al PP. Solo una asesoría estúpida puede aconsejar a Pablo Casado este camino para la resurrección de Frankenstein. En estas fechas es preciso contar con todos los elementos asumibles del centro-derecha para acabar con la conchabanza sanchista. Es evidente que habría que ponerle sal al guiso y superar una engañosa soledad sin carisma.

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