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DESPEDIDA Y CIERRE, FELIZ 2022

Por ESTHER RUIZ

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Último día del año, últimas horas para despedir un año que empezó con nieve y termina con sol. El año de las vacunas y no por eso el año del fin, como nos hicieron creer…

Después de un 2020 en el que nos robaron tantas cosas, tantos besos, tantos abrazos, tantos planes y tantas vidas, creíamos que 2021 nos los iba a devolver y que, lo que en otro tiempo considerábamos normal, se iba a convertir en maravillosamente extraordinario. Nos dejaron alarmados hasta mayo prometiéndonos que a partir de entonces acabaría todo, incluso nos dijeron por decreto que todo sería nuevamente normal.

Nos volvimos a creer libres, dueños de nuestro tiempo, de nuestros planes, de nuestra agenda, de nuestra vida… Y de repente, la realidad volvió a zarandearnos. Creíamos que ya había pasado y sin embargo, el virus vino a decirnos que no deja de pasar, que ha venido para quedarse, que estamos en Ómicron y que aún nos queda mucho alfabeto para llegar a Omega, ojalá y de verdad ese sea el fin.

Termina un 2021 en el que asaltaron el corazón de la democracia. Salimos corriendo de Afganistán y parece que olvidando lo que dejamos allí. Los cubanos hartos de patria y muerte se tiraron a la calle gritando patria y vida. Europa se inundó y despedimos a Merkel y con ella el fin de una era… Nuestras fronteras se vieron atacadas en una invasión sin precedentes en la que solo Luna puso luz. La Naturaleza nos hizo felices por unas horas con Filomena para después helarnos la sonrisa y se rebeló vomitando con furia la lava de un volcán, arrasando todo lo que encontraba a su paso en la Isla bonita. Un niño de 5 años fue el símbolo del “basta ya” en Cataluña y el recibo de la luz nos dejó arruinados. Las ansias de “libertad” se llevaron por delante a un vicepresidente del gobierno y los conmigo o contra mi se hicieron más patentes que nunca.

Con el adiós a Franco Battiato perdimos el centro de gravedad permanente y nos explotó el corazón al despedir a Rafaela Carrá. La canción del verano se quedó huérfana sin Georgie Dann y Lulú será eterna en memoria de una Grande, Almudena. La tierra quedó abatida llorando por Santana y las risas del cine enmudecieron al apagarse las sonrisas de Quique San Francisco y Verónica Forqué…

Demasiadas despedidas, como tantas otras que se fueron por culpa del virus. Personas que no son simples números en una estadística, entre ellas, mi querido, admirado y añorado Federico Sánchez Aguilar.

Pero también volvieron los viajes con un nuevo pasaporte, las barras, los planes, los reencuentros, las quedadas, las noches hasta las tantas… Los colegios, las oficinas, los cumpleaños, las reuniones fuera de pantalla… Las calles, los conciertos, los cines, los teatros, el fútbol… Volvieron los abrazos, los besos, la piel y hasta las sonrisas desenmascaradas.

Mi balance de 2021 es positivo, primero porque es un año más vivido y tal y como están las cosas, es de agradecer y también, porque aun habiendo muchas lágrimas, han sido más las risas. He vivido decepciones, de las mayores de mi vida, pero han podido más las lealtades. Heridas abiertas pero sanando, el tiempo no cura, pero cicatriza. Y sobre todo, ha sido un año lleno de amor, de cariño del bueno, del de verdad, en el que he comprendido la enorme diferencia entre ser y estar. En el que supe que es mejor tener alas que pies y que los finales son nuevos principios. Un año de momentos tan felices, que solo los puedes soñar si estas despierta, en el que me he sentido enormemente afortunada e inmensamente agradecida

Les deseo un 2022 lleno de ilusión, de salud, de esperanza, de risas, de ganas, de amor… Libre de miedos y sufrimiento. Un año que no pase por ustedes sino ustedes por él, en el que sean lo que quieran ser y que por encima de todo, lo vivan poniéndole vida a cada día.

¡FELIZ AÑO NUEVO!

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