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LA SONRISA DE VERA

Por ESTHER RUIZ

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Estamos tan acostumbrados a malas noticias, a insultos, a mentiras, a las desgracias, a la fealdad, al ruido… que cuando vemos algo bonito, conmovedor y emocionante de verdad nos pasa desapercibido.

Hace unos días veía en Twitter el vídeo de una niña cantando un villancico con una preciosa sonrisa y una mira dulce, alegre y llena de vida. De una vida que le fue arrebatada cuando tenía toda ella por delante, cuando lo que le esperaba era vivir y no morir. Su padre, Iván Pérez, escribió un mensaje absolutamente conmovedor: “Tengo 4 años y me despido del mundo de forma trágica e injusta. Gracias por la fuerza que me habéis dado y el cariño a mis papás y tetes. Y a los 5 amiguitos a los que ayudo a vivir con mis órganos, sed tan felices como he sido yo. Os dejo mi sonrisa para que no desaparezca. VERA”.

Vivimos en una sociedad cada vez más individualista incluso egoísta y muchas veces, no nos deja ver que también hay gente buena. Esa gente que no hace ruido pero que con un solo gesto te deja sin palabras y te reconcilia con el mundo, que te ayuda a no perder la esperanza, que te hace volver a creer, a confiar… No puedo ni imaginarme el dolor de esa familia, de esos padres que mirarían a su niña y la verían como su ángel, un ángel a quien cuidar y no un ángel al que rezar para que cuidara de ellos.

Y de repente su niña, esa niña que saltaba feliz en un castillo hinchable ilusionada con la llegada de los Reyes Magos pierde la vida. Y sin poder hacer nada, sin poder asimilarlo ni tan siquiera creerlo, esos padres dejan de lado su dolor, su rabia, su impotencia y hacen el acto más desprendido y lleno de amor que puede existir, donan sus órganos para que no haya cinco ángeles más en el cielo sino en la tierra. Cinco niños que podrán vivir gracias a la generosidad infinita de unos padres rotos que desearon por encima de su tristeza que la felicidad de su hija viviera en otros niños.

Vera estará siempre en su recuerdo, en sus vidas, en sus corazones y además, gracias a su generosidad, en otras vidas y en otros corazones. Gracias Iván por compartir vuestro acto de amor, por ser tan buena gente y por hacernos mejores. Todo mi cariño, agradecimiento y admiración. Vuestro ángel se fue injustamente, cuando no le tocaba, pero tuvo la inmensa fortuna de elegiros como padres.

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