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MUERTE EN EXCESO

Por ESTHER RUIZ

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Teníamos ganas de salir, incluso de salir y no entrar. Puentes con datos históricos, Semana Santa a niveles de antes de la pandemia, la Feria de Sevilla con un lleno que ni se recuerda y las calles llenas de gente desenmascarada sintiéndose libre, como si en vez de las mascarillas les hubieran quitado las esposas.

Han sido dos años robándonos planes, viajes, momentos, recuerdos, encuentros, fiestas, tradiciones, graduaciones, cumpleaños, aniversarios, bodas, comuniones, galas… y lo peor, arrebatándonos personas escondidas en frías estadísticas. Hoy nos enteramos que lo que creíamos que eran 6,2 millones de decesos por covid notificados oficialmente a la OMS por sus 194 países miembros, ahora son el doble, cerca de 15 millones de muertes asociadas a la pandemia, es decir, tres veces más. Y muchas de ellas se produjeron porque los sistemas sanitarios se vieron desbordados y no se pudieron atender otras enfermedades.

Posiblemente esta noticia pase desapercibida porque ya no queremos oír hablar de pandemia ni de coronavirus ni de enfermedad ni de nada que nos haga recordar que, hace poco más de dos años, descubrimos que la globalización no solo era comprar desde tu casa en otro lado del mundo, sino que también suponía que desde ese lado del mundo, un virus llegara a tu casa. Y parece que ha pasado una eternidad incluso que no ha pasado… y que ya no hay que agradecer ni aplaudir a esos sanitarios que hoy vuelven a trabajar en precario, cuando habría que dignificar más que nunca su profesión no con vítores, sino con contratos y salarios decentes. Necesitamos sistemas sanitarios más fuertes y preparados y para eso, es imprescindible no olvidar…

Me llama la atención esta manera de poner nombre a las cosas “muerte en exceso”… Si nos paramos a pensar, estamos rodeado de exceso de muerte. Muertes que llegan sin avisar y cuando no les tocaba y muertes decididas por alguien que ha decidido matar indiscriminadamente, asolando ciudades y destruyendo vidas. Vidas que ya no volverán y otras que volverán, pero nunca serán las mismas.

Quizás por eso, nos han abierto la puerta y no queremos entrar, porque sabemos que, a pesar de estar rodeados de tanta muerte, estamos vivos y eso lo tenemos que recordar para agradecerlo cada día. Tantas veces nos pasamos la vida sobreviviendo, que ahora somos conscientes de que lo que ya nos toca, es vivir.

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