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DEBATE SOBRE LA MONARQU?A ESPA?OLA

Por BERNARDO RABASSA

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El 30 de mayo, a las 19h., en el Club Financiero Génova, C/ del Marqués de la Ensenada, 14, planta 14º, con el salón repleto de público entre los que figuraban el Rey Simeón de Bulgaria, y otras distinguidas personalidades como María Jesús Prieto Laffargue, Rafael Ansón y un largo etcétera, provocado por el interés del tema, que normalmente se coge con pinzas y que supone un cierto riesgo para los intervinientes en el debate, por tratarse nada menos que de la jefatura del Estado.

Para abordar este tema de gran actualidad se ha celebrado en esta ocasión una mesa redonda con las intervenciones de Luis María Cazorla, Catedrático y Académico y Ex Secretario General del Congreso de los Diputados; Eduardo Serra Rexach, Presidente de la Fundación Transforma España y Ex Ministro de Defensa; y con Rafael Spottorno, Embajador de España y Ex Jefe de la Casa de SM el Rey. Moderó con mucho talento el debate Aldo Olcese, presidente de la Fundación Independiente.

Los tres ponentes son personas altamente cualificadas para tratar de este tema de tanta importancia y que en estos momentos se encuentra en un proceso de transformación y modernización de la Casa Real y la Monarquía española. Según Aldo Olcese el planteamiento de la Mesa Redonda eran preguntas, que nos descubrió al inicio, divididas en tres bloques, el 1º sobre la pertinencia de la existencia de las Monarquías en las democracias Occidentales, el 2º sobre Juan Carlos I Rey emérito, el 3º sobre Felipe VI.

 
 

 

La idea general era debatir libremente sobre los temas entre los ponentes, y terminar con preguntas del resto de la Sala. Evidentemente las respuestas no variaron demasiado de unos a otro, los tres defendían la monarquía en España como la mejor forma de Gobierno para la jefatura del Estado, de modo que no hubo especiales discrepancias, sino puntualizaciones. Saludé a Eduardo Serra, a quien hace muchos años había entregado el premio Jovellanos de la fundación que presidí “Foro Jovellanos” que me reconoció al instante y que estuvo especialmente brillante en sus consideraciones.

Las conclusiones al principio eran obvias, las monarquías son democracia pura y son útiles a sus pueblos, y solo los tontos pueden oponerlas a la democracia, y en nuestro caso, dado el particular escenario en el que D. Juan de Borbón renunció a la corona, traspasándola directamente a D. Juan Carlos I, acto de supremo sacrificio que le convino a la España de Franco, a quien realmente dejó como heredero el propio Generalísimo, naturalmente esto nos llevó a la segunda parte del debate sobre lo que llamaron la época dorada de la Transición en que el monarca no solo quiso implantar la democracia voluntariamente, sino que lo hizo con la habilidad adecuada para que no resultara traumática, y en cuanto ya no fue posible, ocurrió el 23 F, que de haber cuajado hubiera sido el final de nuestras aspiraciones democráticas. Su aparición en TV en uniforme militar poniendo firmes a los generales rebeldes, fue una obra propia de la tragedia en la que nos hubiéramos sumido, a ello hay que añadir los centeneres de viajes en busca no solo de ingresar en la Unión Europea sino en poner la imagen de España tanto a nivel social como económico, como gran embajador de España, que nos trajo un bienestar que jamás había conocido nuestro país, y que no le hemos sabido agradecer, pues su carácter definido como” volcánico”, le llevo a enredarse, tanto en sus amistades personales como en los negocios que le surgieron en este difícil devenir.

Naturalmente cuando la izquierda y el gobierno de turno, ¡coincidió con cinco presidentes!, dice que quieren que, de explicaciones, cuando ha sido considerado por el fiscal general, como inocente o inimputable por la Constitución y con realizaciones ya prescritas. Además de pedir humildemente perdón por haber matado a un elefante, en el transcurso de sus actuaciones en su vida privada, cuajada de líos, como cuando le dijo a Chaves que se callara o su vida personal con ciertos claroscuros, y demandas todavía en curso, que le llevaron a abdicar y según los ponentes cometer el error de ausentarse de España durante dos años, para volver en un episodio innecesario de una cierta frivolidad en una regata en Sanxenxo. Ahora tiene que volver a su casa de donde nunca debió salir.

Respecto a Felipe VI es increíble el meticuloso comportamiento que tiene de su papel como monarca y de la transparencia y dignidad con la que ha conquistado el afecto de los españoles y su critica a los políticos secesionistas de Cataluña que le ha malquistado con una parte irreductible de los catalanes, aunque está recuperando progresivamente la imagen que parecía haber perdido. Es en esta situación en la que el actual Gobierno no le da el papel de embajador que tuvo su padre y que pueden llevarle a la irrelevancia, piénsese que la monarquía es el nº 18 de los problemas de los españoles, por lo que se hace necesario que la sociedad civil, el pueblo en suma, debe entrar como lo hacían los ponentes en el debate del papel del Rey en la España moderna. Esto no acaba de gustarles a la izquierda ni a los independentistas a ni a la extrema izquierda, que siguen clamando como un coro de ranas, pidiendo unas explicaciones que no son pertinentes ni existe una respuesta sensata a tal planteamiento.

Las preguntas se multiplicaron, aunque en realidad ya estaba todo dicho, lo que falta es una reacción de la Sociedad civil que, con organizaciones, como Valents en Catalunya, recuerden al Gobierno que el jefe del Estado merece unas consideraciones acordes on su dignidad de representante de todos los españoles. El responsable es finalmente el actual presidente del Gobierno a quien debería acompañarle el jefe de la oposición, que personalmente creo está por la labor. Un debate que nos supo a gloria bendita y una bocanada de aire fresco que se ha abierto paso en una España enmarañada por los políticos desconsiderados. Ojalá hubiera muchos debates, como el actualmente glosado, por alguien como yo que como liberal siempre he creído en una república constitucional que en nada se parezca a la ignominiosa II República Española. Enhorabuena al presidente de la Fundación Independiente, el genial Aldo Olcese por esta iniciativa.

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