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SOCIALISMO ANDALUZ: DE MANDAR A ESTORBAR

Por GABRIEL ELORRIAGA

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A estas alturas de la campaña andaluza es ocioso hacer cábalas. Los resultados serán, con más o menos variantes, aproximadamente los que anuncian todo tipo de sondeos que pronostican que gana el PP y pierde el PSOE. La proporción que tendrá el resultado depende del genio y duende de los andaluces, capaces de dar sorpresas. La confirmación de la pérdida definitiva del antiguo feudo electoral del socialismo es el anuncio de su futura derrota en las siguientes elecciones generales. ¿A dónde va a ir Sánchez con su partido ideológicamente desnaturalizado que ya no gobierne Madrid, Galicia, Castilla, Murcia y Andalucía ni, desde otro ángulo, Cataluña y el País Vasco? El porvenir es oscuro y el presente catastrófico en política nacional e internacional. Se palpa el miedo en las filas izquierdistas.

En el último debate televisivo vimos seis sosos candidatos de los que dos se sentían satisfechos y cuatro deprimidos. Juanma Moreno con la sonrisa de quien sabe que seguirá gobernando y Macarena Olona mayestática en su confianza de que saldrá mejorada. Los otros cuatro náufragos buscando los tres pies al gato para disimular su propia cojera. Juan Espadas intentando hacer la guerra con cuchillos mal afilados de la cocina de Pedro Sánchez que solo sirven para amenazar al seguro ganador con una pérdida de moderación que dice que le acarreará gobernar con VOX. ¡Aquellos que se apoyan en tardocomunistas, separatistas y terroristas para seguir en la Moncloa poniendo escrúpulos de monja contemplativa a posibles acuerdos postelectorales del que dan por ganador por anticipado! Juan Marín, probablemente un buen hombre, pagando sin merecerlo por mantener el nombre de un partido veleta de quien nadie se fía. Y dos damas de cantera local, Inmaculada Nieto y Teresa Rodríguez, “Por Andalucía” y “Adelante Andalucía”, que parecían las madrinas de dos equipos de fútbol de tercera división regional en riesgo de perder la clasificación.


 

A Juanma Moreno le gustaría poder apañarse solo, sin pactos ni condiciones. Es natural, todos preferirían gobernar a sus anchas. Pero pocas veces es posible. Que se lo pregunten al estratega Sánchez que, en tiempos de guerra, duerme con dos ministras antiotanistas debajo de la cama. Moreno sabe que lo de VOX no es tan malo como dicen los socialistas. Buenos españoles, al fin y al cabo, por mucho populismo con que se adornen. Pero el verdadero pánico inconfesado del socialismo oficial no es que el PP pierda moderación con VOX, sino que las cosas les vayan tan mal a los sanchistas que el PP pueda efectivamente, gobernar en Andalucía sin VOX ni perrito que le ladre. No porque el PP sea más puramente centroderechista sino porque, para que tal suceda, el socialismo andaluz se habrá reducido a mínimos como una cabeza de jíbaro, convertido en grupo testimonial. Un PP gobernando en solitario y con VOX en papel de crítico independiente sería el fin del socialismo como alternativa de Gobierno. Algo así como el socialismo francés, que ya no cuenta en las presidenciales. Un cambio de rumbo histórico que alteraría el esquema bipartidista entre conservadores y socialistas para alumbrar un tiempo a lo norteamericano, entre demócratas y republicanos, aquí entre centrismo y derechismo, dejando en la marginalidad a los rojos harapos de una izquierda neomarxista. ¡No será verdad tanta belleza! Los socialistas, en Andalucía, suspiran para quedarse para… estorbar, que es aquello para lo que sirve la oposición según el concepto sanchista del parlamentarismo, si los compasivos electores le conceden el monopolio del estorbo a los seguidores del inepto estratega de la Moncloa que les está dejando a los andaluces sin amistades en el norte de África, tras sus brillantes aciertos en Marruecos y Argel. Un líder nacional desprestigiado apoyando a un exalcalde de Sevilla despistado.

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