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LA OTAN SE ENROCA EN MADRID

Por ENRIQUE GOMARIZ

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El balance que puede hacerse de la cumbre de la OTAN en su pasada reunión de Madrid ofrece resultados paradójicos. Desde el plano comunicacional aparece como un éxito completo, con una política declaratoria enérgica, que incluso supera el texto del Concepto Estratégico aprobado en la primera jornada. Pero, al examinar esos resultados con mayor detenimiento, se aprecia que han quedado aplazados asuntos nodales para el futuro de la seguridad europea y mundial. Pareciera que se ha puesto el acento en sacar de la reunión un discurso beligerante en el que no caben reflexiones finas ni cálculos a largo plazo. El avance en el campo de batalla sería lo único que cuenta.

Este discurso de guerra se refleja en la política declaratoria que usaron los representantes de la Alianza al concluir la reunión, superando la letra del nuevo Concepto Estratégico aprobado en su sesión inicial. En efecto, en el texto se deja un resquicio de posible relación con Rusia. Pese a considerarla como la principal amenaza, se afirma: “sin embargo, la Alianza permanecerá con los canales de comunicación abiertos con Moscú para evitar riesgos y prevenir una mayor escalada” (parr. 9). Pero los portavoces de la OTAN, al concluir la reunión de Madrid, dejaron claro que el diálogo con Rusia está descartado. Como afirmó su secretario general, Stoltenberg, en la rueda de prensa final: “El dialogo con Rusia no está sobre la mesa, Rusia ha elegido la confrontación”. Parece evidente que la voluntad preferente de la OTAN es mantenerse firme en el conflicto bélico, antes de pensar en una negociación que ponga final a la guerra.



Claro, eso es utilizado fácilmente por el Kremlin para mostrar que “la OTAN ha elegido el regreso a la guerra fría y quiere resucitar el enfrentamiento este-oeste”. Es decir, pareciera que ambas partes, al menos la OTAN y la Rusia de Putin, están completamente de acuerdo en avanzar en la escalada bélica sin pausa. Y que cada parte celebra el discurso confrontacional de la otra parte, para continuar con la guerra. Utilizan a fondo la excusa de que el otro no quiere negociar para evitar poner todo el esfuerzo en insistir en la negociación para parar la confrontación bélica, que causa tantas vidas y tanta destrucción en suelo ucraniano.

Lamentablemente, ese argumento de que no hay que insistir en la búsqueda de una negociación con Rusia porque el Kremlin no la quiere, ha sido adoptado por algunos representantes europeos destacados. Así, la ministra de asuntos exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, del partido verde, ha asegurado que “no es posible ninguna negociación con Rusia, que no está dispuesta a sentarse a la mesa para negociar ningún asunto”. La beligerante ministra podía haber esperado unos días para comprobar cómo están avanzando las negociaciones entre Ucrania, Rusia, Turquía y Naciones Unidas, para dejar salir el grano por los puertos del sur. Pero el fondo del asunto es que ese argumento de que no hay que esforzarse en la negociación porque el otro no quiere negociar, supone la negación de la primera norma básica en toda estrategia de negociación de conflictos. La voluntad de mantenerse dispuesto a la negociación nunca puede depender de la posición del otro. En realidad, cuando no se mantiene esa disposición es una prueba fehaciente de que no se busca esa negociación.

Pero, además, esta pulsión beligerante que surge de la reunión de Madrid deja sin respuesta los problemas de fondo. ¿Cuánto va a durar esta guerra? ¿Hay que prepararse para una guerra de varios años, o como ha dicho el presidente ucranio Zelenski, hay que poner fin a la guerra antes de llegue el invierno? ¿El enfrentamiento con Rusia, como enemigo estratégico principal, se extenderá por buena parte del siglo XXI, o habrá que conseguir algún regreso a un esquema de seguridad en Europa que aleje los vientos de guerra? Esas preguntas, que se hace cada vez más la población de los países europeos han quedado sin respuesta en esta reunión de la OTAN. Es el momento del enfrentamiento ciego, no de hacer reflexiones sofisticadas, parece decir la política declaratoria surgida de la reunión en Madrid. Pero cabe la pregunta de por cuanto tiempo ese relato se mantendrá incólume.

De hecho, las encuestas comienzan a mostrar que la opinión pública europea, después de una oleada de indignación y temor por la invasión rusa de Ucrania, empieza a temer cada vez más a la inflación y a las carencias energéticas por encima del castigo económico y militar a Rusia. Cuando Zelenski dice eso de que hay que parar la guerra antes de que llegue el invierno está pensando precisamente en este previsible giro de la ciudadanía en Europa.

Algo que está produciendo divergencias, por debajo de la mesa, entre la OTAN y la Unión Europea. Eso comenzó a hacerse visible en el desarrollo de la propia cumbre. La prensa había anunciado que el segundo día de la cumbre se iba a emplear en una reunión de confraternización entre la UE y la OTAN. Pero finalmente este encuentro no se celebró, dejando ostentosamente vacío ese segundo día del programa. Al respecto, se había especulado con la llegada a Madrid del alto representante para asuntos exteriores y de seguridad de la UE, Josep Borrell, pero simplemente el alto encargado hizo mutis por el foro. Destaca que solo algunos medios europeos mencionaran esta ausencia, como si hubiera un acuerdo silencioso para no mostrar demasiados flecos que emborronaran el éxito de la cumbre.

No obstante, en varios medios europeos sí ha salido a la luz un punto de discordia entre la UE y la Alianza Atlántica, a propósito de la consideración sobre la República Popular China. La resolución aprobada en su reunión en Madrid hace de China un competidor sistémico y al hacerlo, arrastra consigo a los países europeos de la OTAN, que son casi todos de la UE, a la confrontación estratégica con el país asiático. Pero, como han subrayado muchos observadores, eso no le interesa a Europa, al menos en el corto plazo. Tampoco a China. Pero los Estados Unidos ya están embarcados en que esa competencia tanto política como militar con China y quieren que la OTAN participe en ese riesgoso juego.

En suma, la reunión de Madrid ha tratado de mostrar un clima de éxito, sobre la base de una unidad publicitaria que, sin embargo, apenas puede ocultar su esfuerzo por construir una narrativa unilateral. Los asuntos nodales, que provocan las interrogantes de fondo y empiezan a emerger con fuerza en la gente que padece las secuelas económicas de la guerra, no han sido enfrentados. La OTAN sigue mostrando el señuelo de que, manteniendo el esfuerzo un poco más, es posible ganarle la contienda a Rusia. Pero eso no solo es un ocultamiento de la verdadera situación, sino que es un perfecto regalo para Putin, que lo usa en su propia propaganda interna, para mostrar que únicamente se está defendiendo de un occidente arrogante y agresivo. Es imposible saber por cuanto tiempo la opinión pública europea seguirá una narrativa forzada de este espectáculo tan poco edificante.

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