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LA CLASE MEDIA SEGÚN SÁNCHEZ

Por GABRIEL ELORRIAGA

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El clasismo de Pedro Sánchez es la herencia mal digerida del vetusto dogma de la lucha de clases de aquel marxismo del que se desmarcó Felipe González.

Sánchez se refiere reiterada e insistentemente a una “clase media trabajadora” a la que dedica sus halagos como si se tratase de una masa política dispuesta a seguirlo hasta el asalto a los palacios de “los que mandan sin haber sido elegidos”.


 

Desconoce el concepto de clases medias como puentes de moderación abiertos a la dinámica social. El concepto de clase media es lo contrario al igualitarismo plano de la ideología socialista. Es la igualdad de oportunidades para que todos puedan llegar a todos los relieves sociales derivados de su capacidad o esfuerzo dentro de un clima de libertad de iniciativa y de economía libre.

Como Sánchez no puede dirigirse a esa clase media depauperada y deformada por las distintas modalidades del socialismo, se ha inventado esa “clase media trabajadora” con el trabajo como adjetivo uniformador. Según este maestro, quedan excluidos de esa falsa clase media los no trabajadores.

Es decir, los trabajadores en paro, los niños y los enfermos crónicos, por abajo, y la inmensa población jubilada que vive de sus pensiones, todos los cuales no son, evidentemente, clase media trabajadora.

Solo pertenecen a la clase sanchista aquellos que tienen la suerte de permanecer en puestos de trabajo inmunes a las crisis y con unas remuneraciones suficientes para no padecer penurias. Esta es “la gente” a que se dirige con extraña insistencia, Pedro Sánchez porque quizá algún ingenioso asesor le ha sugerido que las clases medias son las que ganan las elecciones en los países desarrollados.

Como no es posible mantener esta clasificación que deja fuera del calificativo de trabajadores a los sectores más vulnerables de la sociedad, hay que suponer que lo de “clase media” es un postizo que añade Sánchez a sus declaraciones para dar a entender que se refiere a los trabajadores de todas clases, sean manuales, intelectuales, emprendedores o artistas, no vayan a pensar que, si interpretará exclusivamente su mensaje a los trabajadores sin el añadido de clase media estuviese pensando en el mismo concepto del proletariado marxista enemigo de la burguesía o a los asalariados enfrentados contra los empresarios explotadores.

Esta lucha de clases no conviene ni mentarla ante los propietarios de los medios informativos afines ni ante los amigos promovidos a los consejos de las corporaciones que se someten a acogerlos con benevolencia.

En el caso de los presentidos indultos a los expresidentes de su partido sentenciados por el Tribunal Supremo por su gestión en Andalucía, resulta comprensible que la malversación de fondos destinados a los parados hayan tomado camino hacia esas “clases medias” que, quizá, podrían ser trabajadores en las nóminas del PSOE.

Son muchos los antiguos trabajadores que adquirieron hábitos y perfiles de clase media viciosa gracias al pillaje arbitrario y clientelar del dinero por la corrupción sistémica de dirigentes más preocupados por su memoria histórica que por la memoria económica de sus atribuciones.

Hay que suponer que en la sede central del partido de Pablo Iglesias de antaño no existirá la costumbre de hacer galería con los retratos de sus presidentes de anteayer. Porque la mejor muestra de consolidar la fe en la inocencia de Chaves y Griñan sería encargar sus retratos al óleo a un afamado pintor.

Sánchez parece haber decidido ir blanqueando el caso con argumentos conmiserativos más que jurídicos, con lo que parecen duros de corazón quienes se oponen a una impunidad para la no aplicación de la pena correspondiente a incuestionables y sentenciados delitos de prevaricación y malversación colectivas.

La “clase media trabajadora” podrá perdonar, gracias a esta preventiva campaña de blanqueamiento, el presunto indulto en favor de un señor mayor al que se libere de la estancia carcelaria, pero no perdonará que un secretario general del PSOE indulte a un presidente del PSOE sin cumplir su deber de abstenerse en dicho caso por causas de amistad e interés directo.

Si se confirma un indulto será una desvergüenza y una degradación del respeto a los tribunales por parte del presidente del Gobierno. Quizá Griñán será perdonado por la opinión pública pero no será perdonado Sánchez por esa “clase media trabajadora” que cumple sus penas cuando le toca sin que Sánchez se inmute.

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