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FEMINISMO DE SILLÓN

Por ESTHER RUIZ

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Hay silencios que son atronadores… sobre todo cuando se encarcelan y se oprimen a mujeres por el simple hecho de serlo, cuando se las mata porque les sale un mechón del velo. Igual Irán nos queda lejos pero también nos queda lejos Estados Unidos y en seguida corremos a opinar sobre la revocación del derecho al aborto o Colombia y falta tiempo para celebrar en un tweet la despenalización de ese mismo derecho…

Parece que la ministra más feminista de todos los tiempos le cuesta mirar a determinados países.


 

Hace un año, cuando los talibanes tomaron Kabul, no se le ocurrió otra que decir que “vivimos en sociedades patriarcales y que en todos los países se oprime a las mujeres”… hacer esta equiparación es igual de lamentable que de vergonzosa porque no es verdad. Por desgracia no todas las mujeres somos iguales y no me refiero respecto a los hombres sino en el mundo, estamos las que gozamos de derechos y libertades y están las que no saben ni lo que son, por eso es obscena la equiparación.

Ayer comía con un grupo de mujeres de diferentes edades, distintas opiniones, ideologías dispares, múltiples ocupaciones, unas madres y otras no… pero todas coincidíamos en lo mismo, en nuestro orgullo de ser mujeres siendo conscientes de lo afortunadas que somos por muchas piedras que encontremos en el camino; aunque tengamos que demostrar lo que debería darse por hecho, aunque trabajemos en mundos tradicionalmente de hombres, aunque tengamos que multiplicarnos, aunque tengamos que romper algún techo o dar algún puñetazo en la mesa, aunque sepamos que conciliar solo es una palabra del diccionario, aunque sigamos derribando tópicos, aunque asumamos lo de cuidar como si formara parte de nuestro adn, aunque soportemos alguna mirada no precisamente limpia, aunque, a veces, estemos tan presentes que nos hagamos invisibles…

Porque por infinitos “aunques” que digamos somos mujeres libres. Podemos estudiar, trabajar, decidir, conducir, votar, vestirnos como nos apetece, ponernos un tanga o un traje de baño, hablar de lo que nos de la gana, maquillarnos, beber, fumar, salir y entrar libremente, reírnos a carcajadas, viajar, enamorarnos y desenamorarnos da igual de quién, casarnos, divorciarnos, tener hijos, no tenerlos… y lo más importante, podemos ser lo que queramos ser.

Por eso no es lo mismo ser mujer depende de dónde, por eso no se puede guardar silencio cuando tienes una responsabilidad, por eso no nos podemos entretener inventando un lenguaje nuevo ni perdernos en campañas sobre la “nueva masculinidad” o el “derecho a ir a la playa de los cuerpos no normativos”… Porque hay países en los que se siguen violando los derechos humanos y las libertades de mujeres; porque aún, muchas de ellas, son privadas de su dignidad siendo meras posesiones de un varón y no son dueñas ni de su propia vida. Porque ellas son las más necesitadas de un feminismo real que rompa su silencio para darles voz.

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