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LOS REPUBLICANOS VEN EN EL CAOS UNA POSIBILIDAD DE REELEGIR A TRUMP

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LEEMOS EN LA VANGUARDIA

Enfrentado a imágenes en directo de estampas que hace cuatro años se comprometió a erradicar, la campaña para la reelección de Donald Trump ha decidido abrazar el caos y la violencia en las calles de Estados Unidos como el más potente argumento para su reelección. “Soy lo único que separa el sueño americano de la anarquía, la locura y el caos”, ha dicho en los últimos días.

Kellyanne Conway, asesora de Trump, afirmó ayer que el actual clima de tensión beneficia a su campaña. “Cuanto más impere la anarquía, el vandalismo y la violencia, más claro se verá quién es el mejor [candidato] para la seguridad pública, la ley y el orden”, argumentó al día siguiente de la detención de un joven de 17 años sospechoso de ser el autor de los disparos que acabaron con la vida de dos personas esta semana en Kenosha (Wisconsin), donde se manifestaban contra el racismo tras el último episodio de brutalidad policial contra un negro. 

La convención republicana cuestiona la fe de Joe Biden, católico, por su posición sobre el aborto

“Quieren más violencia y más destrucción porque les ayuda políticamente”, condenó de inmediato el rival demócrata de Trump, Joe Biden, a quien acusa de “echar gasolina al fuego”. “Está deseando que haya más violencia, no menos. Lo dice claramente y es lo que está haciendo”. Pero esta es “la América de Donald Trump, no la América de Joe Biden”, resaltó el demócrata.

“Nunca antes los votantes se han enfrentado a una elección más clara entre dos partidos, dos visiones, dos filosofías y dos agendas”, debía decir anoche Trump al aceptar la candidatura presidencial republicana desde los jardines de la Casa Blanca en una nueva ruptura de las normas, las convenciones y quizás las leyes que obligan a separar la labor de gobierno de la política.

Quedan menos de 70 días para las elecciones y el Partido Republicano se ha embarcado en una potente ofensiva para reescribir su historia de la gestión de la pandemia, el tema que más preocupa a los votantes, alisar las aristas del carácter y las formas del presidente y presentarlo como un hombre que apoya a las mujeres y las minorías, además del más antiabortista de los candidatos.

La derecha cristiana es un grupo clave de la base electoral de Trump, que trata de mantenerla movilizada con su promesa de nombrar jueces conservadores y apoyar al movimiento antiabortista. Como en el 2016, cuando se temía que la vida personal del presidente espantara a estos votantes, la responsabilidad sigue recayendo en el vicepresidente Mike Pence, devoto evangélico.

“Llegamos por caminos muy diferentes a esta colaboración y mucha gente cree que somos un poco diferentes”, dijo anteanoche al aceptar la candidatura a vicepresidente. Pero “yo lo he visto cuando se apagan las cámaras” y “he aprendido mucho”. Pence presentó a Trump como “el presidente más provida de la historia de América” y acusó falsamente a Biden de “apoyar el derecho al aborto hasta el momento mismo del nacimiento”.

De llegar a la Casa Blanca, Biden será el primer presidente católico desde John F . Kennedy. A diferencia de Trump, va a misa cada semana. En la convención demócrata habló extensamente sobre cómo su profunda fe le ha ayudado a superar las grandes tragedias de su vida, como haber enterrado a su primera mujer, una hija bebé y un hijo de 46 años. Sus posiciones sobre el aborto (a favor de la libre elección con limitaciones) siempre han sido sometidas a un profundo escrutinio entre la derecha cristiana que los republicanos están decididos a explotar.

La monja Byrne acusó anteanoche Biden de “apoya el infanticidio” y el entrenador de fútbol americano Lou Holtz lo calificó de “católico solo de nombre”, comentario que ofendió a muchos creyentes. “No se puede decir algo así de nadie. Holtz puede ser un gran entrenador pero no puede ver en el alma de Biden y los católicos no votan pensando solo en un tema”, ha declarado el sacerdote jesuita James Martin.

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