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RAZONES PARA PENSAR EN LA EFICACIA DE LA VACUNA CONTRA EL CORONAVIRUS

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LEEMOS EN LA NUEVA ESPAÑA


Eduardo Costas.
Catedrático de Genética de la UCM.
ACADÉMICO CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA NACIONAL DE FARMACIA

Cuando a finales de 2019 empezó en China la expansión del SARS-CoV-2, nadie pudo imaginar que llegaría a ser una pandemia global que nos cambiaría tanto la vida.

Por aquel entonces tuvimos ocasión de controlarla, tal y como habíamos hecho con otras dos pandemias de coronavirus, el SARS-CoV-1 y el MERS-CoV, durante el presente siglo. Y aunque algunos países lo consiguieron, en otros muchos ganó la ignorancia, se primaron los intereses de algunos sectores por encima de la salud pública y la pandemia se nos fue de las manos.

Hoy en día es una pandemia mundial.

Para evitar en lo posible el colapso de los sistemas sanitarios, sufrimos restricciones más o menos severas durante los últimos meses. Ya estamos cansados y queremos volver, cuanto antes, a la normalidad.

Para ello depositamos nuestras esperanzas en conseguir una vacuna eficaz para finales de este año.

Una serie de indicios ayudan al optimismo. Hay al menos 3 de razones para pensar que puede conseguirse la vacuna:

1. La primera de ellas es que nuestro sistema inmune es capaz de curar la Covid-19. Solo tenemos que hacer que nuestro sistema inmune se comporte como el de los enfermos que superaron la Covid-19, pero sin que tengamos que jugarnos la vida enfrentándonos al virus SARS-CoV-2. 

Las vacunas tradicionales más eficaces han utilizado cepas atenuadas de los microorganismos de cuya infección debían proteger. A lo largo de la historia, muchas de estas vacunas han demostrado su eficacia.

En caso de la actual pandemia necesitaríamos una variante atenuada del virus de la Covid-19 que produjese muy pocos efectos adversos para la salud, a la vez que generase una gran respuesta inmune que nos protegiese de las cepas peligrosas del SARS-CoV-2. Eso lleva su tiempo y puede plantear problemas.

Pero, en los tiempos de la ingeniería genética, podríamos utilizar un atajo. Por ejemplo, emplear solo una parte del coronavirus.

2. La segunda buena noticia es que empleando partes del coronavirus conseguimos respuesta inmune. Por ejemplo, usando la proteína S presente en la superficie del virus y que este necesita para adherirse y entrar en las células humanas, se ha logrado que nuestro sistema inmune produzca anticuerpos que se unen a la proteína S, la neutralizan y evitan que el coronavirus siga infectando a otras células. Algunas de las vacunas que están ensayándose consiguen incrementar los anticuerpos anti-proteina S y bloquear, al menos en parte, la infección del virus. Las vacunas basadas en generar anticuerpos de partes de la superficie del coronavirus, podrían funcionar.

3. Ya están en marcha varias de ellas en distintas fases. Seguramente hacia finales de año dispondremos de algunos millones de dosis de estas vacunas.

¿Cuál será su eficacia?

A la vista de estas noticias esperanzadoras, debemos plantearnos qué capacidad tendrá la vacuna del coronavirus para acabar con la pandemia.

Dependerá, ante todo de 2 factores: El primero es la tasa de protección de la vacuna; el segundo es el número de vacunados.

En el mejor de los supuestos estaríamos hablando de una vacuna que protegería al 100% de los vacunados. Y también que conseguimos vacunar a casi toda de la población. Pero, en la vida real esto no es así.

Por ejemplo, las vacunas de la gripe solo protegen alrededor del 60% de los vacunados. Es un logro aceptable que salva muchísimas vidas. Pero no sirve para acabar con la gripe (incluso vacunando al 100% de la población mundial) porque el 40% de los vacunados podrían coger y transmitir la enfermedad.

Tampoco se logra vacunar a toda la población. En la actualidad disponemos de una vacuna eficaz y segura contra el sarampión. Pero se dan miles de infectados y centenares de niños mueren de sarampión entre los grupos antivacunas.

Pensemos con números. Imaginemos que conseguimos una vacuna contra el SARS-CoV-2 con el 70% de eficacia (lo que es una estimación bastante optimista). Tendríamos que vacunar al 75% de la población solamente para prevenir la expansión de la pandemia, y a más del 80% de la población para controlar una pandemia en curso (la situación actual de la Covid-19). Pero si la eficacia de la vacuna fuese solo del 60%, entonces necesitaríamos vacunar al 80% de la población solo para prevenir la pandemia, y al 100% para controlar una pandemia en curso. Recordemos que actualmente somos más de 7.800.000 millones de personas en el mundo y si la vacuna necesita dos o tres dosis, las cantidades necesarias son astronómicas.

Desafortunadamente, también podría darse el caso de que la eficacia de la vacuna fuese menor de lo esperado. Hay indicios preocupantes:

El SARS-CoV-2 es uno de los muchos virus zoonóticos, que pasan de los animales al hombre.

Los veterinarios tienen una larga tradición estudiando coronavirus en distintas especies animales. Por ejemplo, un coronavirus produce la bronquitis infecciosa aviar en pollos. Hace 90 años que se trabaja para controlar ese coronavirus. A nivel mundial su coste económico es descomunal. Sin embargo, a día de hoy sigue siendo uno de los mayores problemas en las explotaciones de estas aves. Nunca se encontró una vacuna eficaz y los anticuerpos producidos en las gallinas vacunadas duraron menos de un año.

Tampoco se consiguió extinguir la enfermedad pese que se puede recurrir a medidas drásticas como el vacío sanitario sacrificando millares de pollos en las áreas infectadas.

En otras especies animales, por ejemplo, en los perros, todas las vacunas desarrolladas contra coronavirus han sido muy poco eficaces.

Sin duda habrá vacuna contra el SARS-CoV-2. Y ayudará mucho a muchas personas. El indudable progreso en los tratamientos hospitalarios también ayudará. La mejora en los fármacos anti-Covid-19 reducirá la letalidad.

Pero hay que establecer expectativas reales. Y aunque nadie puede saber exactamente lo que va a pasar, lo más seguro es que la vacuna no será la panacea. Incluso cuando tengamos una vacuna no es seguro que podamos volver a la vida de antes de la pandemia.

El SARS-CoV-2 seguirá durante un tiempo generando un pico epidémico enorme hasta que se alcance suficiente inmunidad de rebaño (algo a lo que las vacunas ayudarán).

Pero tras un tiempo se producirán rebrotes cuando baje la inmunidad poblacional.

En su momento pudimos librarnos del SARS-CoV-2. No lo hicimos.

Ahora permanecerá entre nosotros.

Y debemos adaptarnos

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