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¿CUANTO AFECTARÁ LA GUERRA A LOS BENEFICIOS EMPRESARIALES?

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LEEMOS EN CINCO DÍAS Empresas y analistas aún no se atreven a cuantificar los daños, pero la guerra en Ucrania y el nuevo escenario geopolítico y energético que ha desencadenado apuntan a una revisión a la baja de los beneficios de las compañías europeas en los próximos meses. El efecto del conflicto en los negocios es arrollador: un inmediato encarecimiento del coste de la materia prima, unos mayores costes logísticos por el alza fulminante del gasoil y unos menores márgenes de beneficios, ya que el incremento del coste de producción difícilmente podrá trasladarse en su totalidad al producto final, al cliente en definitiva. Es más, algunos sectores como las acereras o la automoción ya han optado por las paradas de producción, ante la cruda realidad de trabajar a pérdida. Y otros como el de las papeleras han comenzado a planteárselo. El incremento de los costes de producción ya era una amenaza ante el alza del coste de la energía y los problemas de suministro de los últimos meses. Pero los efectos de la invasión rusa de Ucrania han rebasado las previsiones más pesimistas. Sin que esté aún nada claro el final para el conflicto bélico, el escenario para los próximos meses es de más inflación y menos crecimiento. El bloqueo a Rusia y las sanciones que condenan su economía a un aislamiento internacional prometen alzas de precios en materias primas de las que Moscú es hasta ahora un suministrador clave para Europa, como el gas –determinante para fijar el precio de la electricidad–, el petróleo, el paladio, el aluminio o el trigo. “El intenso aumento de la factura de la energía, un menor consumo, las disrupciones en los suministros, los costes del transporte y un potencial corte del gas van a pesar en los ingresos y en los beneficios de las empresas europeas”, señalan desde Goldman Sachs. El banco ha rebajado de hecho su previsión de aumento de beneficios este año del 8% al 2%. Desde la firma suiza Julius Baer, su estratega de renta variable, Leonardo Pellandini, asegura que “en un contexto de menor crecimiento económico y más inflación, esperamos una reducción significativa del incremento en los beneficios en 2022”. Y en Afi, su analista Álvaro López Vivas añade que “las revisión de beneficios a la baja está por llegar. El efecto se verá más adelante, a partir de las presentaciones de resultados del primer trimestre, a mediados de abril, cuando se avancen nuevas previsiones para 2022”. Un elemento añadido en España será el pacto de rentas que ha planteado el Gobierno y en el que, además de reclamar moderación salarial para los trabajadores, se pedirá a las empresas contención en los beneficios como fórmula para asumir de forma colectiva el nuevo escenario de inflación galopante y menor crecimiento. Goldman rebaja su estimación de alza de beneficios en Europa este año del 8% al 2% Por ahora, compañías y analistas retrasan el momento de asumir en las cuentas empresariales la nueva realidad. Al fin y al cabo, la incertidumbre es máxima y la dimensión económica del conflicto en Ucrania va a depender de algo hoy día tan imprevisible como su duración. Según explica Gareth Williams, responsable de análisis de riesgo corporativo de S&P Global Ratings, “los riesgos siguen siendo considerables dependiendo de la duración del conflicto militar, de si se expande geográficamente y del alcance de un posible endurecimiento de las sanciones o de una respuesta por parte de Rusia, especialmente con un corte del suministro energético a Europa”. La renuncia al gas ruso es de hecho una posibilidad que ha comenzado a explorar la UE ante el recrudecimiento de la ofensiva de Putin en Ucrania. Sería una escalada notable, y de gran coste económico para Europa, en las sanciones a Moscú. En este contexto, el experto de S&P cuenta con que los beneficios empresariales se ralenticen este año después de un 2021 muy fuerte, resultado de la reapertura económica que sucedió a la parálisis de 2020 por la pandemia. Las primeras señales de una revisión a la baja de los beneficios están comenzando a llegar. La automovilística alemana Volkswagen, que ya ha tenido que parar la producción por problemas de suministro, reconoció esta semana en su presentación de resultados de 2021 que el conflicto en Ucrania y las sanciones a Rusia enturbian las previsiones que manejaba hasta el momento. “Si la guerra empeora, tendremos que revisar nuestros pronósticos”, señaló el consejero delegado de la firma, Herbert Diess. El banco italiano Intesa Sanpaolo también apuntó esta semana que su objetivo de beneficios de 5.000 millones de euros para este año está en revisión a consecuencia de la guerra. El riesgo en Rusia del mayor banco de Italia asciende a 5.100 millones de euros, mientras que su rival UniCredit ya ha avanzado que en el peor de los casos tendría que asumir pérdidas de 7.400 millones de euros por su exposición crediticia en el país. La situación es especialmente grave en industria pesada y automoción y en compañías con mayor exposición a Rusia Según señalan en el área de mercados y banca corporativa de una entidad extranjera, “las empresas están nerviosas, manejan todo tipo de escenarios, pero la situación es muy incierta y crece la presión sobre las posiciones de tesorería ante el encarecimiento de las materias primas”. El coste de la energía ya iba en aumento con anterioridad al conflicto, pero ahora se ha desbordado a niveles inimaginables. Las empresas que hubieran hecho cierta planificación y se hubieran asegurado un precio de la energía más barato en contratos a largo plazo pueden disfrutar ahora de cierto colchón. No así las que se abastezcan de materias primas más a corto plazo. “Por lo general, las grandes compañías tienen más capacidad en la planificación de sus costes energéticos”, explican fuentes financieras. Si bien, el impacto de la actual situación no se queda solo en el coste de la energía y de la materia prima sino que se refleja en los problemas de suministro y en el margen para trasladar o no los mayores costes de producción al cliente final. La inflación y el encarecimiento de las materias primas en los meses precedentes ya habían tensado los márgenes de beneficios, ahora mucho más al límite para afrontar la nueva situación. Inditex ya anunció esta semana un alza de precios del 2% en España pero numerosas compañías no tendrán el mismo margen de maniobra. Según advierte Gareth Williams, “el año pasado las compañías fueron capaces de traspasar con facilidad el incremento de costes a los clientes. Esto ahora es más difícil, a la vista de la magnitud del alza de costes que se observa y de un segundo shock global de suministros a causa de este conflicto que sucede inmediatamente después al creado por el Covid-19. La consecuencia es que los márgenes de beneficios serán más débiles”. Con todo, el desafío no es ni mucho menos igual para el conjunto de las empresas, a pesar de que el menor crecimiento de las economías vaya a ser generalizado. Hay grandes diferencias por sectores. Así, sin duda los más afectados son las compañías intensivas en el uso de energía como las de materiales de construcción o las papeleras, junto con aquellas que emplean materiales sin procesar, ya sean minerales, fertilizantes o cereales importados desde los países en conflicto. Según explican desde S&P, la industria del automóvil, por ejemplo, emplea gran cantidad de estos materiales, como el acero, el aluminio o el níquel, que han disparado su precio y de los que Rusia es un gran productor a nivel mundial. En Goldman Sachs advierten de que la Bolsa alemana está especialmente expuesta al ajuste a la baja de beneficios, con gran peso en sus índices de compañías industriales y del automóvil. El banco apunta que el mercado suele anticiparse a las revisiones de beneficios con unos tres meses de antelación y cree por tanto que estaría siendo demasiado complaciente en la actualidad respecto a los riesgos bajistas relacionados con Ucrania. En el frente de los sectores ganadores, pese a lo incierto de la situación, aparecen de forma rotunda las compañías de materias primas, como petroleras y mineras, y las del sector de defensa, ante el mayor gasto público en armamento que se espera. Para Julius Baer, la mejor apuesta de inversión está ahora en las compañías menos ligadas al ciclo económico, entre las que destaca al sector salud. Es su sector defensivo predilecto por “su atractiva valoración junto a sólidas perspectivas de crecimiento y bajo endeudamiento”. Además, es un sector poco intensivo en el uso de energía. En espera de una foto más clara del impacto económico de la guerra, y de los ajustes de beneficios que vendrán, ya empiezan a perfilarse por tanto los ganadores y perdedores de un nuevo orden mundial.

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