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ALTA ABSTENCIÓN Y VICTORIAS NACIONALISTAS E INDEPENDENTISTAS

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De las elecciones celebradas ayer, lo primero que hay que señalar es que la alta abstención en las dos comunidades -más en El País Vasco- no se justifica y hace daño a la democracia en general. Deben todos reflexionar al respecto ya que se trata de una erosión del sistema que es necesario reconducir. 

En cuanto a los resultados -anticipada la victoria de Feijóo en Galicia por todas las encuestas que le daban mayoría absoluta- la noche electoral fue una victoria de los nacionamismos -PNV y Bloque Nacional de Galicia- y del independentismo de Bildu, que ganó nada menos que cuatro escaños, pasando de 18 a 22 asientos en el Parlamento de Vitoria. Si a ello añadimos que el PSOE solo ha aguantado y el PP y Ciudadanos se han descalabrado en Euxkadi, se puede afirmar que la victoria ha correspondido a los no constitucionalistas. 

Fijemos nuestra atención en Euzkadi. Con los resultados del Parlamento vasco, el nacionalismo e independentismo son los grandes vencedores de la noche electoral. El PNV, aglutinando el voto del nacionalismo moderado, ha llegado al 39,12% de los votos, un punto y medio más que en 2016. Además, el lehendakari Íñigo Urkullu ha subido de 28 a 31 escaños, consolidándose como gran fuerza en el poder.

Pero EH Bildu no tiene nada que envidiarle, con unos resultados históricos tras la etapa batasuna de la izquierda abertzale. Este partido ha logrado 22 escaños, 4 más que en las anteriores elecciones, subiendo 6 puntos en votos, lo que les consolida como segunda fuerza política vasca, como ya se había visto en las elecciones generales.

Dicho de otra manera, el 66,96% de los votos emitidos en País Vasco este domingo han ido destinados a opciones nacionalistas o independentistas, dejando clara la sociedad vasca su posición sobre el Estatuto de Gernika y la soberanía.

El PSE apenas ha podido ganar un escaño y Unidas Podemos se ha hundido como opción alternativa a la izquierda vasca. Además, la coalición entre PP y Ciudadanos fracasó con su estrategia pasando de 9 a 5 escaños, mientras que Vox se salió con la suya y debuta con un escaño, que era su gran objetivo.

Por su parte, Pedro Sánchez no vio penalizada anoche, en las elecciones gallegas y vascas, su gestión de la crisis del coronavirus, como le acaba de ocurrir al francés Emmanuel Macron en los comicios locales galos. Aunque el PSOE tampoco logró rentabilizar, en estas urnas autonómicas, que Sánchez tenga las llaves de la Moncloa. Los socialistas ni siquiera pudieron sacar ningún rédito electoral del tremendo batacazo que sufrió Podemos en los dos territorios. Y además, el Bloque Nacionalista Galego (BNG) se alzó con el liderazgo de la oposición en el blindado feudo de Alberto Núñez Feijóo. Pese a todo, los socialistas salvaron los muebles, sumando 15 escaños (uno más) también en Galicia, donde seguirán siendo la tercera fuerza política, y subieron uno, hasta los 10 diputados, en el País Vasco, donde igualmente como tercera fuerza podrán reeditar con más contundencia la coalición de gobierno con el lehendakari Iñigo Urkullu. Una alianza con una importante traducción en la estabilidad del Gobierno de Sánchez.

En cuanto a Alberto Núñez Feijoo (Os Peares, 1961) tendrá que trabajar esta mañana. Es lo que prometió si conseguía una cuarta mayoría que él mismo calificó como «estratosférica», y es lo que lleva haciendo desde que se instaló en la vida pública al poco tiempo de salir de la Facultad de Derecho de Santiago. Suma tres décadas girando cerca del poder o dentro de su eje, escorado geográficamente, pero siempre más cerca del centro que de la periferia ideológica.

Sus últimos cuatro años iban a ser exactamente eso, su derradeiro servicio a Galicia, pero mientras su tercer ciclo autonómico orbitaba sin sobresaltos, anclado en la estabilidad institucional, la política estatal incrementó su dinámica endiablada en la que empezó a sentirse incómodo, especialmente la de su partido y su líder, Pablo Casado. Feijóo ha llevado a Galicia al centro y eso tiene mérito. 

Buscar reflexiones a estos resultados es legítimo. Pero está claro que a más españolismo, a veces exhacerbado, los nacionalistas e independentistas reaccionan con resultados espectaculares. Es decir, bien puede afirmarse que hay menos España en el País Vasco y más nacionalismo en Galicia con la subida, también espectacular, del BNG. 

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