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HA PASADO UN AÑO

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Era jueves, 24 de octubre de 2019, un día histórico. El ataúd con los restos de Francisco Franco eran exhumado del mausoleo del Valle de los Caídos ante una veintena de sus nietos y bisnietos, 44 años después de la muerte del dictador.

La lápida de 1.500 kg fue levantada sin problemas, pero a la hora de sacar el féretro se detectó que no se encontraba en buen estado de conservación. Sin embargo, la familia decidió que no se cambiara y que los restos de Franco fuesen trasladados en su ataúd original.

Los familiares de Franco -asistidos por operarios de la empresa funeraria- portaron a hombros el féretro hasta la explanada de la Basílica donde esperaba el coche fúnebre. Allí el prior de la basílica del lugar, Santiago Cantera, bendijo el féretro y sus allegados gritaron: '¡Viva España, viva Franco!'.

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Traslado en helicóptero

Después, se trasladaron los restos de Franco en helicóptero hasta el cementerio de Mingorrubio, en El Pardo, a unos 50 km, donde un grupo de unos dos centenares de franquistas -entre los que se encontraba el ex teniente coronel golpista Antonio Tejero- cantaron el 'Cara al Sol' y profirieron, al ver llegar el aparato, gritos de: 'Pedro Sánchez hijo de puta' y 'Franco, Franco'.

Franco fue después inhumado en una cripta, donde estaba enterrada su mujer, Carmen Polo. Ya en Migorrubio, la familia celebró una ceremonia íntima de enterramiento con el prior del Valle Santiago Cantera acompañado del hijo del teniente coronel golpista del 23-F, Antonio Tejero, el sacerdote Ramón Tejero.

Se calcula que el proceso de exhumación, traslado e inhumación tuvo un coste total de unos 63.000 euros.

La exhumación de Franco daba así cumplimiento a la ley de Memoria Histórica aprobada en 2007 que prohíbe los honores al franquismo y que costó casi un año de pleitos en los tribunales, los cuales llegaron hasta el día previo al proceso.

Repercusión mundial

Cerca de 500 profesionales de 150 medios de comunicación de todo el mundo se acreditaron para seguir este proceso.

Fueron 92 medios de comunicación nacionales, tanto de ámbito estatal como autonómico, así como 58 internacionales, procedentes de 17 países: Alemania, Austria, Bélgica, Brasil, Colombia, Estados Unidos, Francia, Holanda, Irán, Italia, México, Portugal, Qatar, Reino Unido, Rusia, Turquía y Venezuela). Y en otros muchos, como en Japón, se conectaron a la señal que facilitaba TVE.

LUGAR DEL NUEVO ENTERRAMIENTO

El cementerio de Mingorrubio, testigo hace un año del traslado de los restos de Franco, ha cambiado poco desde entonces. Algo más concurrido, los fines de semana lo visitan algunos nostálgicos, otros curiosos y nunca fallan los ciclistas que se hacen una foto frente a la iglesia donde está enterrado el dictador.

Este tranquilo enclave de Madrid, perteneciente al barrio (casi pueblo) de El Pardo, ha notado más los efectos del confinamiento perimetral de la capital que el polémico traslado de Franco, enterrado ahora junto a su mujer, Carmen Polo, en la cripta del pequeño templo situado al entrar en el camposanto a mano izquierda.

Como única vía de escape, centenares de madrileños se han refugiado en El Pardo estas dos semanas de encierro de la capital saturando sus carreteras y montes. Algunos han aprovechado para entrar en el cementerio, que en el último año ha visto crecer sus visitantes, sobre todo en fin de semana.

Lo explica a Efe un operario del camposanto, abierto todos los días desde las diez de la mañana hasta las cinco de la tarde y que permanece aparentemente igual, si no fuera por la fisionomía de la entrada de la iglesia.Sus barrotes están ahora llenos de banderas de España, fotos de Franco, imágenes de vírgenes, cirios, textos como el "Credo legionario", flores rojigualdas y emblemas militares, de la Policía Nacional y la Guardia Civil que van dejando los que lo visitan.

Cara al sol

Cuenta el empleado que son muchos los ciclistas que, venidos de Madrid y al final de su recorrido antes de volver a la capital (en el cementerio acaba la carretera, más allá es terreno vedado de Patrimonio Nacional), se hacen fotos frente a la iglesia con sus monos multicolores.También algún franquista canta el "Cara al sol" o toca la trompeta, e incluso se celebró una misa frente a la iglesia acabado el confinamiento, pero todo de forma pacífica, sin que se haya registrado ningún incidente, aclara.Todos los homenajes tienen que ser a las puertas de la iglesia, cerrada a cal y canto desde hace doce meses y que solo puede visitar la familia del dictador, previo aviso de 48 horas.Únicamente ellos pueden acceder a la cripta donde reposan los restos de Franco y Polo, construida en 1969, de interior austero y con la inscripción en el techo "Yo soy el Alfa y la Omega", que aparece en la Biblia.

El traslado de los restos se vivió con resignación entre los vecinos, que temían una avalancha de visitantes que finalmente no se ha producido.Llegaron al cementerio en helicóptero desde el Valle de los Caídos, a cincuenta kilómetros de distancia, ante decenas de periodistas nacionales e internacionales y un puñado de seguidores del dictador, entre ellos Antonio Tejero.Olvidado ese día que rompió la tranquilidad del lugar, el cementerio continúa prácticamente igual, rodeado de encinas centenarias y con sus 500 sepulturas, 2.200 nichos, 1.050 columbarios y medio centenar de panteones, lo que lo configura como uno de los camposantos más pequeños de los 22 que hay en Madrid.


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