La Farola de Cantabria24horas.com

CANTABRIA, PATRIMONIO MUNDIAL EN CUEVAS HISTÓRICAS

Enviar a un amigo

LEEMOS EN LA VANGUARDIA DEL DOMINGO, 12 DE JULIO el siguiente reportaje de Pepe Verdú. Tiempo atrás hizo frío en Cantabria . Un frío que pelaba. No hablo de un invierno un poco más fresquito de lo habitual, sino de un descenso tremendo de las temperaturas. Glaciares y nieves perpetuas se adueñaron de todos los continentes, mientras que buena parte de los mares se congelaron. Ese período climático se conoce como glaciación de Würm, empezó hace unos 110.000 años y acabó hace 12.000; duró casi cien mil años, una terrorífica eternidad. Nuestros antepasados debieron de pasarlo mal, ya lo supondrán. Para amortiguar el sufrimiento, buscaron refugio en cuevas y grutas, donde hallarían cierta protección. Bastantes de las 6.500 cuevas que hay en Cantabria fueron habitadas entonces, y algunas conservan el rastro de aquellos ateridos supervivientes. La más conocida es, sin duda, la cueva de Altamira, en Santillana del Mar . La redescubrió Marcelino Sanz de Sautuola en 1875, y es una de las 70 cuevas de la región con vestigios prehistóricos. Altamira guarda una secuencia completa del arte de la época, una coincidencia excepcional en el mundo, muy poco común. Por desgracia, su valor es tan grande como su fragilidad. Por eso permanece cerrada al público, los visitantes se deben conformar con la contemplación de una réplica exacta. Altamira reúne multitud de representaciones de animales, como el ‘Bisonte Encogido’, la ‘Gran Cierva’ o el ‘Caballo Ocre’. Conmueve su perfección plástica, una sorprendente modernidad que hace el conjunto único, pese a abordar unos temas también presentes en otros abrigos de la zona. Los cántabros prehistóricos solían pintar la fauna existente en su territorio, aquella de la que dependía su subsistencia: caballos, uros y bisontes, cabras, osos, rebecos... Un rasgo curioso de la región es la abundancia de pinturas de ciervas, sin cuernos, mucho más numerosas que los machos, con astas; esa desproporción no se da en otras zonas europeas ni peninsulares. La cueva del Moro Chufín está en el pueblo de Riclones. Se abre en un entorno acantilado, sobre el valle del río Nansa. Aunque la rodea una vegetación frondosa, la boca brinda panorámicas de las inmediaciones, una característica idónea para la práctica de la caza. El acceso es un poco difícil, hay que reptar algunos metros, pero merece la pena porque el interior es grandioso, con un lago incluido. El nombre de la caverna alude a un personaje legendario que, supuestamente, ocultó un tesoro en su interior. No se ilusionen con su hallazgo, es improbable. Como compensación admirarán las pinturas rojas que decoran el techo, y los grabados del vestíbulo. La cueva de Covalanas está a 2 km de Ramales de la Victoria. Sus pinturas están datadas en torno a 20.000 años a.C. En ellas aparecen uros, un gigantesco predecesor del bisonte del que se obtenía carne, cuero y leche. Las representaciones de esta caverna se hicieron mediante ‘trazo punteado’, una técnica consistente en la aplicación del colorante con el dedo sobre las paredes o con la ayuda de un tampón. El estado de las pinturas es formidable. Además, se pueden ver desde muy cerca, apreciando incluso las marcas dactilares de los creadores. Los animales ilustrados en Cantabria evolucionaron con el tiempo. Así, mientras las pinturas más antiguas representan sobre todo uros, caballos y ciervos, otras posteriores introducen bisontes, e incorporan cabras, rebecos o incluso peces. Curiosamente, escasean las figuras humanas. Uno de los pocos yacimientos donde estas aparecen es en la cueva de Hornos de la Peña, cerca de San Felices de Buelna, donde hay una figura desnuda con los brazos en alto. Los estudiosos le atribuyen un significado religioso, vinculado al chamanismo. Hornos de la Peña tiene otro rasgo infrecuente: incluye una de las pocas pinturas exteriores que han resistido a la intemperie, un caballo. Muchas pinturas prehistóricas no son naturalistas sino abstractas, probablemente simbólicas: consisten en líneas paralelas de puntos, triángulos, cuadriláteros, óvalos... Abundan en las cuevas del Monte de La Garma, en el pueblo de Omoño. Es uno de los complejos con una exploración más reciente, los trabajos principales se realizaron en la década de 1990, y los paleontólogos siguen haciendo nuevos hallazgos. No se trata de una sola caverna, sino de un extenso e intrincado complejo kárstico con diferentes niveles, simas y muchos pasos cegados. Por el fondo discurre un río subterráneo. Los restos más importantes se han encontrado en el piso inferior, donde hay tres yacimientos intactos y sorprendentes manifestaciones artísticas. Los recursos técnicos utilizados en la prehistoria cántabra fueron variados y evolucionaron a lo largo del tiempo. Las pinturas más antiguas, anteriores al 15.000 a.C., se caracterizaron por las figuras de perfil coloreadas en rojo. Un procedimiento habitual fue el trazo punteado que ya se mencionó en la cueva de Covalanas y también se empleó en otros yacimientos, como en la cueva de El Pendo, en Escobedo de Camargo. Esta aúna pinturas rupestres con unos 20.000 años de edad, y grabados incisos que se estiman entre 16.500 y 14.000 años antiguos, si bien la caverna ya fue habitada por el hombre de neandertal hace 84.000 años. Las pinturas rupestres no están al nivel del suelo, sino a 6 m de altura. Sus creadores tuvieron que encaramarse a algún tipo de ‘andamio’ para su creación. Destacan unas ciervas rojas que rodean a un caballo. Un tema común en las pinturas prehistóricas de todos los continentes son las manos, poco abundantes en Cantabria. Uno de los pocos lugares donde se pueden ver es en la cueva de El Castillo, en las afueras de Puente Viesgo, junto al río Pas . La ocupación de esta caverna es una de las más prolongadas que se conocen: abarca desde el paleolítico inferior, hace unos 120.000 años, hasta la edad del cobre, apenas 6.000 años atrás. La cueva, por tanto, presenció la coexistencia entre los últimos neandertales y los primeros Homo sapiens. El interior exhibe manifestaciones rupestres con una fascinante sucesión de técnicas, temas y estilos. Su estudio permitió al paleontólogo Henri Breuil el establecimiento de la primera secuencia temporal del arte paleolítico en España. A finales, del paleolítico superior, entre 16.000 y el 12.000 año a.C., hubo cambios importantes en el ámbito artístico. En esa época, conocida como de la cultura Magdaleniense, el color rojo fue parcialmente sustituido por el negro, aumentó el interés por la proporción y la perspectiva, y también se potenció la fidelidad a la figura animal. Dentro de ese contexto general, el arte cantábrico exhibió rasgos propios, como la hipertrofia de las nalgas de los caballos o la presencia residual de unos uros que ya habían desaparecido en otras regiones. Un buen lugar para comprobarlo es la cueva de las Chimeneas, también cercana a Puente Viesgo. Sus redescubridores no fueron sagaces paleontólogos, sino un equipo de peones camineros enviados por la Diputación Provincial para civilizar el acceso a las vecinas cuevas de El Castillo y La Pasiega. Transcurría el año 1953. Ya ven que la suerte también desempeña un papel en estos temas. La mencionada cueva La Pasiega se extiende a lo largo de 120 m, paralela a la ladera del monte. Sale a la superficie por seis lugares diferentes, seis pequeñas bocas de las que solo se conservan dos; las demás fueron cegadas. La galería principal tiene unos 70 m de longitud, al final de los cuales se bifurca en galerías secundarias, sinuosas y laberínticas. Estas se ensanchan esporádicamente y forman salas, varias de las cuales tienen vestigios paleolíticos, tanto pinturas como grabados incisos: caballos, cérvidos masculinos y femeninos, bóvidos... También hay abundantes signos abstractos. La cueva de las Monedas está asimismo en Puente Viesgo, y sus principales vestigios tienen 12.000 años de antigüedad. Sus pobladores dibujaron con carbón los últimos animales propios de clima frío que habitaron la zona, como varios renos o un bisonte, junto a cabras y caballos. Además de este tesoro prehistórico, el yacimiento tiene el aliciente añadido de sus vistosas formaciones calcáreas, sobre todo estalactitas y estalagmitas. La cueva debe su nombre al hallazgo de monedas de la época de los Reyes Católicos en su interior. La Unesco inscribió la cueva de Altamira en su lista del patrimonio mundial en 1985. Veintitrés años después, en 2008, añadió las otras nueve cuevas cántabras que se mencionan en este reportaje. El organismo de las Naciones Unidas identificó el conjunto como ”El arte rupestre paleolítico de la Cornisa Cantábrica” . Todas esas cuevas están abiertas al público, se accede a ellas a través de sus centros para visitantes. La mayoría de las visitas son guiadas y algunas requieren cita previa, que se concierta en la Oficina de Turismo de Cantabria.


Últimas Farolas

KIOSKO DE PRENSA
EL MAYOR ATENTADO DE LA HISTORIA DE ITALIA SIGUE SIN DESVELARSE

El reloj de la estación ferroviaria central de Bolonia (centro de Italia) marca desde hace 40 años las 10.26 horas cuando el 2 de agosto de 1980 una bomba estalló causando 85 muertos y 200 heridos en el que es el peor atentado de la historia italiana Leer +

ENCUESTAS
¿Debe Cantabria obligar al uso generalizado de mascarillas y multar como en otras CC AA?




OPINIÓN
Alfonso del Amo Benaite

Alfonso del Amo Benaite

En defensa del automóvil
IÑAKI ANASAGASTI

IÑAKI ANASAGASTI

EL PNV ESTA DE ANIVERSARIO
JOSÉ MANUEL PAZOS

JOSÉ MANUEL PAZOS

LOS MERCADOS EN LA POS-PANDEMIA
GABRIEL ELORRIAGA

GABRIEL ELORRIAGA

GIBRALTAR, PARQUE TEMATICO

ROGELIO PEREZ BUSTAMANTE

BREXIT, SEGUNDA PARTE
FRANCISCO MASSO

FRANCISCO MASSO

PERFIDIA PROGRESIVA
JUAN IGNACIO VILLARÍAS

JUAN IGNACIO VILLARÍAS

LATINI SUMUS
FERNANDO LUCAS RODRÍGUEZ GONZÁLEZ

FERNANDO LUCAS RODRÍGUEZ GONZÁLEZ

LO MAS CASPOSO DEL “PROCES”
JOSÉ ANTONIO CARMONA GUILLÉN

JOSÉ ANTONIO CARMONA GUILLÉN

EUROPA Y FEMINISMO: UNA PROPUESTA
ANTONIO CUBILLAS

ANTONIO CUBILLAS

LA CHIMENEA
Opinion curiosidades

La Tía Josefuca

Siempre he defendido -incluso a efectos de un derecho estatutario- la necesidad de proteger, a efectos de investigación, el viejo habla montañesa. Leer +