Alertan de la posible destrucción de restos de muralla de la I Guerra Carlista en la antigua Tabacalera

El fuerte y la muralla datan de los años 1834-1836 y formaban parte de un ambicioso plan de defensa de la ciudad que contemplaba la construcción de otros tres reductos -los fuertes de María Cristina, de Isabel II y de López Baños

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04-09-2019
Las obras de construcción de las viviendas de protección oficial proyectadas en la parcela de la antigua Tabacalera, en la Calle Alta, que se inician estos días podrían destruir un nuevo ejemplo de patrimonio construido de origen militar de la ciudad de Santander. 
 
En este caso se trata de uno de los dos únicos vestigios de construcciones defensivas de la Primera Guerra Carlista (1833-1840) que se conservan en la ciudad, junto al tambor aspillerado de la batería de Cabo Menor. Concretamente, de parte del lienzo de la muralla que bajaba desde el fuerte de Santa Cruz, levantado en las inmediaciones del convento del que tomó su nombre. El fuerte y la muralla datan de los años 1834-1836 y formaban parte de un ambicioso plan de defensa de la ciudad que contemplaba la construcción de otros tres reductos -los fuertes de María Cristina, de Isabel II y de López Baños, hoy desaparecidos- en el Paseo del Alta, otros tramos de muro cerrando el acceso a la ciudad por el oeste y el reforzamiento de las baterías y fortificaciones costeras, como detalla el historiador Rafael Palacio Ramos en su obra del año 2005 “Por mejor servir al rey. El entramado defensivo de Santander (siglos XVI a XIX)”, editada por el Ayuntamiento de Santander. Su función era la de proteger la ciudad, cuyas edificaciones llegaban justo hasta ese punto en aquellos momentos, de un posible ataque carlista y aparecen recogidos en un plano militar de 1847 que reproduce el realizado por el teniente de navío José Mathé diez años antes.
 
Los restos consisten en un tramo de muro de mampostería de aproximadamente 50 m de longitud por algo más de 4 m de altura y una anchura de unos 50 cm, a lo largo del cual se abren una serie de aspilleras para fusil de pequeño tamaño. Éstas están abocinadas al interior y son de dos tipos diferentes: las del extremo norte, situadas a una cota más baja y en cuya factura se utilizaron ladrillos, y el resto, ubicadas en lo alto del muro y abiertas directamente en la mampostería. La localización de estas últimas indica la existencia de una plataforma interior de madera adosada a la pared sobre la que se colocarían los soldados para abrir fuego, mientras que los distintos tipos de obra podrían señalar una datación más antigua para algunas de ellas; concretamente de la Guerra de la Independencia. No hay que olvidar que el convento de Santa Cruz fue utilizado como cuartel y como hospital militar tanto por las tropas francesas como por las británicas durante esa contienda, por lo que es muy probable que también levantasen posiciones fortificadas en sus inmediaciones.
 
La primera Guerra Carlista fue la primera guerra civil española contemporánea y tuvo gran importancia para la historia de Santander, que incluso se ganó en ella uno de los títulos que adornan su escudo, el de “Decidida”, así como el de “Excelentísimo” para su ayuntamiento. La victoria de las tropas salidas de la capital montañesa sobre los carlistas en la “Acción de Vargas”, en 1833, decidió en gran parte el curso de la guerra al mantener a la ciudad en el bando cristino, impidiendo la caída de todo el norte en manos del pretendiente. Santander se convirtió desde entonces en uno de los centros de operaciones del ejército y la flota liberales en esa parte de la Península y en un apoyo fundamental para sostener la lucha en Vizcaya y la zona oriental de Cantabria y para levantar el sitio a Bilbao, otro de los puntos de inflexión de la contienda, que también tuvo su remate bélico en Cantabria, en la Batalla de Ramales, en 1839. Ese papel fundamental en la lucha contra la reacción absolutista quedó marcado en el imaginario colectivo de la ciudad y, sobre todo, de la elite burguesa liberal santanderina durante el siglo XIX e inicios del XX.
 
Por todo ello, el grupo Frente de Santander solicita de las administraciones competentes la documentación completa de la muralla, su catalogación como parte del patrimonio de la ciudad y su conservación -o al menos la de una parte significativa de ella- e integración en el proyecto de construcción de las VPO, con su consiguiente puesta en valor. También espera que la obra cuente con seguimiento arqueológico, atendiendo a la rica historia del lugar en el que tendrá lugar, tanto desde el punto de vista militar -fuerte- e industrial -fábrica de tabacos- como del de la evolución del entramado urbano de la ciudad -huerto monástico en el Arrabal de Fuera la Puerta, por no mencionar la cercanía a dos Bienes de Interés Cultural como son el Hospital de San Rafael y el propio Convento de Santa Cruz.