Cara y cruz en San Isidro: oreja para Román, ovación para Roca Rey y grave cornada para Escribano ante interesantes 'adolfos'

El sevillano sufre herida de 25 cm. y lesiones en pierna izquierda, y Román de 5 aunque leve

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31-05-2019
Emilio Martínez OcioCrítico
 
 
La expectación que se creó con el reto que suponía el debut del número uno actual, Roca Rey, frente a bicornes de divisas duras, en este caso la de Adolfo Martín, era grande. Y el peruano cumpliò de sobra en su segundo con una faena de altos kilates artísticos que malogró a espadas. Como también destacó otrea labor valerosa y ortodoxa de Román, que le valió una oreja. Y la parte negativa fue para un entregado Manuel Escribano, corneado de importancia por el cuarto. Todo ello ante un interesante encierro de 'adolfos' que si bien defraudaron en la primera parte, los tres siguientes fueron un dechado de casta.

Segundas partes sí fueron buenas para tres de los cuatro protagonistas del festejo que mayor expectación había despertado de todo el ciclo: el actual Rey del escalafón, Andrés Roca; su colega Román y el ganadero Adolfo Martín. Y nefastas para Manuel Escribano, al que el segundo de su lote le pegó un cornalón en la pierna izquierda de pronóstico grave. Ea, así es la Fiesta.

Se compensó lo acontecido, una nimiedad, en la primera. Fundamentalmente, y esto es menester recordarlo de continuo, porque falló el elemento base del espectáculo: el toro. Mas a partir del cuarto el interés se disparó por idéntica razón: salió ‘Español’ con gran codicia y también nobleza dentro de las características de este encaste. Y Escribano se entregó en banderillas con un intento de último par al quiebro junto a las tablas y de geometría imposible en el que su enemigo le perdonó la cornada.

No se arredró el sevillano, que se fue al centro del ruedo para jugársela de nuevo ante las llamativas velas temerosas del burel en dos escalofriantes pases cambiados. Luego llegaron dos series de vibrantes redondos, pero ya por debajo de la boyante embestida de ‘Español’, que necesitaba una muleta con mayor sazón artística, lo que no caracteriza a Escribano, que siguió voluntarioso y muy por debajo de lo que le ofrecía el burel.

Ya cuando la faena iba finalizando, 'Español' había aprendido y se tragaba como muchos dos muletazos. Cual ocurrió con otra serie al natural, en la que en el tercero alcanzó e hirió al entregado coletudo. También el siguiente funo, ‘Mentiroso', tenía una catadura similar, aunque algo inferior, a su hermano, que Román sí aprovechó a base de valor, verdad y ortodoxia. Siempre en el sitio, el valenciano le fue extrayendo tandas que aunaban clasicismo y aguante con los pies clavados, incluso cuando el burel le hizo dos parones que ni le inmutaron, y concluyó con unos improvisados adornos antes de volcarse sobre el morrillo del toro en un volapié espectacular.

El nivel iba ‘in crescendo’ y faltaba la explosión final, que cómo no, la iba a hacer Roca Rey, consciente de que debía dar la talla que le corresponde como máxima figura. Y la dio.. Fue ante otro gran bicorne, ‘Madroñito’ –una reata de nombres que tanta gloria han otorgado a la divisa- , también encastado y de embestida humillante, con el que el peruano –en cuyo debe hay que apuntar que pasó inadvertido con el percal y no intentó ni un quite en toda la tarde- se explayó toreando.

El silencio se cortaba cuando el Rey le dio distancia a su enemigo no para el pase cambiado sino para torearlo en redondo con temple y ligazón en varias series siempre con la mandona muleta a rastras.Después se enfrontiló a ‘Madrioñito’ y llegaron los sedosos y profundos naturales a compás abierto, todo en el platillo, preñados de lentitud y majestuosidad. E incluso se permitió pases de pecho mirando a los tendidos. Eso sí, también en su debe hay que apuntarle el habitual ventajismo de que pocas veces cargó la suerte ni ofreció la pierna contraria –así es el toreo moderno incluso con su Rey-.

Con el público vibrando de emoción, Roca fue cerrando al burel hacia las tablas con trincherazos y otros adornos y tenía virtualmente en su esportón las dos orejas. Virtualmente, porque un pinchazo y un feo espadazo tirando a bajonazo dejaron todo en una fuerte petición, de esas en las que el usía decide y em este caso decidió bien por los fallos con la tizona.

Con o sin trofeo, la lección estaba explicada y el Rey, tras su Puerta Grande del anterior festejo, se mantiene en la cúspide. Fue un magnífico colofón a la corrida que borró su primera parte. En ella, Escribano tampoco aprovechó las escasas embestidas del burel que abrió función, que se acabó pronto. Algo similar le ocurrió al siguiente 'adolfo', solo que se le acabó antes a Román, quien, fiel a su estilo, lo intentó al máximo, recibiendo un puntazo en glúteo izquierdo por el que se vio obligado a pasar por la enfemería.

Y el Rey sólo dejó algún detalle suelto ante el descastado que le correspondió en primer lugar, aunque tampoco el peruano echó toda la carne en el asador como en el otro.

FICHA

Toros de ADOLFO MARTÍN, justos de trapío y de juego desigual: 1º y 2º, noblotes, flojos y sosos; 3º, descastado; 4º, 5º y 6º boyantes y con casta. MANUEL ESCRIBANO: silencio tras aviso; herido por el 4º, al que Román mató. ROMÁN: ovación; oreja tras aviso. ROCA REY: división; gran ovación tras petición. Plaza de Las Ventas, 30 de mayo, 16ª de Feria. Lleno. Enfermería: Manuel Escribano fue atendido de cornada en el muslo izquierdo con una trayectoria hacia externo craneal y posterior de 25 centímetros que produce destrozos en musculatura aductora, vasto interno, contusiona vena femoral, lesiona colaterales, rodea cara posterior del fémur y alcanza la cara posterior del muslo. Pronóstico grave. También Román, a la muerte del segundo, fue atendido de herida por asta de toro en región glútea izquierda de 5 centímetros, hacia línea media que lesiona fáscia superficial y glúteo mayor. Fue intervenido bajo anestesia local. Pronóstico: Leve, que no le impidió continuar la lidia.