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In memoriam de Emilia Fuentevilla, del Bar Cumbrales, de Polanco

Emilia me reconoció inmediatamente y vino presto a ayudarme. Mira que la mujer lo intentó, pero mi torpeza perceptiva y motriz no me permitió finalizar exitosamente la tarea.

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In memoriam de Emilia Fuentevilla, del Bar Cumbrales, de Polanco
24-07-2022
 
POR TINO BARRERO
 
Milia no ha sido una vecina más. Ha sido, para mi, un personaje singular, con el que me he cruzado en muchas y diversas ocasiones a lo largo de mi trayectoria vital. El primer recuerdo que me viene es en el instituto, en un examen de por libre de Dibujo de 1º bachiller. Allí estaba ella junto a otros profesores, y nosotros con el acojono propio de unos chavales de 11 años que salen, prácticamente por primera vez, del pueblo y encima a examinarse ante unas personas (profesores) que no han visto en su vida.

Allí estaba enfrentándome a dibujar aquél maldito arpa encintado ( creo era el más difícil de los que contenía el block de dibujo) al que no era capaz de meter mano. Emilia me reconoció inmediatamente y vino presto a ayudarme. Mira que la mujer lo intentó, pero mi torpeza perceptiva y motriz no me permitió finalizar exitosamente la tarea. Total, Insuficiente (3).Nunca olvidaré aquel arpa y sus cintas enrevesadas. Y por supuesto los grandes esfuerzos de Milia por ayudarme.

Después coincidí con ella en el Circulo. El Circulo era los encuentros que teníamos en un local junto al ayuntamiento, en los bajos de la casa donde residía don Celestino, el maestro. En ese local nos juntábamos críos y crías, tutelados por Emilia y hacíamos teatro leído, pintábamos murales sobre papel, ensayábamos canciones y villancicos y qué se yo cuántas cosas más. Con ella participamos en algún concurso de villancicos en Santander. Bueno, el Circulo era un lugar alegre de encuentro de chavalería. No había absolutamente nada más en el pueblo.

Unos años después me vuelvo a encontrar con ella para prácticas deportivas. No me explico cómo se la ocurrió llamarme para esos menesteres. ¡Tino haciendo deporte!. Trajo a un amigo de ella, un tal José Luis, y nos puso a correr… Ni uno, ni dos, ni tres kilómetros, llegamos a ocho kilómetros, subiendo y bajando cuestas, prao adelante. Nos preparaba en hacer saltos de longitud, incluidos los triple saltos; saltos de altura, lanzamiento de pesos y no sé cuántas cosas más que resultaban onerosas para mi cuerpo. Eso duró un corto tiempo.

Ya con posterioridad, me cruzo con Emilia en su bar, con el exquisito blanco, con sus detalles a modo de tapa y los pinchosa de tortilla que preparaba para domingos y festivos ¡ Cuánta nostalgia de aquel bar, de aquellos años!

En dicha taberna se pergeñó la creación de la fiesta de San Elias en Soña. Dos de la tarde de un día cualquiera, vecinos de Soña habituales en el blanco, hablando y hablando, se había decidido transformar un lavadero de Soña en una capilla. En su construcción iban a colaborar todos los vecinos; Esteban como albañil, el primero. Había que buscar un santo para dedicar la capilla como advocación. Y hablando, y hablando, creo que fue la propia Emilia a quien se le ocurrió San Elias que se conmemora en el pleno verano, mes de julio y anterior a la patronal de San Pedro y de San Roque celebradas en agosto. Fiesta que se dedicó a los cicloturistas, por eso de que Elias había partido en un carro de fuego.

Bastantes años después, ya en 2005, volvimos a coincidir como miembros del Primer Comité de Hermanamiento de Polanco, con al Ayuntamiento galo de Bruges.

La verdad es que muchas veces se ha entrecruzado nuestras vidas, muchos recuerdos y vivencias. Y también, todo hay que decirlo, ha habido que tirar de la paciencia contigo, cuando has dejado aflorar esa actitud de engreimiento. Te recuerdo tras la barra, moviendo la medalla , con la mano, de un lado a otro, a modo de abanico, con ese exceso de empoderamiento del “ tú qué me vas a decir….” o el “porque yo…”. En fin, Milia, te llevas muchísimo más a favor que en contra; te llevas mi reconocimiento, mi gratitud y cariño.

Hoy, cuarenta años después de aquella primera fiesta de San Elias en Soña, en plena conmemoración festiva, has partido. No sé si en carro de fuego, pero sí con el calor de todos cuantos te hemos querido. ¡ Vuela alto, amiga Emilia! DEP. Y un abrazo a tus hermanos y familiares.

P.D.: Y como genio y figura que has sido, hasta última hora te has dedicado a los demás. Tu último tiempo dedicado a dirigir un coro en la que ha sido tu última morada. La Residencia- Asilo San José.