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José Ramón Saiz afirma que "no impondré ninguna línea ideológica excluyente; estarán todos los que merezcan una semblanza"

El autor aprovechó el acto para reparar públicamente un error que había cometido en otros trabajos literarios con el alcalde Gervasio Herrero González al estar presente su nieta Luisina Herrero.

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25-06-2021
Se celebró ayer con el aforo permitido lleno, la presentación del II tomo de la obra SEMBLANZAS TORRELAVEGUENSES, acto que permitió dar a conocer biografías brillantes de Torrelavega del siglo XIX que a pesar de sus muchos méritos no están en el callejero de la ciudad. El próximo tomo aún se referirá -anunció- a protagonistas de la vida local de los ochocientos -especialmente del último tercio del siglo- para entrar posteriormente en el siglo XX.

Dijo en el acto que las biografías que aparezcan en próximos tomos estarán en relación directa con sus trabajos por la ciudad, al margen de si fueron comunistas, liberales, primoriveristas, anarquistas, franquistas, de centro o de cualquier ideología, incluidos masones y librepensadores. Citó el autor a los masones porque en Torrelavega del XIX existieron muchos -y todos ellos muy ilustrados- al formarse en la Villa en 1880 una Logia Masónica con el nombre de Cantabria. En consecuencia, señaló que no trazará ninguna línea ideológica que excluya a personajes que a su juicio merecen una semblanza biográfica.

José Ramón Saiz aprovechó el acto para reparar públicamente un error que había cometido en otros trabajos literarios con el alcalde Gervasio Herrero González, de familia de Selaya, que se casó con la primera Fernández-Abascal que vino a Torrelavega. De este alcalde -el último del siglo XIX y primero del XX- "escribí en su día que fue masón con el nombre de Sócrates, aunque no caí en el error repetido de que abandonó la alcaldía para no presidir la inauguración de la Iglesia de la Asunción por su afiliación masónica. Pues bien. El verdadero masón fue su primo, Santiago Gervasio Herrero González (vean que coincidían en el nombre y los dos apellidos), librepensador y muy querido por los suyos, que cuando presintió su muerte puso un cartel en su casa de "Prohibida la entrada a curas".

Por otra parte, afirmó que es falso que el alcalde Gervasio Herrero dimitiera para no acudir a la inauguración del templo de la Asunción de don Ceferino Calderón; "en realidad -indicó- fue suspendido injustamente del cargo por el Gobierno, que entonces tenía esas atribuciones".

Dije todo ésto el autor ante su nieta, Luisina Herrero, que asistió al acto. Un dato más que aportó José Ramón Saiz: "Gervasio Herrero que como alcalde convocó a los más importantes capitalistas de la Ciudad (1898) para suscribir un empréstito con el fin de construir la primera traída de agua potable (finalmente desde los montes de Cohicillos, gracias al médico oftalmólogo taniego Adolfo Ruiz de Rebolledo), fue como persona católico, apostólico y romano, como lo eran todos los de su tiempo".

De las 25 biografías de este tomo solo aparece una mujer (Josefina Lamarca) de nacionalidad chilena que tuvo un importante protagonismo en la educación en Torrelavega. Fue la monja que fundó la Congregación de los Sagrados Corazones en la Villa y Ciudad, estableciendo primero un colegio para pobres en un piso de la Plaza Mayor que proporcionó a las hermanas el párroco don Ceferino. Se inició así una historia de 150 años de actividad educativa. Merece la pena conocer su biografía en un siglo que la mujer, salvo muy contadas excepciones, apenas tenía relevancia pública.

Finalizó agradeciendo a todos los presentes su asistencia al acto a pesar de la emergencia sanitaria que ya a la baja estamos viviendo, pero que aún condiciona nuestras vidas.

Por cierto, la Hemeroteca y el Archivo de Torrelavega siguen cerrados al público, mes y medio después del final del estado de alarma. Son muchos meses de "prohibido el paso", aún cuando su personal hace mucho más de lo que pueden en atender a los ciudadanos en general que requieren sus servicios. Esta medida es muy difícil entenderla, cuando la Hemeroteca de Santander permanece abierta desde hace un año.
Este libro está dedicado con todo mi sentimiento a mi cuñado Gil Revuelta Laguillo, fallecido el 28 de enero de este año, empresario de referencia en la década industrial torrelaveguense de los años sesenta del siglo XX, siempre en el recuerdo de su familia y amigos.