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Se cumplen, hoy, cincuenta años del Centro Fernando Arce para la formación de personas con discapacidad

Medio siglo de fecunda labor y de reconocimiento de derechos para las chicas y chicos que han podido formarse superando, en ocasiones, sus discapacidadades

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01-02-2021

En la imagen, momento de la inauguración, que contó con la presencia del doctor Fernando Arce y su esposa, María Victoria Gómez; alcalde de la ciudad, Jesús Collado Soto; presidente de la Fundación Asilo, Juan José Cacho Fernández-Regatillo, además de otras autoridades, médicos y periodistas. Bendiciendo las instalaciones, el párroco de San José Obrero, Teodosio Herrera.


HOY, 2 DE FEBRERO, SE CUMPLEN CINCUENTA AÑOS de la fundación del Centro Fernando Arce para la enseñaza de personas con discapacidad. Fue un acontecimiento importante con el fin de paliar en lo posible un déficit educativo existente en la ciudad y en otros lugares de España, como fue la atención educativa para niños y niñas con discapacidad. El Asilo San José de Torrelavega acogió el centro, en aquellos inicios de la década de los setenta. El Centro Fernando Arce cumplía cinco años de existencia cuando comenzó a construirse el nuevo Asilo (1976) como una estructura moderna de Residencia para la Tercera Edad

En aquél tiempo, el modelo educativo aun no reconocía todos los derechos que hoy tienen las personas con discapacidad. Pero con el paso de los años, la sociedad en general ha reconocido plenamente a estas personas desde lo que fue un centro de asistencia y formación de minusválidos psíquicos a lo que es hoy en cuanto a educación de personas con algun tipo de discapacidad, pero con iguales derechos que los demás. 

Fue, entonces, una institución creada a instancias del doctor Fernando Arce Alonso y de su esposa, Victoria Gómez, que recogieron con entusiasmo una sugerente llamada pública lanzada en la prensa por el médico pediatra, Alejandro Palacín Poveda, sobre el problema de este colectivo y de sus padres. En recuerdo de su hijo, el Dr. Fernando Arce Gómez y su esposa, Victoria Gómez, aportaron el capital necesario para poner en marcha este centro que fue inaugurado, como se ha señalado, el 2 de febrero de 1971, después de que la Fundación Asilo cediera los terrenos para llevarse a cabo la construcción del mismo.

La jornada del 2 de febrero de 1971 fue muy especial para un buen número de padres que, por primera vez, asistieron a un acontecimiento especial en sus vidas, en concreto cómo un centro especializado acogía a sus hijos para ofrecerles el derecho a la educación del que eran sujetos activos.

Hasta la construcción del Centro Fernando Arce, la atención a los minusválidos psíquicos se venía realizando en una unidad que se había creado donde se levanta la Casa de la Cultura. Su tutora era María Ángeles Gutiérrez que después se integró en el Centro Fernando Arce junto con Blanca Benito, Rosa María Urtiaga y Mariam Gómez, que formaron el primer equipo de profesores. En este equipo impartía clases de Música y Psicomotricidad, Maite Alcalde, y Rosa Ferrera era la encargada de los talleres donde los alumnos hacían los trabajos manuales. Angelita Raba realizaba, por su parte, funciones de trabajadora social, con especial atención a que los chicos acudieran al centro, así como atendiendo las peticiones de los padres.

La primera persona que dirigió el centro fue la Hermana Beatriz. De la atención, el aseo y la comida de los niños se encargaba la Hermana Alicia, dos monjas de la Congregación de las Hijas de San José del Asilo, ambas auxiliadas por un conserje, Juan García, que cuidaba del mantenimiento del centro. Existía, además, un servicio médico formado por los doctores Alejandro Palacín y José Monforte, que acudían dos veces a la semana y hacían un seguimiento de los alumnos, controlando todo lo referente a su salud y, especialmente, a su medicación. El doctor Monforte se encargaba de realizar las pruebas psicológicas a los alumnos.

En estos primeros años, hasta que las ayudas oficiales se fueron intensificando, el Centro se mantenía gracias a las aportaciones de particulares como de empresas benefactoras. Por su parte, los padres abonaban tres mil pesetas mensuales, de las que la mitad correspondían a la ayuda oficial por minusvalía, lo que indicaba el importante esfuerzo económico que debían realizar.

En definitiva, cinco décadas de fecunda labor y de reconocimiento de derechos para los chicos y chicas que han podido formarse superando, en ocasiones, sus discapacidadades gracias a los avances sociales y de derechos en esta etapa de medio siglo.