Edita: Cantabria Ediciones On Line 24 horas. Director: José Ramón SAIZ FERNÁNDEZ
Diario Digital controlado por OJD

Ana Botín y Elena García Armada recibieron los Premios Beato de Liébana 2021

El presidente cántabro ha reconocido los valores de las dos mujeres “imbatibles” y ha destacado el nivel de las distinciones

Enviar a un amigo
18-07-2021

 

Revilla con las dos premiadas, Ana Botín (izquierda) y Elena García Armada (Foto: Nacho Romero)

 

La presidenta de Banco Santander, Ana Botín, y la científica Elena García Armada, responsable del primer exoesqueleto infantil, recibieron ayer, de manos del presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, los Premios Beato de Liébana.

El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, que ha presidido la ceremonia de entrega celebrada en la explanada del Monasterio de Santo Toribio (Camaleño), ha destacado el nivel de las dos premiadas que ha considerado “imbatibles”. “Es difícil a nivel de España dar dos premios con el nivel de estas dos mujeres en distintas facetas de la vida”, ha dicho Revilla que ha añadido que “los cántabros nos sentimos orgullosos de vosotras”.

El jefe del Ejecutivo, que ha insistido sobre el valor histórico y cultural de la figura de Beato de Liébana y su importancia en la vertebración de España desde el punto de vista ideológico, ha expresado su “orgullo” por el éxito de la científica Elena García Armada “en un país donde la ciencia, la tecnología y la innovación no ha sido precisamente la vanguardia”. Revilla ha hecho referencia a la admiración de sus padres, profesores de la Universidad de Cantabria que el presidente conoció en sus tiempos de docente en esa universidad y ha elogiado su labor en la investigación beneficiando la calidad de vida de millones de niños en el mundo con el desarrollo de su tecnología.

Con respecto a Ana Botín, el presidente cántabro, que aludió a su presidencia “en el banco más importante de la UE” y al hecho de que está considerada como una de las personas más influyentes del mundo, quiso destacar su filantropía, señalando sus aportaciones de medios y recursos en los momentos más críticos de la pandemia con la adquisición de respiradores, mascarillas e hidrogeles de los que se carecía y se necesitaba con urgencia. Revilla agradeció en aquellos momentos la ayuda de Ana Botín, “ya que la Administración no siempre puede agilizar trámites para realizar las compras”, y el hecho de que se sienta cántabra, aludiendo a la riqueza que supondrá para Santander y Cantabria abrir la sede del banco del Paseo Pereda como museo.

Tras recibir el Premio Beato en la modalidad de Entendimiento y Convivencia, Ana Botín, después de destacar la figura de Beato de Liébana y su impulso al Camino de Santiago al que ha definido como “internet medieval de las ideas”, ha manifestado la importancia del entendimiento y el método científico como “base de nuestra civilización”, en clara alusión a la otra premiada, Elena García Armada. En su discurso de agradecimiento, Ana Botín ha designado como “enemigos” de la sociedad actual al cambio climático, al COVID, a la desigualdad y “el no hacerles frente”, y ha exaltado los valores de la concordia y el consenso, señalando que “es evidente que las soluciones para sociedades tan diversas, con minorías tan poderosas y valiosas como las que hoy tenemos, sólo pueden venir si nos ponemos todos de acuerdo”, ha dicho. Tras reconocer que no son tiempos para condenar las herejías, sino para pactar y actuar, ha confesado que sus tres palabras favoritas son “entendimiento, concordia y actuación”.

Por su parte, la ingeniera e investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Elena García Armada, ha evocado en su discurso su vinculación con Cantabria y el ambiente de estudio que vivió en su familia con sus padres como profesores en la Universidad de Cantabria. La científica, que ha recibido el Premio Beato en la modalidad de Cohesión Internacional, ha destacado el valor de una tecnología que llegue a la sociedad, como la que ha podido desarrollar en su empresa Marsi-Bionics donde los resultados de la investigación pública han podido llegar a todas las familias que lo necesiten para poder cambiar vidas con innovación y tecnología aplicadas a la terapia de las enfermedades neurológicas en la infancia como la atrofia muscular espinal y la parálisis cerebral. “Pero más allá del éxito de ser pioneros -ha dicho- está el hecho de poder mejorar la calidad de vida de 17 millones de niños en el mundo”. García Armada ha hecho un llamamiento a las autoridades sanitarias, científicas, industriales y financieras para seguir contribuyendo a este proceso “porque no hay un motor más potente para la innovación que la sonrisa de un niño que se contempla caminando”.

El acto ha tenido lugar en la explanada del Monasterio de Santo Toribio de Liébana, donde Revilla ha estado acompañado por la mayor parte de los consejeros, el obispo de Santander, Manuel Sánchez Monge; el presidente del Parlamento, Joaquín Gómez; el alcalde de Camaleño, Óscar Casares y otras muchas autoridades locales y regionales, además de representantes de otras asociaciones y entidades.

Los méritos

Los Premios Beato de Liébana tienen como finalidad honrar y reconocer a personas físicas o jurídicas e instituciones que se hayan distinguido en el desempeño de su actividad o por su trayectoria de contribución al entendimiento, la convivencia y la integración y cooperación internacional, con especial atención al ámbito territorial europeo.

En el caso de Ana Botín (Santander, 1960), el Gobierno de Cantabria reconoce su exitosa trayectoria profesional y su actividad filantrópica a través de las Fundaciones CyD y Empieza por Educar. Destaca también su compromiso con la cooperación universitaria en Iberoamérica de la mano de Universia y con una sociedad más equitativa, inclusiva y sostenible, misión que persigue la Fundación Banco Santander.

Licenciada en Ciencias Económicas por el Bryn Mawr College (Pennsylvania, Estados Unidos), preside el Banco Santander desde 2014 y está considerada como una de las mujeres más influyentes del mundo por la revista Forbes.

Y de Elena García Armada (Valladolid, 1971), el Ejecutivo regional valora su labor investigadora en la aplicación de la robótica al servicio del ser humano. García Armada es ingeniera industrial, doctora en robótica e investigadora del Centro de Automática y Robótica (CAR) del CSIC, y ha liderado el desarrollo del primer exoesqueleto pediátrico diseñado para ayudar a caminar a niños con graves problemas de movilidad.

Sus trabajos han dado lugar a 8 patentes y a 118 publicaciones científicas, y su impacto investigador ha sido reconocido con 40 premios otorgados por instituciones internacionales de prestigio.

Representa a la ciencia española y es miembro del jurado de los Premios Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica, entre otros. Igualmente es miembro del Jurado del Premio Nacional de Transferencia Tecnológica y es Académica de Honor de la Real Academia de Medicina de Cantabria.

Las candidaturas de Ana Botín y Elena García Armada fueron propuestas por la Asociación Liébana en el Camino y la Fundación Instituto de Investigación Marqués de Valdecilla (IDIVAL), respectivamente.

Sus nombres se unen a los de Josep Borrell, Manuel Gutiérrez Aragón, Silvio Rodríguez y el Padre Ángel (presente en el acto de hoy), que recibieron los Premios Beato en 2018 y 2019, y al personal de los centros sanitarios y residenciales para personas mayores y con discapacidad de la comunidad autónoma, que fueron galardonados con el Premio Beato de Liébana del Entendimiento y la Convivencia 2020 por su comportamiento ejemplar y profesionalidad durante la pandemia de la Covid-19.

El galardón es una estatua de bronce, obra de la artista cántabra Mercedes Rodríguez Elvira. Representa unas alas de ángel, muy frecuentes en la iconografía de Beato, que dan protección al Monasterio de Santo Toribio de Liébana y al entorno montañoso que lo rodea.

Tras el acto de la entrega, Revilla y las dos premiadas han tenido ocasión de mostrar sus respetos al Lignum Crucis, la reliquia del trozo de la cruz donde murió Cristo más grande que se conserva, y que se guarda en el monasterio lebaniego.