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Funeral, esta tarde, en recuerdo de Justo Echevarría, fuente oral de primer orden de historia de Torrelavega

Hoy, jueves, a las 16 horas en la iglesia de la Virgen Grande. La capilla ardiente se puede visitar en el Tanatorio del Asilo San José.

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20-01-2021
Por José Ramón SAIZ.

REPRESENTA PARA MI UNA TRISTÍSIMA NOTICIA dar cuenta del fallecimiento de JUSTO ECHEVARRÍA LAGUILLO a quien siempre he considerado una fuente oral de gran importancia para conocer la Historia con mayúsculas de Torrelavega de los últimos ochenta años. Estas Navidades le llamé para felicitarle las fiestas y supe de su estado de salud que se ha ido agravando en las últimas semanas. Para mi ha sido una persona irrepetible por sus certeros relatos de historias de la ciudad y de sus personajes que él conoció desde niño, afrontando en buena parte de la segunda mitad del siglo XX todas las dificultades de las personas de su generación. Confieso, desde mi reconocimiento personal, que sin su cooperación hubiera sido imposible relatar la historia de Torrelavega a lo largo del siglo XX, trabajo de investigación elaborado a través de doce tomos. En el último, le hago un reconocimiento a su hidalga y desinteresada labor.

En un trabajo en el que se ofrecen cinco o seis mil imágenes, su apoyo fue decisivo en identificar a muchas personas. Siempre he sostenido que una imagen en la que no estén identificadas las personas, no tiene valor alguno, salvo que sea de un acontecimiento extraordinario. Mi último libro -que le finalicé hace unas semanas- sobre siglo y medio de la llegada de la primera imprenta a Torrelavega, está dedicado a lo que Justo Echevarría representó al menos para mí: ser una fuente oral de primer orden de la Torrelavega que fue.

Obrero cualificado en varias empresas, la última en Talleres Obregón. Digo obrero porque tenía a gala, desde un orgullo perfectamente entendible, destacar el sacrificio familiar para lograr que su hija Pilar culminara con éxito la carrera de medicina con una beca de la Fundación Marcelino Botín, además de formar a sus hijos Ángel Justo y Sergio para labores cualificadas en sus trabajos profesionales. Es decir, Justo Echevarría, además de servir a la historia de su ciudad, fue un hombre que con su esposa, Pilar Villegas, se sacrificaron ejemplarmente en promocionar a sus hijos sintiendo el legítimo orgullo que ello proporciona. Fue, por tanto, una persona con todas las consecuencias en ese gran objetivo de hacer una gran familia.

En Sierrapando, donde vivía, dio múltiples muestras de trabajar y cooperar en acciones cívicas que con seguridad sus convecinos le reconocen porque puso en ellas entusiasmo y grandeza humana.

A los 86 años ha fallecido, tres semanas después de la muerte de otro gran torrelaveguense al que Justo quería y reconocía por su trayectoria siempre ejemplar: Julio Alonso Arce.

Torrelavega pierde mucho más que un ciudadano. Decimos adiós, con gran cariño y afecto, a una persona que sentía entusiasmo por Torrelavega y su historia. Una fuente oral que conocía al detalle lugares, establecimientos, personas, desvelos, esperanzas y frustraciones de la Torrelavega que fue de las últimas ocho décadas.

La capilla ardiente se encuentra en el Tanatorio del Asilo y el funeral será mañana, jueves, a las 16 horas en la iglesia de la Virgen Grande.