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Joyas por descubrir en Torrelavega, un artículo de Joaquín Díaz

La Iglesia de El Salvador fue construida por la empresa Sniace, que también construyo el poblado para sus trabajadores. Ocupa un lugar preferente en una plaza porticada que imita a la de un pueblo castellano.

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Joyas por descubrir en Torrelavega, un artículo de Joaquín Díaz
11-01-2022

UN GRAN CONJUNTO ESCULTORICO EN LA PARROQUIA DE EL SALVADOR EN TORRELAVEGA

Por JOAQUÍN DÍAZ RODRÍGUEZ

Existen en Torrelavega algunas joyas artísticas desconocidas para la gran mayoría de torrelaveguenses, no para los vecinos de El Poblado de Sniace que conocen esas maravillosas obras artísticas ya que se encuentran en la pequeña iglesia de El Salvador (1948-1951). La Iglesia de El Salvador fue construida por la empresa Sniace, que también construyo el poblado  para sus trabajadores. La iglesia ocupa un lugar preferente en una plaza porticada que imita a la de un pueblo castellano.

Las obras artísticas a las que nos referimos son varios conjuntos escultóricos de carácter religioso realizados en madera de nogal por el escultor extremeño Gabino Amaya Guerrero (Puebla de Sancho Pérez, 1896 – Madrid, 1979). Los relieves y obras escultóricas representan escenas de la tradición católica. Son de una gran belleza destacando entre ellas escenas de frailes franciscanos, un magnífico descendimiento en el que destaca una María Magdalena con una preciosa melena dorada, San Francisco orando a la Virgen, un fenomenal San José Carpintero trabajando y contemplado por la Virgen y el Niño y una bellísima representación de San Francisco y el Lobo.

El autor de estas obras de arte es Gabino Amaya Guerrero. Gabino Amaya nació en una familia muy modesta de pastores y con pocos recursos económicos, para ayudar a la familia tuvo que dedicarse a las tareas de pastoreo de zagal en la majada.

Su afición a la escultura comienza de muy niño. El juego y la escultura nacieron en él unidos pues jugaba a hacer esculturas. Sus primeros modelos fueron sus ovejas y los campesinos que se encontraba a su paso con el rebaño. Con 18 años se va a Madrid y el escultor D. Lorenzo Cullant Valera le ofrece su estudio y su orientación como maestro. Tras un tiempo entró en la Academia de San Fernando. Un día de nieve en Madrid, frente al museo del Prado y para entretenerse esculpió un busto de Cervantes. Numerosos transeúntes paraban a contemplar la obra improvisada y algunos periodistas sacaron fotos. La expectación llegó al punto que hasta el director del Museo del Prado, el pintor D. José Villegas, bajó a saludar al joven escultor. D. José Villegas le ayudo y le aconsejó solicitar pedir una pensión en su tierra extremeña. Consiguió esa beca con la obra “El Zagalillo de Fuente de Cantos”. Con la obra “El zagalillo de Fuente de Cantos”, le fue concedida una pensión por la Excelentísima Diputación de Badajoz, presidida por Sebastián García Guerrero, y con la que pudo costearse estudios de escultura, dibujo y cultura general en Los Luises de Madrid.

 

El 7 de junio de 1919, Amaya Guerrero ganó la Primera Medalla en la VIII Exposición del Ateneo de Badajoz.

En el año 1925, terminó el monumento dedicado al gran pintor Luis de Morales, el Divino, que ganó en reñido concurso con escultores de su época, como eran Aurelio Cabrera, Torre Isunza, Pérez Comendador y otros. El jurado estaba formado por artistas como Adelardo Covarsí, Antonio Juez, Eugenio Hermoso, etc. Fue costeado por suscripción pública y fue instalado en la plaza de la Constitución de Badajoz (ahora, plaza de España).

A partir de este momento, Gabino Amaya no deja de cosechar triunfos en toda España, como retratista, imaginero, compositor de retablos (son famosos sus Cristos en nogal) o por la realización de monumentos en Trujillo (Cáceres), Orense, Madrid, Vizcaya, Villanueva del Fresno (Badajoz), Torrelavega, Salamanca, etc.

Fue condecorado con la Gran Cruz de Isabel la católica el 6 de septiembre de 1925. El 12 de octubre de 1966, fue nombrado “miembro distinguido” por la Columbus Association de Trieste (Madrid). El 11 de noviembre de 1976, a sus ochenta años, la Sociedad Amigos de la Capa de Madrid lo nombró “caballero de la Capa”. Tres años después moría en el centro Ramón y Cajal de insuficiencia respiratoria. Su estudio, con innumerables esculturas, se ha conservado en Madrid, en la Avenida de los Toreros, por su nieto Gabino Amaya, pintor madrileño de innegable calidad artística y personal estilo.

Como ya hemos comentado, las obras de Gabino Amaya en Torrelavega se encuentran en la iglesia de  El Salvador y fueron adquiridas por la empresa Sniace en 1951, tres años después de la inauguración de la iglesia. Los grupos escultóricos no pasan desapercibidos a los visitantes. Son alto relieves, la mayoría  en madera de nogal y con un destacado trabajo expresivo religioso. Se encuentran en un perfecto estado de conservación y merecen ser conocidos y visitados por los amantes del arte.

Un valor más del patrimonio cultural e histórico de la ciudad.