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REVILLA, EL GRAN SOFISTA CÁNTABRO

Por Ramón Arenas San Martín

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A quienes nos gusta la filosofía clásica, normalmente disfrutamos leyendo a Sócrates, Platón y  Aristóteles. 

Se puede decir que estos  “padres” de la filosofía, a su vez fueron “hijos”, sobre todo Sócrates, de los pensadores que les precedieron; muchos críticos identifican los métodos de Sócrates, con el de sus predecesores, los sofistas, entre los que destacan Protágoras y Gorgias. Ríos de tinta han corrido acerca de si Sócrates era o no sofista.

Al sofista Protágoras se le conoce por cobrar elevadas tarifas por sus conocimientos acerca del correcto uso de las palabras, la oratoria o el arte de hablar con elocuencia. Como al sofista Gorgias que también era famoso porque tenía el poder de la persuasión por medio de la palabra y por cobrar a sus discípulos importantes cantidades por  enseñarles a discutir y argumentar.

En definitiva, el sofista se caracterizaba por  decir algo ahora y luego, lo contrario, pero con apariencia de decir lo mismo. Al igual que hoy hacen muchos políticos, apoyándose en unos magníficos discursos donde ahora dicen “digo” y luego “Diego” a través de su brillante oratoria y cobrando por ello, buenos sueldos del erario público.

El ejemplo lo tenemos en Revilla, que antes de ayer lanzaba a los cuatro vientos  que Cantabria había sido apartada de la red que le daría acceso a Francia y al resto del continente a través de Bilbao. Y hoy, nos dice que “Cantabria va a tener conexión a través de Palencia y no queda fuera del arco Atlántico ferroviario”.

Ya sabemos, “Revilla es Revilla” y con con el puro en la mano es capaz de mantener que el no fuma y se queda tan pancho.

Es cierto que a Revilla, no sólo le acompañan algunas características de los sofistas, como es su facilidad de palabra y el gracejo en su comunicación; sino que a ello se une la gran sintonía y simpatía que despierta y le ayuda, sin duda, a vender más libros.

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