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EL DESESPERADO ORDAGO DE SANCHEZ

Por ENRIQUE GOMARIZ

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El anuncio del presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, de dar un salto a la izquierda, poniendo impuestos “a los poderosos” (las eléctricas y los bancos) para financiar medidas sociales selectivas, no tiene buen fundamento económico. Los recursos (7.000 millones de euros) que pretende ganar en dos años, casi los ha perdido el país al siguiente día de que Sánchez anunciara su plan (6.500 millones de pérdidas en la bolsa).

No hay que confundirse. La causa de su envite es de orden principalmente político. Tras la debacle de las elecciones andaluzas, su resurrección mediática con la reunión de la OTAN en Madrid tuvo un agujero político: la evidencia de que su aliado de gobierno, Podemos, hacía público su desacuerdo en materia de defensa y seguridad, algo que, a la postre, fragilizaba la consistencia de su gobierno. Necesitaba una reconstrucción de esa consistencia y, al mismo tiempo, recuperar algo del apoyo ciudadano perdido.


 

Y acabó jugándose la suerte a la aventura. No es la primera vez que lo hace, incluso contra su propio criterio previo. Pero esa audacia le ha salido bien algunas veces. En esta oportunidad, la opción era complicada: recuperar al votante de izquierdas sin perder demasiado por el centro, cada vez mas inclinado hacia la candidatura del nuevo jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, según todas la encuestas.

El problema consiste en que esa estrategia se basa en un supuesto riesgoso: que es posible cavar un foso entre los poderes económicos y la clase media. Desde luego, eso ha sido posible en determinadas situaciones históricas al interior de las sociedades occidentales. Pero la cuestión consiste en saber si están dadas las condiciones que son necesarias para acometer esa operación. Ante todo, es necesario que las clases medias estén seguras de que las medidas que se adopten no les afectarán de forma sensible. Y ello requiere que la credibilidad de quien las propone sea elevada. Algo que no está claro que hoy posea Sánchez.

El otro factor refiere a la consistencia de la derecha al responder. Si existen fuertes divisiones internas o bien debilidad política orgánica de los sectores conservadores, eso facilitaría el envite para capturar el apoyo de las clases medias. Pero ese tampoco parece el caso. El reflejo Feijóo de la victoria andaluza parece haber convencido a Vox de que no hay que ponerse muy exigente en el camino para desbancar a Sánchez.

De hecho, tal como soplan los vientos en Bruselas, Sánchez sabe que la forma ideal para terminar con éxito la legislatura hubiera sido impulsar medidas progresistas que no chocaran con los poderes económicos, y, al tiempo, arroparan a las clases medias y a la clase trabajadora. Pero ese sendero se ha estrechado convulsivamente y Sánchez ha decidido una vez mas lanzarse en una fuga hacia adelante.

En ese esforzado envite está tratando incluso de inventar conceptos sociológicos. Ahora habla de “la clase media/trabajadora”. Como si ese juego de palabras le permitiera asegurar una alianza entre las clases medias y la clase trabajadora, que ha sido la fórmula tradicional de las socialdemocracias europeas. Pero esa empresa política necesita una perspectiva política de centro no demasiado beligerante, y lo que intenta ahora Sánchez es pasar a una ofensiva de izquierdas, a cara de perro con los poderes económicos y la derecha política. Es muy poco probable que la operación le salga bien. Está caminando cuesta arriba en la arena política y corre el riesgo de ser dominado por la fatiga. Si esto sucede, los sectores conservadores podrían ofrecer una alternativa de centro y ello le supondría a Sánchez perder estrepitosamente a la clase media.

Así, si lo que intenta es agotar la legislatura salvando los muebles en las próximas elecciones, puede encontrarse con una derrota apoteósica, bajo el estigma de la izquierda radical que llena de razones a la derecha. Si eso sucede, la recuperación política de izquierda podría consumir un largo plazo en el futuro inmediato. No sólo se juega su suerte hasta 2023 sino la de la izquierda a largo plazo. Pero tal vez eso no esté muy presente en sus cálculos.

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