La albañila campurriana

Por José María Frías del Hoyo

Enviar a un amigo

                                     

    Veintiocho floridos años, amplia y perenne sonrisa, joven, bella de continente y de contenido, amable donde las haya y femenina como la que más.  Es Soraya, la albañila: nacida en Nestares -Campoo de Enmedio- descendiente de la saga de los Varela, del mismo lugar, familia ejemplo de virtudes, sobre todo en el campo del trabajo. Para ella podemos decir, de raza le viene al galgo.  Padres: él albañil de oficio; ella, ama de casa, progenitores de un total de siete hijos. Además de la gran amistad que me ha unido a esta venerable familia, desde siempre, como amigo y vecino, en el caso de Soraya convergen, simultáneas por mi parte,  la amistad y la admiración además de la sorpresa al toparme de manos a boca, un buen día, con la noticia excepcional de que ella es una muy buena albañila. Concertamos una entrevista, a la que se presta amablemente y con mucho entusiasmo al saber que a tenor de su visita y su relato, confeccionaré para ella el cuaderno biográfico. Además, contando con su beneplácito, sin la menor traba, insertaremos el resultado de nuestra charla en algún medio.

-   Amiga Soraya: has accedido, sin cortapisas,  a mi petición de hacerte esta entrevista; de antemano te explico, a grandes rasgos, cual va a ser el desarrollo de la misma, rogándote sobre todo sinceridad. Vamos a soslayar preguntas y respuestas que denoten intimidades y por supuesto puedes elegir entre hacer constar tus datos personales o emplear seudónimo.

  -  Ten la seguridad, de que soy toda sinceridad al decir lo que pienso igual a  lo que siento. En ningún caso me agrada ocultar mi identidad. Por otro lado, me alegra que cuanto voy a manifestar se publique, porque las realidades, aunque mal suenen en algunos momentos para algunas personas, deben ser expuestas y con la mejor de las intenciones. Creo que la divulgación de mis inquietudes, de mis sentimientos y de mis ideales, aportará ese granito de arena positivo en el ánimo de mi género - femenino.  

-  ¿Te identificas también como profesional albañila?

-    Efectivamente, así es.

-   ¿Crees que eres una buena profesional en este oficio?

-    Creo que soy una estupenda albañila.

-   ¿Quien te ha dicho que lo eres?

-  Además de mi difunta abuela, -las abuelas son las que alaban incondicionalmente- han sido cuantiosas las felicitaciones que he recibido en la mayoría de las obras que he realizado: como digo lo que siento y además siempre he creído que la modestia excesiva es el arma defensiva de los hipócritas, pues te aseguro que me manejo bien en el uso de las herramientas de albañilería.

-   Es un oficio duro de esfuerzo y costoso de aprender bien aprendido. ¿Ha sido tu dedicación al mismo porque te gusta o por labrarte futuro económico prometedor?

-    Pues, la verdad, por ambas cosas.

 -   ¿Cuando comenzaste a sentir la vocación y que es lo que encontrabas positivo en cuanto a lo bonito?

-   Yo veía trabajar a mi padre y mis hermanos, contemplaba sus obras y sentía una cierta atracción por lo que hacían. Un bonito baño bien alicatado, una habitación construida con una simetría perfecta, bien embastada y dada de fino, las hileras rectilíneas de las tejas de un tejado, el asentamiento de las piedras de cantería, labradas, rodeando puertas y ventanas… Creo que la palabra crear adorna perfectamente la actividad de esta profesión. Con la sensibilidad de los ahondados sentimientos que todo lo bello produce en la mujer, admiré profundamente a mi padre y hermanos en su arte, y saboreando aquella frase… El que a lo suyo se parece honra merece, empecé a meter las narices entre el cemento y las masas.

-   ¿Qué edad tenías entonces?

-    Dieciséis.

-    A partir de entonces,  ¿te dedicaste sólo a la albañilería ?

-   No: verás. Después de la etapa de estudiante, en escuela pública, ya con el graduado escolar, he alternado aprendizaje, trabajo, y algunos estudios.  Asistí a la escuela de adultos, y también a la de artes y oficios del ayuntamiento de Reinosa. Después me examiné en Santander consiguiendo el título. 

-   Cuando empezaste con tu padre y hermanos, observabas o ya hacías algo práctico como ayuda…

-  ¡Hombre!…  Había que aprender, pero sin perder el tiempo ganando el pan desde el primer momento. Supongo que todo el mundo sabe que para llegar a ser un buen profesional, de oficio, hay que empezar por barrer el taller bien limpito.  Bueno, pues yo empecé por hacer masas a mano, sin hormigoneras, acercar ladrillos al pie de obra tabiquera, siguiendo lo mejor que se me alcanzaba lo de: pinche agua, pinche arena, pinche masa…siempre procurando andar bien lista para no hacer perder tiempo a los oficiales.

-     Recibías a menudo broncas de tus oficiales ?

-   Sólo alguna vez que otra, cuando no estás a lo que estás.  No: lo cierto es que cuando las personas con las que aprendes y trabajas están convencidas de que pones la mejor voluntad del mundo, para nada te violentan.

-   ¿Sentiste alguna vez el azote del llamado machismo?

-  Nunca jamás: Puedo decir alto y claro, en honor a la verdad, que en los trabajos he sido tratada con el más acentuado honor que la mujer merece; sobre todo guardo un estupendo recuerdo de los compañeros de la escuela taller  de los que recibía, a diario, el más cumplido de los respetos con el mayor de los afectos. Para qué decir de mi padre y hermanos, si a ellos mismos les daba reparo el que yo hiciera estas cosas que tradicionalmente siempre fueron cosa de hombres.

-   ¿Qué era lo que más preocupaba a tus hermanos ?

-   El que yo intentara estar a su nivel en los trabajos duros: para ellos era - el mío- un amor propio mal entendido. Por ejemplo, si descargaba cada uno trescientos bloques de un camión llegado a la obra, yo descargaba también trescientos bloques, aunque tuviese que dejar la piel en el embolao, con el convencimiento de que alguna vez ha de terminarse lo de El sexo débil que tan convencida tiene a esta sociedad.

 -    Es de suponer, que trabajando en familia, sólo con hombres, tendrías ciertas deferencias  a la hora de ajustarte las obligaciones.

-  Sí por cierto, pero yo no las admitía: así lo de husmear en todas partes y probar de todo, me llevó a la conclusión de que no iba a ser demasiado difícil aprender bien  el oficio.

-   ¿Ibas aprendiendo de  forma periódica y ordenada de lo fácil a lo difícil?

-   Por supuesto que sí, dejándome enseñar por quienes sabían. Empecé haciendo masas y dando material a los oficiales, subía a los andamios, aprendí enseguida a poner ladrillos -pinar tabiques- . Luego, con más tiempo, a embastar, dar de fino tabiques y techos, y alicatar baños. Cuando los azulejos que se colocan son de buen gusto y calidad, me recreo en la contemplación de mi trabajo con excepcional satisfacción sobre todo lo demás.

-   ¿Dedicabas, en principio, todo el tiempo a este oficio?

-  De lleno, unos seis años. Con grandes inquietudes durante toda mi vida de adulta, he alternado  muchos trabajos sin importarme aquel viejo dicho de  muchos oficios pobre seguro. Pero tampoco fui aficionada a perder el tiempo aprendiendo cualquier cosa, por aquello de que el saber no ocupa lugar. El oficio de albañila es un buen salvoconducto para que nunca me falte trabajo.

-  Dentro del gremio de la construcción, parece que todo te atrae, pues también hasta colaborado con los canteros…

-   Sí: hace unos tres meses aún he sido requerida para colocar los perfiles de las ventanas de una obra, con las piedras labradas por los canteros. Otro oficio - la cantería-  con creaciones de extraordinaria belleza y arte, al que la mujer puede acceder perfectamente. 

-  ¿Cuales son los factores importantes que contribuyen en el albañil para la realización de un trabajo bien rematado?

-   Creo que para ser un manitas, tiene que gustarte mucho lo que haces; la paciencia y el buen gusto han de caminar en estrecha unión. Hay que aprender a utilizar con corrección las herramientas de medida, particularmente el metro, el nivel y la plomada.  Aunque a veces la lentitud nos perjudique en los ingresos económicos de las obras contratadas, hay que pensar constantemente en el dicho tan universal de Vísteme despacio que tengo prisa. No hay que olvidar nunca que el trabajo bien hecho es el mejor cartel publicitario, que te va a dar nombre y más trabajo. 

-   O sea, no querer ganar Zamora en una hora.

-   Así es: Sabemos todos que hay, a veces, fraude entre la calidad de los trabajos de acabado rápido, y el dinero que el cliente desembolsa. Hay que tener en cuenta, que quien encarga una obra, no entenderá nada del oficio, pero nadie le engaña en cuanto a una buena terminación o una chapuza. Todo el mundo sabe que quien trabaja así de duro, debe cobrar un dinero para vivir dignamente, pero nunca convertir la palabra salario en atraco. En fin, creo que esta es la línea a seguir, y que debiera haber muchas más  mujeres de oficio en los trabajos que tradicionalmente se han adjudicado a los hombres y su fortaleza física, con lo que el género femenino no debe conformarse. Es indudable que en ciertas cosas habrá que saber guardar las distancias, pero de la misma forma que el hombre posee cualidades inalcanzables para nosotras, la mujer también, y ellos lo saben.

-   Crees que el hombre aprovecha su potencial físico para seguir siendo, al igual que el león, el rey de la selva? -   

-   Creo firmemente que  sí: pero además, la mujer contribuye a permitir tal liderazgo, por comodidad y por seguir tolerando lo de esto es cosa de hombres. 

-   El trabajo de albañila es excesivamente duro para una mujer?

-   ¡Qué va hombre!    No tanto como lo ponen. Quizá mientras tengamos acceso a otros trabajos más cómodos, nosotras nos decantemos por ellos; pero hay que tener en cuenta que mientras no hagamos competencia al hombre en lo que él y nosotras creemos su terreno, estaremos muy en inferioridad de condiciones en cuanto a la cuantía en por ciento de empleo.

-  Pero, parece que tú misma a pesar de estos convencimientos, te has decantado por ejercer además, otras actividades, combinadas, más cómodas, colocándote en una superficie comercial, como cajera.

-    Bueno: en principio hay que decir que lo de cajera, en estos sitios, es lo que se ve, pero se hacen más cosas en las que entran ciertos servicios de colocación de mercancías con traslados, a veces, de cosas pesadas; por cierto que en estos casos de esfuerzo suelo observar que algunas compañeras se resisten con quejas de que son trabajos muy cansados para ellas. Yo lo veo de otra manera, y pienso que como andemos seleccionando esto quiero esto no quiero, no vamos a llegar a donde deseamos ir. Supongo que estas empresas nunca contratarán a unos para mover pesos y a otras para cajeras, y que siempre van a saturar las horas de presencia.

-    ¿Por qué vas abandonado el trabajo de albañilería?

-    No lo abandono, pues ahora trabajo siempre por las tardes; pero como sea requerida por las mañanas a pinar tabiques y demás, siempre estoy dispuesta para complementar el sueldo, algo escaso, que gano como cajera: además, siempre tengo la esperanza en que si falla lo uno o lo otro, siempre tendré posibilidades de seguir trabajando, sin paro.

-   Qué es lo que más ha influido en tu persona para no seguir dedicándote de lleno a la construcción?

-    La desilusión de no verme apoyada; de ver que estos trabajos no proliferan entre el llamado sexo débil  y que por lo tanto en un futuro cercano, las mujeres no seremos tenidas en cuenta, por no ser un oficio de nuestro género

-   ¿Tales proyectos están basados en lo económico?

-   Ni mucho menos: es un trabajo muy bien remunerado, pero sin esperanza de estar bien organizado para poder llevar un vida normal.

-   ¿A  qué llamas vida normal?

-    A estar sujeta a un horario determinado en cuanto a número de horas trabajadas, tener en orden los seguros de salud y vida propios del trabajador, disfrutar de los días festivos de descanso y dedicar las horas diarias libres a lo que convenga.

-    ¿Por qué razón que no disfrutas de todas esas cosas? 

-   Pues mira… La falta de competencia, en todos los órdenes, produce la saturación de los dedicados a esas profesiones. Esto es algo muy perjudicial para todo el mundo. A veces es un verdadero acoso por parte de los clientes. Estás obligada a planificar las obras hasta con medio año de antelación o más: Ello trae como consecuencia, que trabajas muchas horas más que las previstas, incluyendo a menudo festivos sábados y domingos. A ello se une la afición de ganar dinero, de forma que entre uno y otro llegas a hipotecar tu vida consagrándote al trabajo sin otras aspiraciones privándote conscientemente de tus libertades de trabajadora.

Veo imprescindible que las mujeres, todas, conquistemos esas cotas que tanto nos diferencian del hombre hasta la fecha, con lo cual, el machismo aún existente caerá de por sí solo como fruta madura del árbol. Si estamos demostrando que en las academias somos incluso superiores, ¿por qué no en otras muchas cosas?

     Hemos continuado nuestra entrevista, completando el cuaderno de su biografía que guardará el recuerdo de las formas nobles de pensar y actuar de una trabajadora  - buena albañila - que sin empañar para nada su gran calidad femenina, con humildad, altruismo y dignidad, apunta con el ejemplo hacia un futuro realista de la mujer sin barreras machistas.

     Ahora, cinco años después, en plena crisis del ladrillo, nuestra albañila Soraya, sólo trabaja en uno de los grandes centros comerciales de Reinosa, pero nunca, desde entonces, le ha faltado trabajo. Algún día, esperemos que no muy lejano, ella volverá  a usar la paleta la llana y la plomada, porque albañilas siempre nos van a ser muy necesarias.

 

Otros artículos: