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¿CONTRA EL PARO? PSICOTRÓPICOS

Por Julia Llorente

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Julia LLorente: ¿Es el psicotrópico un sustituto de la dignidad?

Puede que quién esté leyendo esto, o, familiares, amigos, vecinos, personas cercanas... conozcan las consecuencias de haber perdido su empleo. Pérdida que no se ciñe solamente al episodio económico. Quedarse sin trabajo afecta a todas las áreas del sujeto como ente existencial y social; la dignidad es una de ellas.


Dentro de la cultura que nos toca, y que hemos forjado,  existe una inercia a la normalización. Y no me refiero a la normalización en sentido constructivo, evolutivo, ante temas tabú y antaño vigentes que durante siglos construyeron los pilares de los mayores malestares del ser humano.  Vivimos bajo el yugo de normalizar lo infame, lo sórdido, lo inmoral. El creciente y permanente desempleo es más que una cifra estadística, denota una muestra añadida al canon del colorido narcisista de las nuevas políticas ataviadas con tergal postmoderno y lycra neoliberal.


Cuando hombres y mujeres pierden sus trabajos, siendo éstos sustento propio o de sus familias,  entran, como no podía ser de otra forma, en un estadio de desesperación, tristeza, impotencia, indignación... sentimientos absolutamente normales y propios de la subjetividad. No estamos ante quien sufrió una ruptura sentimental y pasados tres años continúa inmerso en la melancolía. Tampoco ante aquél, o aquella, que perdió a un ser querido y su duelo se perpetúa en el tiempo, u otros casos de clara psicopatología.  El parado, como tal,  carece de patología. ¿Por qué, entonces, existen tantos desempleados consumiendo antidepresivos a causa de su malestar en este sentido?  Antidepresivos aconsejados y recetados por los especialistas de turno. No todo desempleado corre riesgo de suicidio, ni se le desata ningún cuadro latente detonado por su situación.


La precariedad laboral cada vez es más longeva, lo que quiere decir que un ciudadano en edad de rendimiento en este sentido puede llevar dos, cinco, diez... años sin actividad. No entrarían aquí como remedio  los miserables trabajos temporales teniendo en cuenta que muchos de ellos no van más allá de una semana, sin contar los que incluyen tan sólo algunas horas.


¿Qué le depara al sujeto desempleado diez años consumiendo antidepresivos? Sin obviar que en ocasiones estas sustancias se prescriben acompañadas de otras, como los ansiolíticos. Ciñéndome a los primeros, un antidepresivo es considerado por la farmacopéa como un psicotrópico, léase según descripción: "Un psicotrópico o sustancia psicotrópica o (del griego psyche, mente, y tropein, tornar) es un agente químico que actúa sobre el sistema nervioso central, lo cual trae como consecuencia cambios temporales en la percepción, ánimo, estado de conciencia y comportamiento". Sin mencionar los efectos secundarios.


Realmente, ¿es esto lo que demandan los ciudadanos para compensar su situación de desempleo? ¿Es el psicotrópico un sustituto de la dignidad? Tal vez, "esos cambios temporales en la percepción, ánimo, estado de conciencia y comportamiento", sí sea la situación más cómoda para los responsables de todo este desmadre, aquellos que, derrochando tranquilidad respecto a su bienestar y seguridad económica de por vida (incluida la de toda su ralea), deberían de padecer síndrome de mala conciencia. El narcisismo, y sus avatares, propios de la amoralidad, poco o nada saben de conciencia.


Añadido a lo anterior, tampoco es inusual, a la vez que paradójico, el consejo terapéutico recibido por la víctima de todo este asunto, cuando acude a la consulta de rigor  de mes en mes, o de año en año, sin mejoría: "Le convendría estar activo, trate de buscarse un trabajo".
Ante los paradigmas de esta realidad surrealista, valga el contrasentido de la expresión, tal vez sea buena idea que desde las consultas médicas empiecen a prescribirse puestos de trabajo.

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