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2022, UN AÑO IMPREDECIBLE

Por ENRIQUE ARIAS VEGA

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Empezamos 2022 como acabamos el año anterior, desconcertados por una Covid que no da tregua. ¿Cómo evolucionará la variante Ómicron? ¿Habrá nuevas mutaciones que luchen contra la vacunación masiva de los ciudadanos? Como se ve, la principal variable de nuestra vida, la salud, es una incógnita colectiva.

Pero no nos basta con ella, porque el otro gran elemento de nuestro futuro, la economía, tampoco ofrece mayores certidumbres. ¿La galopante inflación de los últimos meses es sólo un fenómeno coyuntural o ha venido para acompañarnos durante bastante tiempo, horadando nuestro poder adquisitivo?

Y ya que hablamos de economía, ¿qué pasará con las previsiones gubernamentales que se han mostrado obscenamente optimistas según todos los organismos nacionales e internacionales? ¿Servirán de algo unos presupuestos calculados en base a unos ingresos que no se producirán? ¿El aumento excesivo del gasto nos pondrá en dificultades ante una Unión Europea responsable del uso de los dineros para nuestra recuperación económica?

Si ni la salud ni la economía son previsibles, tampoco lo es la política, con un Gobierno enredado entre sus socios en temas de lo más dispar e incluso entre el ala más a la izquierda, con las actitudes contrapuestas de Yolanda Díaz, por un lado, e Irene Montero e Ione Belarra, por otro. Y hablando del Gobierno: ¿hará cumplir la sentencia que obliga a impartir un 25 por ciento en castellano en los colegios de Cataluña?

Claro que en la oposición no van las cosas mejor, en un año en el que las elecciones de Castilla y León y Andalucía pueden no salirles tan bien como creen y tener que depender de un Vox ninguneado y ofendido por el Partido Popular, además de solventar el problema de Pablo Casado con Díaz Ayuso, con las repercusiones que eso tiene.

Todo son, pues, incógnitas para este año que viene cuando los ciudadanos estamos más necesitados que nunca de certidumbres. Por eso mismo, porque tenemos el futuro más abierto que nunca, tratemos de ser felices, ya que demasiadas cosas se confabulan para que no lo seamos.

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