Editor: Enrique Alonso | Director: José Ramón Sáiz
Diario Digital controlado por OJD

A debate en Cantabria24horas.com

LAS APARICIONES DE GARABANDAL: EL MISTERIO CONTINÚA

Enviar a un amigo

Entre 1961 y 1965 –camino ya de los sesenta años- cuatro niñas de San Sebastián de Garabandal, un pequeño pueblo del municipio cántabro de Rionansa -Conchita González, Jacinta González, Mari Loli Mazón (las tres de 12 años) y Mari Cruz González (de 11 años)-, que a pesar de la coincidencia de apellidos, no eran familia entre sí, comenzaron a vivir unos fenómenos –término expresado por la Iglesia de aquel tiempo- que se conoció como las “apariciones de Garabandal”. Como todos los niños y niñas del pueblo asistían a la escuela y a la salida de sus tareas escolares auxiliaban a sus padres en las trabajos del campo, desde recoger la hierba a cuidar las vacas y las ovejas. Eran tiempos en los que San Sebastián de Garabandal prácticamente estaba incomunicado: no llegaba ni el teléfono ni la televisión, el correo se subía dos veces a la semana y la carretera no era más que un empinado y mal camino de tierra, que no permitía el acceso de los pocos coches que aun circulaban. Recostado sobre una ladera de Peña Sagra, se encuentra a unos setecientos metros sobre el nivel del mar. Nada anormal ni especialmente reseñable sobre sus vidas. Pero a partir del domingo, 18 de junio de 1961, todo cambió. Las niñas aseguraron haber visto al Arcángel San Miguel y a la Virgen. Las apariciones provocaron un gran revuelo mediático que llevaron a miles de personas al lugar para presenciar los éxtasis de Conchita, Mari Loli, Jacinta y Mari Cruz. Las preguntas se encadenan inmediatamente: ¿qué ha sido de Garabandal? ¿Habrá realmente el milagro anunciado? El misterio continúa, aunque actualmente los que creen son muchos más. Allá por el mes de abril pasado acudimos a San Sebastián de Garabandal. De nuestro recorrido por el pueblo, sus tortuosas callejas, el acceso a Los Pinos, hemos extraído unas vivencias que se suman a las miles de opiniones que este tema viene deparando. Nada nuevo, pero el fervor continúa y Garabandal es punto de llegada de personas de todo el mundo que tienen fe absoluta en lo afirmado por las niñas sobre las apariciones. En este reportaje obviamos muchos temas –mensajes, protagonistas, etcétera- que se han analizado en libros y en reportajes que desde hace décadas se pronuncian a favor y en contra. Simplemente queríamos constatar si casi sesenta años después los milagros de Garabandal permanecen o no en la retina de muchos católicos y si la fe sigue atrayendo a muchos creyentes a este rincón cántabro. La primera imagen que nos depara San Sebastián de Garabandal es escandalosa. Cubos destinados a la recogida de basuras, cristales y plásticos, taponan prácticamente el acceso a una ermita antiquísima que existe a la entrada del pueblo. Como nos han visto en plan de periodistas, algunos vecinos nos piden que se denuncie este atropello de un bien histórico-artístico, lo que hacemos de buena gana. EL RELATO DE LAS APARICIONES. El relato histórico sobre las apariciones de Garabandal es el siguiente: discurría una tarde del domingo, 18 de junio de 1961, cuando aquellas cuatro niñas de la pequeña población (unas decenas de casas, callejas de peligroso empedrado, aislada de otros pueblos de la comarca) se disponían a pasar unas horas de la tarde viviendo alguna aventura infantil tras ascender por La Calleja y acceder a la zona conocida por “los Pinos” donde se produjeron las apariciones. El relato oficial continúa con el sonar de un trueno que las hace estremecer. El fenómeno les parece extraño, porque en el cielo no hay nubes… Pasan unos instantes, segundos, muy largos y de repente, Conchita, cae de rodillas, inmóvil. Las amigas de la aventura de aquél domingo se asustan. Intentan correr a pedir ayuda, pero caen también. Ante ellas se ha aparecido un Ángel. Más tarde descubrirán que es el Arcángel San Miguel. Cuando vuelven en sí, se ven solas de nuevo en La Calleja solitaria. La experiencia ha sido tan extraordinaria que se sienten desbordadas por una mezcla de confusión, emoción y temor. Era el comienzo de unos acontecimientos que cambiaron radicalmente sus vidas y marcaron las de otras muchas miles de personas. Era Valentín Marichalar Torres –fallecido en 1987- el párroco de Cossío y San Sebastián de Garabandal que a caballo acudía los sábados al pueblo para decir misa y atender el confesionario. La noche de aquel domingo, 18 de junio de 1961, unos vecinos acudieron a su casa de Cossío para contarle que las niñas Conchita, Jacinta, Mari Cruz y Mari Loli— habían visto un ángel. Al cura párroco siempre le impresionó que, a pesar de su corta edad y de que no sabían cuáles iban a ser las preguntas, las pequeñas no se contradecían. Apenas una semana después, el Obispado comenzó a tener informaciones sobre los sucesos que estaban ocurriendo en el alejado e incomunicado pueblo. Desde el Obispado de Santander –un año antes había fallecido el obispo titular José Eguino y Trecu- se descartó desde el primer momento la sobrenaturalidad de los acontecimientos de Garabandal., si bien por las repercusiones mediáticas se acordó nombrar una comisión que poco más de dos meses de las primeras apariciones la primera nota episcopal se inclina por afirmar que “nada, hasta el presente, nos obliga a afirmar la sobrenaturalidad de los hechos allí ocurridos». Era administrador de la Diócesis quién había sido obispo auxiliar de Eguino y Trecu, el doctor Doroteo Fernández y Fernández (1913-1989). Lo que sucedió después, en las siguientes semanas, meses y años, ya se conoce. Se repitieron las visitas del Ángel, hasta que el 2 de julio, las niñas vieron por primera vez a la Virgen con la que comenzaron a hablar sin temor alguno. Esa será –a juicio de los garabandalistas- una de las grandes características de Garabandal: el trato cercano —de verdadera Madre— de la Virgen con las niñas. Cuando les dijo que se tenía que marchar, las pequeñas le insistieron para que no se fuera. Ella, para consolarlas, les prometió volver al día siguiente. Así lo hizo, y no solo al día siguiente, sino en centenares de encuentros, de día o de noche, hasta que sus apariciones terminaron el 13 de noviembre de 1965. En esta jornada, que recuerdan todavía algunos vecinos entonces también niños, solo fue citada Conchita, que subió a los Pinos bajo la lluvia, sin testigos. En esa jornada y en Los Pinos, terminaron lo que se conoce como las apariciones de Garabandal. Durante los casi cinco años de hechos supuestamente sobrenaturales fueron muchos los sacerdotes y médicos que visitaron Garabandal con el fin de probar la verdad o falsedad de las apariciones. Por una parte, el análisis de los religiosos se concretaron a nivel teológico y doctrinal, constatando que las niñas no desatendieron sus obligaciones ni en la escuela, ni en casa, a pesar de que las apariciones las hubiera mantenido en vela hasta altas horas de la madrugada, sufriendo muchas veces las inclemencias del tiempo: la lluvia, el frío o la nieve. Los médicos, por lo general, investigaron a título personal, comprobando in situ los extraños fenómenos físicos que acompañaban a los éxtasis, destacando entre otros apuntes que los ojos de las niñas no reaccionaban ante la luz de focos potentes y de flashes fotográficos. El relato oficial señala que unos y otros pudieron verificar que eran niñas perfectamente sanas y equilibradas, sin ansias de espectacularidad. Al tiempo, miles de personas acudían a ver en directo los hechos, destacando que las niñas devolvían a sus dueños, la mayor parte de ellos desconocidos, los centenares de objetos que en cada aparición supuestamente besaba la Virgen. Subrayaron unos y otros, coincidiendo, que las niñas caían de rodillas sobre las rocas sin hacerse ningún daño o caminaban en éxtasis hacia delante y hacia detrás por las callejuelas maltrechas del pueblo, sin caer ni tropezar. No faltaron quienes afirmaron ver curaciones de índole físico y más aún de tipo espiritual, y conversiones notables. DE LAS “NEGACIONES” A LA POSTURA FINAL DEL DOCTOR MORALES. Mucho se ha hablado acerca de las «negaciones» de las niñas, probablemente inducidas por la presión de muchas personas de “jerarquía” o mando en la iglesia o en la política. Expertos teólogos que han estudiado los fenómenos de Garabandal afirman que más que de negaciones habría que hablar de «vacilaciones momentáneas» y, por otra parte, perfectamente comprensibles dada la situación en la que se encontraban. Lo que es claro es que, frente a los hechos concretos y reales presenciados y estudiados por multitud de testigos, estas vacilaciones no adulteran ni cuestionan el necesario juicio sobre los fenómenos. Una de las niñas, Dolores Mazón, en declaraciones a Cántabro de 15 de noviembre de 1977 –hace ya cuarenta y dos años- declaró a este respecto que “nos llenaron de dudas y llegamos a negar. La Virgen así nos lo había anunciado, nos dijo que negaríamos lo que habíamos visto, pero yo ahora estoy segura que aquello fue real”. María Dolores Mazón acabó residiendo en Estados Unidos, concretamente en la localidad de Plaistow (Masachusetts), pero falleció en 2009, a los 59 años. En la entrevista señalada, sostuvo con “tenacidad y firmeza que sobre las apariciones dijo toda la verdad y que espera el milagro que asombrará al mundo entero”. Sin embargo, las dudas comenzaron en el bando llamado oficial, en el de la iglesia que había rechazado todo lo que había acontecido según el párroco y las niñas. Así, veinte años después de la primera aparición, el obispo de Santander desde 1971, Juan Antonio del Val Gallo, antiguo miembro de la comisión de estudio de los hechos de Garabandal, procedió a levantar las prohibiciones que se habían pronunciado, para que sacerdotes y religiosos pudieran visitar el pueblo de los “milagros”. Discurría el año 1981. Debe recordarse que durante los dos primeros años el Obispado prohibió que sacerdotes y otros religiosos acudieran a Garabandal. Pero especialmente importante fue la toma de postura definitiva –el 30 de mayo de 1983- del psiquiatra doctor Luis Morales Noriega (1907-1997) que había formado parte de la comisión nombrada por el Obispado de Santander para el estudio de los hechos de Garabandal, alineado en su día con los que negaban las apariciones que llegó a calificar de “vulgares e histéricas”. Según el obispo auxiliar, Doroteo Fernández, creador de la comisión, el doctor Morales fue el único médico que formó parte de la misma. En esa fecha, en pública conferencia en el Ateneo de Santander, se retractó de su antigua posición contraria a las apariciones, actitud que ratificó un año después en una conferencia en Ohio (Estados Unidos). La declaración del doctor Morales encontró una gran repercusión en El Diario Montañés, dirigido por el escritor católico Manuel González Hoyos, periódico afín al Obispado de Santander. “NO CONSTA SOBRENATURALIDAD”. Al día de hoy, los seguidores de Garabandal se aferran al hecho de que la Diócesis de Santander siempre ha asegurado que no ha encontrado en el contenido doctrinal de las apariciones de San Sebastián de Garabandal nada que vaya en contra de la fe de la Iglesia, consideración que califican de importante. En cuanto a los fenómenos en sí, afirma que «no consta sobrenaturalidad», confesando de esta manera que el caso no está cerrado, ni mucho menos condenado, como lo confirman las intervenciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Pero los testigos siguen sin tener explicación de por qué «no consta la sobrenaturalidad» de unos hechos que vivieron y para los que no encuentran respuesta. “No consta sobrenaturalidad” fue una recomendación de 28 de noviembre de 1992 del entonces cardenal Ratzinger (Papa Benedicto XVI desde 2005 a 2013) entonces prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, aconsejando al entonces obispo de la Santander, José Vilaplana, no cerrar el caso por falta de certeza tanto para afirmar como para negar. A medida que fueron creciendo, las cuatro niñas fueron abandonando el pueblo natal. Las cuatro se casaron y fueron madres. Quizás a muchos les sorprendió que las pequeñas no se consagraran a Dios como religiosas, opinión que pierde fuerza y consistencia si tenemos en cuenta que las apariciones de Garabandal aparecen en clara continuidad con la doctrina del Concilio Vaticano II que —casi contemporáneo en fechas— proclamaba la llamada universal a la santidad en todas las vocaciones, tesis ésta que viene siendo manejada y difundida por los partidarios de las apariciones. Actualmente –como se ha señalado- ninguna de las “niñas de las apariciones” vive en Garabandal, constatándose el fallecimiento, hace diez años, de Mari Loli Mazón en Estados Unidos. Todas se casaron durante la década de los setenta, tuvieron hijos e intentaron llevar, en la medida de lo posible, una vida normal. Mari Cruz González es la única de las cuatro que reside en España, en la localidad asturiana de Avilés. Mari Cruz viaja a menudo a Garabandal, pues posee una casa en la localidad, al igual que otra de las videntes, Jacinta González. Ésta contrajo matrimonio con un norteamericano y, en la actualidad, reside en Pasadena (Los Angeles). De todos modos, al menos una vez al año viaja al pueblo, donde suele pasar los meses de verano. Conchita González, sin duda la más conocida de las cuatro, reside en Nueva York, desde donde coordina la organización Garabandal Center. La última vez que pisó el pueblo fue en agosto de 2000, cuando falleció su hermano Serafín, residente en Garabandal. Sobre el milagro que falta, Conchita sólo ha revelado que tendrá lugar un jueves de marzo a mayo y entre los días 6 y 16, coincidiendo con la festividad de un santo mártir vinculado con la Eucaristía y con un gran acontecimiento que afectará a la Iglesia. Será a las ocho y media de la noche, durará diez minutos o un cuarto de hora y dejará una señal permanente en Los Pinos. Los incrédulos recuperarán la fe y los enfermos que estén presentes se curarán. Basándose en los datos ofrecidos por Conchita González, muchos están convencidos de que el milagro ocurrirá pronto, tras declarar que la Virgen le reveló que solo quedaban «cuatro papas» antes de la llegada de la «última hora», y uno gobernará la Iglesia durante poco tiempo. Estos cuatro pontífices podrían ser Pablo VI, Juan Pablo I (tal vez éste fuera «el breve»), Juan Pablo II y Benedicto XVI. No obstante todo lo anterior, Conchita puntualizó que la Santísima se habría referido al fin de una era concreta, no al apocalipsis o fin de los tiempos tal y como los entendemos. En cualquier caso, y sean o no acertadas las conjeturas que se han formulado, lo cierto es que miles de personas de todo el mundo están convencidas de que el milagro anunciado llegará pronto. ¿Estamos ante al nacimiento de un nuevo movimiento apocalíptico? LA PELÍCULA “SOLO DIOS LO SABE” Camino de dos años que se estrenó la primera película “Garabandal: Sólo Dios lo sabe” sobre las apariciones, aventura cinematográfica realizada por Mater Spei, productora y distribuidora del film. Muchos fieles están entusiasmados al darse a conocer unas apariciones y mensajes de enorme actualidad. De esta manera, se ratifica que la Iglesia no ha encontrado error doctrinal en los mensajes de Garabandal. Así lo ha afirmado el Obispado de Santander en repetidas ocasiones, por ejemplo, en la nota de Mons. Eugenio Beitía del 8 de julio de 1965: «(Los mensajes) contienen una exhortación a la oración y al sacrificio, a la devoción eucarística, al culto de Nuestra Señora en formas tradicionalmente laudables». Unánimemente, los obispos de Santander que han comentado estos mensajes, han señalado siempre que se trata de contenidos ortodoxos y laudables. De todos los obispos de Santander, hasta la fecha sólo Vicente Jiménez Zamora (2007-2014), actual arzobispo de Zaragoza, ha visitado Garabandal. Sin embargo, las apariciones no están todavía aprobadas; aunque tampoco han sido rechazadas: el obispo actual de la Diócesis, Manuel Sánchez Monge, firmó el 24 de junio de 2015 el dictamen más reciente, declarando que NON CONSTAT la sobrenaturalidad de los sucesos, referencia que significa que la Iglesia espera nuevos datos para pronunciarse. Nadie lo sabe. Pero cuando la Iglesia desconoce con certeza cuál es el origen del suceso, declara que «no consta el origen sobrenatural». Esto no significa que no ha habido aparición, sino que aún no consta, aún no hay certeza. La posición del adverbio «no» es clave para entender el sentido de frase, se aferran los partidarios de Garabandal. En este estado se encuentra el suceso de las apariciones de este pueblo cántabro de San Sebastián de Garabandal. En una de sus callejuelas nos encontramos con una ciudadana argentina, ortodoxa de las apariciones. Tiene fe ciega. Y confía en los Papas, afirmando que Garabandal está todavía a la espera del juicio definitivo de la Iglesia, opinión que refleja una de las verdades de este suceso enigmático, seis décadas después. José Ramón Saiz Fernández Doctor en Periodismo Académico C. de la Real Academia de Historia

Últimos A debate: