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DERRIBO... POR EL ATAJO

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Hace tres semanas se celebró un juicio penal sobre gestión política por hechos ocurridos hace tiempo (entre los años 2007-2013), que como tantas veces ocurre no se sustancian en las urnas sino en los juzgados, acciones que, generalmente, se siguen contra alcaldes reelegidos por mayoría absoluta y se impulsan por concejales de oposición que pasadas las legislaturas no llegan a gobernar.  

Hay casos que están en la memoria de muchos: desde el caso judicial de Juan Hormaechea condenado por el “famoso” magistrado Movilla con el apoyo (dos votos a favor y uno en contra) por Mario García Oliva que había sido concejal de Santander y senador también por el PSOE. O, en el terreno municipal, el caso de Pacheco, alcalde de Piélagos, contra  quien la acusación particular la ejerció un abogado de Sevilla, sin que se conozca muchas interrogantes, entre las que se cuela la que pregunta quién financió aquel juicio.

El alcalde de Santa María de Cayón, Gastón Gómez (PP), que hace año y medio ganó las elecciones por mayoría absoluta (8 concejales, 4 PRC y 1 PSOE), ha sido juzgado –y condenado a ocho años de inhabilitación, según se ha sabido este lunes- a instancias de la oposición en su municipio (concejales del PRC y PSOE), además de un independiente, que si bien se presentó en estas últimas elecciones, no logró obtener acta de edil por el gran porcentaje de votos que obtuvo la candidatura de Gastón Gómez.  

Es un tic habitual en estos casos afirmar que las sentencias se acatan y punto. Sin embargo, hay determinados valores que no pueden ponerse en cuestión por mucha sentencia condenatoria que haya por medio. Esos valores son los más humanos y se ejercen no para beneficiar a personas del entorno, sino aquellas que realmente lo puedan necesitar. A veces los humanos nos encontramos con problemas que rasgan lo más interno y frente a lo cual uno puede decidir que por encima de todo está su solución. Decimos esto porque quien conozca a Gastón Gómez sabe que sobre la marcha ha resuelto problemas que no eran compatibles con la justicia social como derecho fundamental. A veces nos olvidamos de la ley, porque en más de una ocasión es precisamente la ley la que impide una solución.

En el juicio al que nos referimos, las contrataciones de las que se acusó al alcalde Gastón Gómez se refieren a monitores para las escuelas deportivas municipales; de peones para la Brigada Municipal de Obras o de personal para desarrollar proyectos de la Agencia de Desarrollo Local. Todos ellos puestos en precario, temporales, no de esos tan propios en la alta y baja política que el “dedazo” ejercido desde la oscuridad o amparado por no sabemos que recursos, se ejerce para dar un trabajo público para toda la vida, casi siempre o, siempre, a un correligionario.

En aquel juicio, recordamos, declararon el entonces director de las escuelas deportivas, Ángel Puente, ya jubilado; la directora de la Agencia de Desarrollo Local, Gema Echevarría, y un funcionario, quienes coincidieron, todos ellos, en señalar en que no recibieron instrucciones del alcalde sobre las personas a las que se debía contratar. Así, el entonces director de las escuelas deportivas del municipio ha reconocido que era él quien elegía a los monitores de las escuelas, siguiendo --ha dicho—“criterios deportivos", indicando que él, como persona “muy relacionada con el deporte” contrataba  a personas que conocía vinculadas a las distintas disciplinas en función de las necesidades que había en las escuelas deportivas. Pero de todo esto, la juez del caso no debió enterarse o no tomó nota  para elaborar sus conclusiones.

Los concejales y exconcejales del PRC y PSOE acusan al alcalde –ahora inhabilitado por la sentencia- de realizar contrataciones sin tener en cuenta la igualdad, el mérito y la capacidad, criterios de los que estos partidos son también acusados allí donde gobiernan por la oposición en situaciones más o menos equivalentes. ¿O no hay ejemplos, muy cerca si se quiere, de que sin méritos, ni capacidad y, por tanto, menospreciando la igualdad, se asignan puestos a capricho?

Siempre es propio en la conducta de las personas rectas, defender contra viento y marea, aquello que uno mismo considera justo. Lo escribió hace siglos Confucio que afirmó: Mejor que el hombre que sabe lo que es justo es el hombre que ama lo justo”. El valor de esta frase y lo que encierra, se merece una persona como Gastón Gómez al que sus vecinos valoran como persona y alcalde como se ha puesto de manifiesto repetidamente en las urnas, pues como dijo Francisco de Quevedo “donde hay poca justicia es un peligro tener razón”.

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