José Ramón Saiz señaló que “la especial orografía de Liébana avala su protagonismo en el siglo VIII”

Valoró especialmente “el matrimonio de la hija de Pelayo, Hermesinda, con el hijo del Duque Pedro de Cantabria, Alfonso, que reinaron a partir del año 739, en lo que representó una alianza militar.

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29-04-2019

Se celebró en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés, el libro del doctor en Periodismo y académico, José Ramón Saiz, con el título “Pelayo (Liébana un Reino entre montañas)”, de Editorial Los Cántabros, con presentación del acto a cargo de Pedro Crespo de Lara, jurista, escritor y académico de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

En su intervención ante una numerosa concurrencia, José Ramón Saiz señaló que “ante la falta de documentación sobre los hechos acontecidos y desarrollados en el siglo VIII tras la invasión árabe, se ha tenido en cuenta la especial orografía del territorio de Liébana, la tradición y las investigaciones arqueológicas como criterios fundamentales a la hora de establecer que en Liébana surgió el primer Reino, libre de todo tipo de ocupación musulmana que, sin embargo, si afectaba al territorio asturiano como prueba el hecho de que Munuza representara en Gijón el poder del ejército invasor”, añadiendo que “esa especial orografía de Liébana que el pòeta Amos de Escalante definió en su obra Costas y Montañas como el alcázar que la Providencia labró, llevó a muchas gentes a refugiarse en un lugar seguro como Liébana desde donde comenzaron las operaciones Pelayo y Pedro Duque de Cantabria”.

Insistió José Ramón Saiz en “la orografía que circunda a Liébana con su entrada a través de los 22 kilómetros del Desfiladero de la Hermida, así como los puertos con las provincias limítrofes de Asturias y León que hasta el siglo XIX no vieron construidos los caminos o carreteras, hizo de Liebana, en lo que fue el siglo VIII, un territorio inexpugnable, capaz de albergar al tiempo grupos de guerreros al mando de Pelayo y del Duque Pedro de Cantabria y de cultura y religiosidad con Beato de Liébana y los monjes que le siguieron”.

Valoró especialmente “el matrimonio de la hija de Pelayo, Hermesinda, con el hijo del Duque Pedro de Cantabria, Alfonso, que reinaron a partir del año 739, en lo que representó una alianza militar dirigida a combatir a los invasores desde el territorio cántabro de Liébana”, indicando que “todas las operaciones militares realizadas en tiempos de Pelayo se centraron en emboscadas o escaramuzas ya que el pequeño grupo guerrero que acaudilló no tenía capacidad de acción frente a fuerzas más superiores en número y armamento. Desde esta perspectiva pueden entenderse los hechos de Covadonga o de Los Llanos (a la altura del monte Subiedes)”.

Destacó, igualmente, el dictamen de la Real Academia de la Historia de 1916, aprobado por unanimidad, que apenas es citado en la historiografía cántabra que señala categóricamente que “los orígenes de esta nueva dinastía deben buscarse en la indómita Cantabria… y el verdadero tronco de los antiguos Monrcas de la Reconquista fue Pedro, Duque de Cantabria”.

Concluyó afirmando que “a falta de suficientes fuentes documentales –la mayoría escritas en el siglo IX-, que la suma de orografía y tradición, ofrece como resultado la historia misma, única y verdadera”, añadiendo que “no debe olvidarse que la historia es una ciencia viva que continuamente aporta nuevas conclusiones que, en muchas ocasiones, chocan con lo que  hasta la fecha nos han contado”. En este sentido afirmó que “no se trata de entrar en competencia con Asturias en la construcción de esta historia, que en todo caso tenemos que compartir como astures y cántabros hemos logrado en otros momentos de nuestra historia común”.

Finalmente valoró los trabajos de investigación de los historiadores Ildefonso Llorente Fernández y Manuel Pereda de la Reguera como principales impulsores de una identidad lebaniega que alentó la primitiva idea de la Reconquista.