FERNANDEZ DE LOS RIOS, FUNDADOR DE PERIODICOS

Por JOSÉ RAMÓN SAIZ

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FERNÁNDEZ DE LOS RÍOS, FUNDADOR DE PERIÓDICOS

Enfrascado este verano en un trabajo de investigación sobre los seudónimos elegidos por los periodistas y escritores cántabros para firmar una parte o toda su obra,  nos encontramos con dos biografías del periodismo del siglo XIX que merecen una atención especial. Los dos triunfaron fuera de Cantabria y ambas trayectorias, en lo político e ideológico, se unieron en el abrazo a las ideas republicanas desde una visión  liberal y progresista, en tiempos nada fáciles para defender conceptos abiertos y laicistas.  Son sus nombres Angel Fernández de los Ríos y Federico Mojá y Bolívar.

Vayamos con la fascinante personalidad de don Angel Fernández de los Ríos, que aunque nació en Madrid el 27 de julio de 1821, sus padres eran naturales de Pesquera y Santiurde y a la tierra de sus mayores se sintió vinculado como dio muestras de ello a la hora de redactar su testamento.  Se formó en un ambiente liberal ya que un tío suyo, magistrado del Tribunal Supremo, era amigo y contertulio de Mendizabal, Madoz y otros destacados liberales de la época. Profesionalmente se declaraba abogado, periodista y propietario. Su actividad más importante se centró en el periodismo, ejerciendo el cargo de director de varios periódicos.

Su labor profesional se desarrolló en un contexto de prolongada confrontación entre conservadurismo y liberalismo; clericalismo y secularización, tradicionalismo y europeización. Fernández de los Ríos no fue ajeno a esta dialéctica, posicionándose siempre en la vanguardia del progresismo con un obstinado empeño por implantar un sistema político de amplias libertades. Primero, lo intentó frente a la Monarquía absoluta de Fernando VII, lo que le costó algún serio disgusto y, finalmente, en relación al Reinado de Isabel II; toda una lucha política en la que sobrevivió gracias a sus medios económicos que empleó, sobre todo, en costear las ediciones de publicaciones que en ocasiones no llegaban a ver la luz al ser boicoteadas por la censura.

Comenzó su actividad periodística apenas cumplidos los veinte años, como redactor de El Espectador, periódico de orientación liberal. Primero se adentró en el periodismo informativo e ilustrativo, pero a partir de los años cincuenta del siglo XIX ejerció un periodismo combativo y de opinión, luchando en defensa de los necesarios cambios que al no llegar impedían la modernización de España.  En esta etapa fue sancionado en varias ocasiones al ejercer la dirección de Las Novedades y La Iberia. Triunfante la Revolución de 1868, se decantó a su favor con el artículo titulado No mas Borbones.

Periodismo y política fueron unidos en Angel Fernández de los Ríos si analizamos su trayectoria, ya que participó en política en cargos importantes de diputado, senador por Santander y embajador en Portugal, rechazando en un momento de su vida una cartera ministerial por profundas convicciones políticas en cuanto a su decisión personal de no colaborar en ningún gobierno de la Reina Isabel II.  Se ha escrito de él que “fue uno de los hombres de la Generación del 68 que preocupado por los conocimientos intelectuales y morales de España, luchó más por la regeneración de su patria”.

Su intensa actividad profesional  se evidencia en las publicaciones que fundó y dirigió. Fue propietario del Semanario Pintoresco Español (1847), siendo su director durante varios años; también fundó y dirigió La Ilustración, primer periódico de actualidades que tuvo España (1849-1857); lo mismo que la cabecera Las Novedades, diario político del partido progresista que llegó a tener catorce mil suscriptores, además de las cabeceras La Soberanía Nacional (1864) y Los Sucesos, que fundó en octubre de  1866. Fue tal la influencia de Las Novedades que todas las noches era rodeado por la policía para comprobar si en sus páginas se publicaba algo ofensivo contra el partido en el Gobierno. Así lo narró en su obra sobre las luchas políticas de aquellos años: “Todas las noches, indefectiblemente,  entre las tres y las cuatro de la mañana, estaba espiado por la policía, a fin de que no saliera ningún ejemplar de mi periódico antes de haber sido censurado”. Citar que en su activa e intensa vida periodistica, firmó artículos con los seudónimos Fulano, Antonio Pérez  Un viajero español.

De sus obras escritas, la más significativa es la que lleva por título Luchas políticas en la España del siglo XIX, si bien es más un diario personal de todas sus vivencias políticas, que fueron muchas, que una obra histórica. También su gestión diplomática en el país vecino quedó recogida en la obra Mi misión en Portugal y entre otras obras sobresalen Guía de Madrid (1875) y un Estudio político y biográfico sobre Olozaga (1863).

La historiadora Carmen del Río Diestro que ha elaborado un magnífico trabajo (1) sobre esta gran personalidad de nuestras letras y su pensamiento vanguardista, analiza su biografía en todas sus facetas –periodista, político y urbanista- afirmando que en los últimos años regresó a un periodismo informativo y culto más reposado, aunque sin abdicar de sus ideas y convicciones políticas y sociales. Responden a esta nueva etapa sus colaboraciones periodísticas en La Ilustración Española y Americana, en El Solfeo (periódico republicano del que era corresponsal en París en alguno de sus exilios) y la puesta en marcha de La República Democrática, periódico de todos los republicanos, objetivo este que ocupó sus últimos años de trabajo.

Tras la restauración de los Borbones a raíz del éxito del proyecto canovista, en 1876 Fernández de los Ríos fue detenido y puesto en la frontera con Portugal, emprendiendo, una vez más, el camino del exilio, en esta ocasión en París. Continuó colaborando en muchos periódicos y revistas no solo nacionales ya que su firma llegó a los lectores de La Crónica de Nueva York, La Independencia Belga,  El Kolnische Zeitung, de Alemania y El Gaulois y La Republique de París. 

Murió en la capital francesa el 10 de junio de 1880 y en la despedida del cadáver en la estación de Orleans estuvo presente el ex-presidente de la República, Nicolás Salmerón y numerosos amigos, siendo enterrado en el cementerio de La Sacramental de Madrid. En su testamento dejó una parte de sus bienes –sus archivos, regalos que recibió en sus cargos públicos- al Congreso de los Diputados y sus propiedades en Pesquera y Santiurde decidió que fueran destinados a instituir una fundación escolar benéfica que hecha realidad recoge a perpetuidad su nombre y gesto tan noble. Concluyendo, una biografía valiente y firme en sus convicciones, demasiado ignorada y olvidada en Cantabria y, en especial, cuando se habla y se escribe de nuestro periodismo en los siglos XIX y XX.

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