NOTAS ELECTORALES PARA NO AFILIADOS, II

Por JOSÉ ANTONIO CARMONA GUILLÉN

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El pasado 25 de mayo, el BOE, en su sección III. Otras disposiciones, publicaba en un documento de 276 páginas la relación de candidaturas aceptadas por cada una de las correspondientes Juntas Electorales Provinciales.

El objeto de las candidaturas es conseguir la confianza del cuerpo electoral, obtener el mayor número de escaños y así poder decidir sobre la composición del ejecutivo.

Extraño será el partido o coalición que no haya calificado de fracaso las gestiones (que era su primer mandato) para llegar a un acuerdo en la XI legislatura y poder formar gobierno. Ello nos obliga a repetir las elecciones el 26 de junio.

¿Han aprendido la lección los dirigentes de las llamadas fuerzas políticas? Parece que no y para que esta afirmación no se quede en simple opinión vamos a examinar los datos.

En la corta XI legislatura hubo 351 diputados proclamados, (uno dimitió el 15 de abril) los otros 350 (salvo los 121 componentes de diputación permanente) cesaron el 3 de mayo al convocarse las elecciones para el 26 de junio.

Hemos tomado la relación nominativa de los miembros de la XI Legislatura y la hemos comparado con los componentes de las listas aspirantes a integrarse como XII Legislatura. Naturalmente sólo de aquellas formaciones que fueron parlamentarias en la XI. Quedan fuera, por razones obvias, aquellas fuerzas políticas que no obtuvieron escaño en 2015.

Lo primero que cabe destacar es que de los 351 diputados 325 pretenden obtener, de nuevo, el acta de diputado. Es decir que el 92,5% de la Cámara dado el éxito de su gestión pretenden quedarse en la XII Legislatura. Estos repetidores se encuentran distribuidos en 32 de las 52 circunscripciones.

Las 20 circunscripciones que varían en algo sus listas lo hacen en distintas opciones y por razones diferentes. Podemos cambia en 9 ocasiones, le sigue el PP con 7 cambios, el PSOE con 5, Ciudadanos en 3 y DL (antes CiU) en 1. Estos cambios se realizan  por haber formado coalición con otras formaciones cuando no por razones internas o por cambiar de circunscripción. Desde luego no se debe a un deseo de rectificar ya que tanto su número como el peso político de los actores lo demuestran.

Dicho de otra forma, los españoles de 32 circunscripciones no van a encontrar diferencia con lo ofrecido el 20 de diciembre y en las 20 restantes los cambios no son apreciables.

Todas las formaciones han estado de acuerdo en calificar de fracaso la XI Legislatura, lo han dicho y repetido en numerosas ocasiones y para dar salida o solución a la situación creada, ¡vuelven a repetir con los mismos actores! Esto ¿no es pretender dejar caer sobre los electores su falta de capacidad? El sistema electoral no permite censurar a ningún miembro de las listas y si éstas se repiten ¿qué camino le queda al elector? Si esos 325 aspirantes-repetidores no fueron capaces de llegar a una solución en los meses siguientes al 20-D ¿cómo se atreven a volver a pedir la confianza en ellos? ¿por qué habría que votárseles? En una noche ¿se han corregido? Los hechos demuestran que nada más lejos de la realidad.

Esta situación siembra de inquietud a los españoles de forma mayoritaria (los no afiliados) que echa de menos un gobierno estable, con ideas claras y capaz de llevarlas adelante. Sienten auténtico temor ante un gobierno de escasas luces y demasiadas aventuras que no llevan a buen puerto. ¡No es para menos!

Entonces ¿Qué hacer el 26-J? porque los españoles no pueden ni quieren es renunciar a su derecho al voto. El análisis precedente es cierto que hace referencia solo a los partidos que fueron parlamentarios en la XI Legislatura y que existen otras opciones “libres de ese pecado”, UPyD, VOX, PCPE, Escaños en blanco, Libertario, Solidaridad y Autogestión, Humanista,... y un largo etcétera. La diferencia de oportunidades (debidas entre otras a la Ley Electoral) hace prácticamente imposible que pasaran a ser mayoritarios o con una representación no testimonial y podría llevarnos a que el grupo mixto en el Congreso fuese el mayoritario.

Y todo esto nos sucede cuando en el mundo que nos rodea o con el que tenemos una relación más estrecha se tambalea. Unos EE.UU. cuyo presidente saliente se llena de ocurrencias, la primera la de aceptar el Nóbel de la Paz sin prácticamente haber tomado posesión del cargo y la penúltima la vía de decreto para obligar a las Hermanitas de los Pobres, dedicadas al cuidado de desvalidos, a pagar un seguro sanitario con anticonceptivos y abortifacientes. La Gran Bretaña con sus dudas de permanencia en la Unión Europea o Francia con su problemática laboral defendida de forma razonable por su presidente de Gobierno. Con cinco millones de personas (más que al final de la II guerra mundial) en las fronteras esperando el visado de entrada. O los más de 500.000 muertos en Siria y sus alrededores, mientras Irán se nucleariza.  Y lo más doloroso, la situación en ese país hermano, Venezuela, uno de los más ricos en minería, agricultura o ganadería formando colas para intentar conseguir los bienes más imprescindibles.

Ni los partidos clásicos (PP y PSOE) ni los llamados emergentes son capaces de dialogar no ya con los contrarios sino consigo mismos. Un solo ejemplo, la educación. Cada gobierno saca su ley sobre la misma, pero todos dejan fuera la universitaria desde la LRU de 1983. ¿Por qué? Algo habrá tenido que ver esta ley en la situación de nuestras universidades. Sólo se habla de ellas en dos ocasiones, para aumentar los presupuestos (becas y salarios) y para decir que no existe ninguna en el ranking de las cien primeras. Y esto, año tras año.

Y con la corrupción ¿qué hacer? Pues tendremos que recurrir al duque de Rivas con su Un castellano leal y aplicarlo a las instituciones actuales:

 

Esas puertas se defiendan,

que no ha de entrar, ¡vive Dios!,

por ellas quien no estuviere

más limpio que lo está el sol.

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