NOTAS ELECTORALES PARA NO AFILIADOS (y III)

Por JOSÉ ANTONIO CARMONA GUILLÉN

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El próximo domingo los españoles están llamados no solo a elegir una nueva composición del Congreso de los Diputados sino, más bien a reelegir a la legislatura XI ya que el resultado variará muy poco dado que de los 350 que la integraban repiten 325. Podrá variar el número de los componentes de cada grupo pero las personas, los actores, tendrán mayoritariamente los mismos nombres y apellidos. Así se podrá ver comparando las relaciones nominativas de las XI y XII legislaturas.

  Distinta puede ser la situación en el Senado que también está llamado a renovarse pese a no haber fracasado en la XI ya que no interviene en la elección a la presidencia de Gobierno. En esa posible variación influye, sin duda, el uso del sistema electoral mayoritario y nominativo.

Nuestra primera Constitución de 1812 reguló un Parlamento unicameral. Es el Estatuto Real de 1834, otorgado por María Cristina de Borbón, el que establece unas Cortes bicamerales, naciendo entonces las denominaciones de Cámara Alta o Estamento de Próceres y una Cámara Baja o Estamento de Procuradores. Habría que esperar tres años a la Constitución de 1837 para que surgiesen las denominaciones de Senado y Congreso de los Diputados. Es la misma Constitución que cambia la denominación de Secretario de Estado y del Despacho por la de Ministro y ello pese a que desde 1823 los Secretarios venían constituyendo el Consejo de Ministros.

Todas las Constituciones sucesivas, salvo en la II República, siguieron manteniendo el carácter bicameral y aunque el Senado tendría distintas composiciones mantendría la característica de que sus miembros tendrían escasa raíz electiva. Unos eran natos (en razón del cargo que ocupaban), otros serían de designación real, otros de cooptación o elegidos por un cuerpo electoral muy restringido. Los hubo también que tendrían carácter vitalicio.

En 1977 la Ley para la Reforma Política, última que tuvo carácter de fundamental, dio lugar a la reaparición de las dos Cámaras, Congreso de los Diputados y Senado. El Senado estaría integrado por 250 senadores, de los que 209 lo fueron por sufragio universal y 41 por designación real. Entre estos últimos lo fueron Cela, Marías, Diez-Alegría, Escámez, Sánchez Agesta, Sampedro, Ollero, Fuentes Quintana o Chueca y Goitia. 

Esas Cortes elegidas en 1977 tuvieron la misión fundamental de elaborar una Constitución que, tras los trámites parlamentarios, fue sometida y aprobada en referéndum y proclamada el 27 de diciembre de 1978 (BOE 29/12/78). Es nuestra Constitución actual y en ella (art. 69.1) se califica de Cámara de representación territorial al Senado. 

Esta calificación de territorial crearía algunas dudas. En primer lugar porque la circunscripción sería prácticamente la misma que para el Congreso, la provincia. Al no estar constituidas las Comunidades Autónomas y al no ser obligatoria su constitución, al legislador no le quedaba más remedio que utilizar la provincia. Es cierto que prevé una representación regional pero una vez que éstas se constituyen no se crea la circunscripción autonómica sino que, a través de una elección de segundo grado, son los partidos quienes disponen de esos escaños. ¿Alguien conoce, no ya de la elección sino de la propuesta, de alguna persona de prestigio en cualquier ámbito social de la Comunidad Autónoma para representar a la misma en el Senado? La pregunta sirve para todas y cada una de ellas.

Así llegamos a la II Legislatura nacida en 1982. Las Comunidades Autónomas ya están constituidas se adapta la norma  pero se mantiene la provincia para los senadores de elección y reserva un número indeterminado de escaños para que los partidos, a través de su peso en los parlamentos regionales, elijan-designen un mínimo de un senador por Comunidad y otro más por cada millón de habitantes censados en la misma.

Ello produce que la mayoría de los electores no sepan el número de escaños que integra el Senado. El Congreso sí, saben que son 350, pero al entrar la variable demográfica se pierde.

Lo cierto es que si tomamos las once legislaturas, es decir de 1977 a 2015, el número de actas de senadores se eleva a 3.124. De ellos, 2.964 lo fueron ya con la Constitución aprobada y de éstos 799 lo fueron por elección de los parlamentos regionales. Dicho de otra forma el 74% de los senadores lo han sido por elección directa o sufragio universal mientras que el 26% lo fueron a través de una elección de segundo grado por acuerdo de los partidos. ¡Menos mal que en 1977 casi se  consigue, por primera vez, elegir un Senado de forma directa!

Otro aspecto a observar en las once legislaturas es el de la acumulación de las mismas por parte de los elegidos. El palmarés para el Senado lo encontramos en 2 senadores que llegan a repetir en 9 legislaturas, más modesto que en el Congreso donde hubo 1 diputado que acumuló 11 legislaturas como representante ¡toda una vida laboral!

Lo cierto es que de las 3.124 actas de senador, 1866 recaen en las mismas personas físicas.

El caso del Congreso de los Diputados es diferente. Aquí estaban previstas un total de 3.850 actas (350 por legislatura) pero al tomar posesión y después dejar correr la lista-candidatura nos encontramos con la nada despreciable suma de 4.333 actas de las que 2.179 recayeron en las mismas personas.

La popularidad o grado de conocimiento de los elegidos, por parte de los electores no parece ser muy elevada. Usted mismo, paciente lector, de esos 1.866 senadores o de los 2.179 diputados, todos ellos repetidores de legislaturas con años y años de actividad parlamentaria, ¿a cuántos de ellos al oír su nombre podría identificarlos? a ¿qué número de ellos compondrían su propia lista?

 

Pero no es menos cierto que el domingo 26 tenemos una cita y no podemos dejar de asistir, ante ella me permito recordar algunos versos de Eduardo Marquina en su La Santa Hermandad:

 

Gime España entera; gime y desespera,

¡todo lo tuviera sin tanta ambición!

No..., ¡muérete, España! ¡Nadie te acompaña!

¡No buscan la hazaña, sino el galardón!

                        .....

¡Basta de partijas! ¡Basta de acomodos!

¡Hija de sus hijos, la España de todos!

                        .....

¡Digan, digan lenguas: “Señora mi espada,

¡nada para mí!, ¡nada para vos!

¡Todo para España, y ella para Dios!”

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