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DE PILLO A PILLO

Por GABRIEL ELORRIAGA

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La pasada semana los presidentes de distintas Comunidades Autónomas reclamaron un trato igual al que recibía Cataluña. Es decir, negociaciones bilaterales entre sus Gobiernos regionales y el Gobierno nacional. Estoy en desacuerdo con tal aspiración pues tales negociaciones no pueden tomarse como modelo porque están basadas en la mala fe por ambas partes. Nadie sabe si lo iniciado por Pedro Sánchez y Pere Aragonès es una mesa de negociación o una mesa de diálogo sin consecuencias efectivas. Quizá a Sánchez le gusta más lo de diálogo para disimular una negociación oculta, aunque sin plazo, fecha ni tema concreto. Aragonès prefiere fingir negociación para aplacar a sus socios del PDeCAT que lo llaman traidor a la causa independentista de confrontación directa. Lo cierto es que no es fiable el clima ni de negociación ni de diálogo. Solo se percibe una comedia de pillo a pillo que hay que suponer que no sería del gusto de los dirigentes más solventes de otras Comunidades, sean socialistas o populares, que en lo que sueñan es en poner sobre una hipotética mesa reivindicaciones concretas.

Sánchez y Aragonès no pueden llegar a acuerdo alguno mientras predominen pretensiones imposibles como la autodeterminación o la amnistía, pero tampoco pueden adelantar acuerdos posibles de otra dimensión material que demuestren que se circula por otro camino, ajeno al separatismo y propio de una autonomía privilegiada. Aragonès se ha quedado más tranquilo con que unos patos del charco de La Ricarda le impidiesen tratar seriamente la ampliación del Aeropuerto de Barcelona. Hubiese sido un síntoma de traición a la gran causa de Puigdemont, aspirante adquirir la nacionalidad belga antes que la fantasía catalana. Así que a los presidentes de las otras Comunidades Autónomas les conviene más amarrar la mejora de sus comunicaciones que perder el tiempo en mesas bilaterales que no se sabe si son de charla, de diálogo o de desvergüenza. El último en ponerse en la cola de peticiones asimilables ha sido Urkullu, a quien no se le ha ocurrido nada más novedoso que reclamar diálogo o negociación sobre el sistema foral vasco de 1839, lo que da idea del realismo de los proyectos de bilateralidad.

Lo único que le preocupa a Aragonès es seguir o aparentar que sigue como presidente de la Generalidad, donde no lleva ni cuatro meses, con el visto bueno de Oriol Junqueras, de la misma manera que a Sánchez lo único que le preocupa es culminar otros dos años su legislatura gloriosamente apuntalada por comunistas y separatistas. Ni España ni Cataluña están en juego a plazo previsible. Solo se la juegan dos pillos a los que no les importa demasiado el lío que le van a dejar a sus futuros sucesores. Los dos practican un juego de prestidigitación o mentalismo ante sus seguidores para mantener vivo el pacto de supervivencia entre dos pícaros. Sin prisa y sin pausa y con discreción se puede alargar el elástico de la legislatura en Madrid o en Barcelona. Sánchez sabe que el presidente del Consejo de Ministros no representa a España sino que debe contar con la soberanía residente en el Congreso y con los sistemas y porcentajes de votos necesarios para alterar la esencia de la Constitución. Aragonès sabe que maneja un proceso declinante en nombre, siendo optimista, de la mitad de la mitad de los catalanes.

No hay calendario, ni previsión de formalidad alguna que garantice que esta mesita casera vaya a durar en el tiempo más allá de la duración en sus cargos de ambos protagonistas. Es un simple acuerdo de socorro mutuo entre los dos. El PSOE no puede arruinar más su futuro electoral a nivel nacional vendiendo España a trozos ni Esquerra puede reconocer su renuncia a su República catalana —“¡Que no existe idiota!— Los demás respetables señores presidentes de las Comunidades Autónomas de España pueden tranquilizarse, sin sentir envidia ni alegar comparaciones. La mesa puesta por Sánchez y Aragonès, por mucha tramoya oculta que contenga, es un fruto indeseable para cualquier político leal. Que no se imaginen que vale la pena hacer que los diputados representantes de sus territorios se dediquen a negociar con sus votos institucionales la presencia de Sánchez en unas mesas establecidas en cada una de sus capitales regionales. Que no se crean que esta mesa supone un estatuto ficticio de bilateralidad inconcebible entre dos entidades desiguales. Es solo un juego sucio con cartas marcadas bajo techos oficiales.

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