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POLÍTICAS CONTRA LA INFLACIÓN

Por BERNARDO RABASSA

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La inflación está disparada, con dos dígitos actualmente 10,4 no había sido tan alta desde diciembre de 1986 según Javier Navarro en el blog Salmón. Urge actuar y tomar medidas para que la inflación no se vaya de las manos y acabe siendo un riesgo para la competitividad de la economía, el bienestar de los pensionistas y los pequeños ahorradores.

La política monetaria en España está en manos del Banco Central Europeo, con lo que el método habitual de parar la inflación (subir los tipos de interés), depende de las necesidades de un montón de economías. El Banco Central Europeo está dejando de comprar deuda pública, quizás el primer efecto de las medidas anti-inflacionarias. Por otro lado, existen ciertas medidas que se pueden tomar por parte del gobierno español para reducir la inflación. Según Hugo Gutiérrez en el País: Christine Lagarde se postula para ser recordada como la presidenta del Banco Central Europeo que tuvo que lidiar con la pandemia y que luchó contra una inflación galopante a base de alzas de tipos de interés.

Este jueves, el BCE ha anunciado su segunda subida en el año: en julio fue un 0,5% y ahora los eleva un 0,75%, el mayor incremento de la historia del banco central. Un golpe sobre la mesa que manda un mensaje de guerra total contra la espiral inflacionista. Estos movimientos agresivos del BCE solo se entienden para intentar atar en corto una espiral alcista de precios galopante.

En España, el IPC acabó agosto en el 10,4% respecto al año anterior, mientras que en la Eurozona escaló hasta el 9,1%. Sobre el papel, la tarea parece muy sencilla: se trata de ir subiendo los tipos hasta una tasa neutral. Es decir, aquella en la que no da impulso a la economía, pero tampoco la deprime. Pero esto en la práctica es un equilibrio muy difícil de lograr y cualquier traspié de los bancos centrales puede hacer descarrilar la economía.


 

La depreciación del euro frente al dólar ha sido otro factor destacado que ha metido más presión a la institución presidida por Christine Lagarde. La Fed estadounidense se ha movido con más celeridad y de forma más agresiva que el BCE, lo que ha provocado la caída del euro frente al dólar. “Al Banco Central Europeo solo le queda una opción: acelerar la subida de tipos”, y así luchar por la cotización del euro frente al dólar.

En la teoría liberal económica, los precios se fijan mediante la oferta y la demanda, con lo cual existen dos modos de alterarlos, actuando sobre la oferta o sobre la demanda.

En opinión de Javier Navarro ¿que se podría hacer en España ¿La primera acción que puede tomar el gobierno para actuar sobre la demanda es reducir el gasto público? Esta medida es un poco peligrosa en el sentido de que puede afectar a la recuperación económica, pero claramente una reducción del gasto público haría que los precios no suban tanto como lo están haciendo. Otra opción que puede tener para reducir la inflación es incrementar los impuestos sobre la renta, reduciendo la capacidad de pago de las familias para comprar bienes y servicios. Sería una medida impopular. Además en un país con impuestos altos aquellos que pueden se van del país para pagar menos impuestos; pero no dejaría de ser una opción factible.

Esta opción se podría combinar, o no, con esta otra, bajar los impuestos al consumo. En Polonia están reduciendo impuestos al consumo como el IVA sobre alimentos y carburantes para contener el impacto en los precios. Reducir unos impuestos, aumentar otros y reducir el gasto fiscal, supondría un revulsivo fiscal en España. Al respecto de medidas de oferta, creo que esta es la opción para reducir la inflación menos explorada en España en los últimos años y por donde más se puede actuar.

Una medida de oferta para reducir la inflación es incrementar la competencia, aumentando las restricciones por parte de las autoridades que vigilan la competencia. Eso hará que el poder de fijación de precios de las empresas disminuya y los precios bajen o dejen de subir. Las autoridades de la competencia, deben de estar muy pendientes de que en este momento inflacionario no disminuya la competencia y las empresas acumulen y usen poder de monopolio para incrementar sus precios.

Mejorar las cadenas de producción y distribución. No es una medida fácil, pero muchas veces las empresas e industrias tienen ciertos cuellos de botella que limitan lo que pueden producir. Por ejemplo, autorizaciones administrativas, deficiencias en las infraestructuras públicas, falta de proveedores de calidad, etc. Un incremento de la competitividad de las empresas, incrementa la cantidad producida y los precios a los que pueden vender. Turquía eligió tanques en vez de mantequilla, ahora su inflación está disparada. La realidad es que nunca ha dejado de tener inestabilidad de su moneda y perpetua inflación.

Por último, otra opción que se tendría por el gobierno, es establecer controles de precios. No obstante, es peligrosa, ya que lo que puede acabar consiguiendo es crear escasez de productos en el mercado y que se cree un mercado negro en el que se paga más por los productos. De eso en España tenemos tradición y experiencia con el “Estraperlo”, el mercado clandestino de los bienes racionados tras la guerra civil y a los que muchos nos han contado nuestros padres o abuelos sus experiencias con el mismo.

Esto es a dónde nos conduciría la propuesta de topar la cesta de la compra de la vicepresidenta Yolanda Diaz. Que ha empezado a intentar hacer pedagogía poniéndose de acuerdo con una oferta de Carrefour. Naturalmente se olvida cómo aplicando este método en la antigua URSS estaban los estantes vacíos, como lo están los de Venezuela. Nicaragua o Cuba. Ser Comunista y capitalista sólo es posible en China y así les va.

Como dice John H Cochrane en la Chicago Booth Review, para ganar una guerra no hace falta tener las herramientas, sino que hay que demostrar al enemigo que se está dispuesto a usarlas. Por tanto, la opción de reducir el gasto público requeriría que los agentes (es decir, empresas, familias, etc) nos creyéramos que se va a reducir la inflación. De ese modo dejaríamos de intentar comprar todo ahora porque creemos que será más caro en el futuro y que la inflación se convierta en una profecía autocumplida.

No obstante, uno se pregunta, ¿quiere un gobierno endeudado y hambriento de ingresos reducir la inflación o prefiere mantenerla ya que es un modo de tener una subida encubierta de los impuestos dados los muchos contratos laborales que se incrementan con la inflación? Aunque aumentarían la rentabilidad de los depósitos lo que es positivo. Además, la deuda pública ganará atractivo entre los inversores.

Al pagar un interés mayor, se convertirá en una alternativa apetecible para colocar el dinero con un riesgo bajo y una rentabilidad aceptable. Esto tiene otra lectura para los Estados, en este caso menos positiva: a las arcas públicas le costará más caro la deuda. “Con el cambio ascendente de los tipos de interés se puede producir un problema: el servicio de la deuda, lo que se paga anualmente por intereses, puede subir y el dinero que se pague por ello es dinero que se detraerá de otros usos. El problema de la deuda acumulada aparece y obliga a enfrentarlo con urgencia”, explica Bankinter en una entrada en el blog de su página web sobre cómo afecta una subida de tipos.

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