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TEMOR A UNA SEGUNDA OLA A FINALES DE JULIO POR EL RELAJO JUVENIL

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LEEMOS EN LA VANGUARDIA

Por suerte hay 40.000 jóvenes casi confinados esperando la prueba de selectividad. Pero esta semana es la semana de la euforia juvenil por excelencia: fin de curso, comienza el verano, verbenas y todo abierto tras un fastidioso encierro. Por eso Salut Pública mantiene una atención angustiada sobre los datos que se reportarán en las próximas dos semanas entre los ciudadanos de 15 a 25 años. Si circula el virus, la mayoría de las personas de estas edades no lo notarán, serán asintomáticos, lo que podría suponer una expansión silenciosa. Hasta que contagien a sus mayores.

“Los detectaremos, porque ahora peinamos hasta la más mínima sospecha”, explica Xavier Llebaria, director de la Agència de Salut Pública de Catalunya. “Pero estamos muy preocupados. Si no caen en la cuenta de que también va con ellos, que esto no ha pasado, que la distancia y las medidas individuales de protección son esenciales para evitar que el virus circule más, podemos tener un problema. Podríamos repetir lo que creemos que pasó en enero en la mayoría de países donde luego estalló la epidemia arrollando”.

 

¿Podría ser julio una repetición de enero? “No sabemos, y quien diga que sabe, se equivoca. Es todo nuevo. No sabemos si la sequedad y la temperatura juegan a favor de que se extienda menos o de que el virus se comporte de forma menos agresiva. Por ejemplo, los nuevos casos que estamos viendo en las residencias de ancianos no son ni de lejos como los de marzo y abril. Son ahora mucho más leves. Tampoco sabemos si el hecho de que estemos utilizando mucho mejor los equipos de protección, los EPI, y que la mayor parte de la sociedad acostumbre a mantener la distancia y llevar la mascarilla, influyen en la carga viral de los contagiados. Pero no podemos descartar que la relajación que se observa entre los jóvenes no esté preparando un rebrote”.

“Si volviéramos a la casilla de salida, la situación sería seguro muy diferente, entre otras razones porque ahora sabemos que el virus circula antes y que no hay que esperar que llegue de China o Italia, ni esperar a observar tres síntomas. Cualquiera puede ser una señal suficiente para hacer una PCR”, advierte Antoni Trilla, responsable de epidemiología del Clínic.

“Sabemos cómo actuar para acotar los casos y para transformar los hospitales. Quizá en lo que menos hemos avanzado ha sido en los tratamientos. Hemos desechado la mayoría”, resume el experto. “Pero la sociedad ya conoce a este lobo , sabe cómo se hunde un negocio y qué es tener a un familiar enfermo sin poder verle. Las medidas restrictivas serían mucho mejor entendidas”.

Los nuevos hábitos y la protección de las residencias cambian el panorama ante un posible rebrote

Además de sobre los jóvenes, Salut Pública tiene puesto el foco sobre los temporeros y las industrias alimentarias, especialmente en Lleida. “Nuestros casos entre temporeros son un goteo, no hay cifras preocupantes y se van detectando bien. Aunque el problema en Lleida sea de mayor intensidad que en ninguna otra parte de Catalunya, está acotado”, asegura Llebaria. “Nosotros no nos planteamos que Lleida retroceda”, afirma el director de la Agència de Salut Pública.

El Gobierno, tampoco. Aunque la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, apuntó que si los brotes aumentaran podría volverse al estado de alarma, parcial o totalmente. La ministra de Hacienda y portavoz, María Jesús Montero, aclaró después que no hay indicios de que eso vaya a ser necesario.

Y una de las claves para reducir el impacto de un posible rebrote está en las mascarillas. Ellas, la distancia física en cualquier ámbito –laboral, social, de ocio– y la higiene continua de las manos. Es una de la conclusiones del análisis llevado a cabo con un modelo matemático por el equipo de Clima y Salud de ISGlobal.

El estudio, que firman Xavier Rodó y Leopoldo López, mide el impacto de las diferentes estrategias adoptadas frente a la pandemia para proponer qué sería lo más efectivo de cara a una próxima oleada.

El comportamiento individual (mascarilla, distancia, lavado de manos) es absolutamente de­terminante, según estos resultados, para lograr rebajar la tasa de trasmisión del coronavirus. Y si así se consigue reducir hasta el 50% esa tasa (algo que es posible, según el ­modelo matemático), podría ­incluso evitarse esa nueva oleada.

“La sociedad ya conoce al ‘lobo’ y entendería mejor cualquier medida restrictiva”, dice Antoni Trilla

Si julio supusiera un nuevo enero y llegara una nueva explosión como la de marzo, “estamos más preparados, no sería igual, en absoluto”, afirma Xavier Llebaria. “Probablemente, la trasmisión sería menor y menos grave. Hay un importante cambio de hábitos en la sociedad, basta pensar cómo íbamos en el metro en enero y cómo vamos ahora. Además, sabemos cómo actuar más rápidamente acotando zonas. Hemos aprendido a proteger las residencias, algo esencial para que todo sea distinto. Sabemos cómo lograr que los centros sanitarios no sean diseminadores de la infección. Y podemos hacer 18.000 PCR. Tenemos una potente vigilancia. Sería muy distinto”, concluye.

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