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LOS MOTIVOS POR LOS QUE NO CALAN LAS PROTESTAS CONTRA LAS RESTRICCIONES

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LEEMOS EN LA VOZ DE GALICIA

 

FranciaItalia, Gran Bretaña, Estados Unidos, AustraliaAlemania. La lista es extensa. El mundo se rebela en contra de las restricciones que intentan controlar el avance del covid. Solo en Berlín, las protestas que tuvieron lugar el domingo se saldaron con 500 detenidos. Pero no es un fenómeno nuevo. Casi desde el principio de la pandemia muchos ciudadanos han defendido con uñas y dientes derechos fundamentales que entienden vulnerados. Pero ¿qué pasa con España? A pesar de haber adoptado las medidas más restrictivas y ser uno de los primeros países en imponer controles, las manifestaciones son minoritarias. ¿Por qué?

Elvira Santiago, socióloga y parte del Grupo de Análisis y Prospectiva Sociopolítica de la UDC, considera que la situación es llamativa porque involucra «países con una tradición de protesta social amplia, como Francia, pero otros que tienen un comportamiento más parecido al nuestro, como Italia». Sin embargo, señala que en esos países, tanto el debate de los antivacunas como el de las libertades individuales tienen mucho más recorrido. «Aquí estos movimientos no tienen una tradición asentada ni son mayoritarios», apunta.

 
 
 
 
 
 
 
 
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Por su parte, Adina Dumitru, doctora en Psicología por la UDC, destaca: «Es la primera vez desde hace muchos años en que de forma muy visible hemos tenido este tipo de prohibiciones que no conocíamos por la historia democrática reciente. Hay cierta sensibilidad hacia esto. Algunas de las manifestaciones más agresivas fueron en Escocia, en Irlanda, países con mucho recelo hacia la deposición, que no están dispuestos a permitir que se infrinjan sus derechos».

Sin embargo, la experta recuerda que «hay formas de resistencia pasiva». «Las personas pueden percibir que en su esfera más privada pueden optar por actos de resistencia social», explica. Y coincide Santiago: «Las manifestaciones tradicionales han sido aisladas, pero eso no quita que en el comportamiento individual la gente pueda estar llevando a cabo conductas de rechazo o desobediencia que, pese a no ser parte de un movimiento social más grande, sí pueda ejemplificar esa disconformidad». Cuando alguien decide no vacunarse, incumplir las limitaciones de reunión, ir de botellón, etc., pone de manifiesto ese desacato.

No obstante, el catedrático de psicología social de la USC, José Manuel Sabucedo, resalta que la respuesta de España «ha sido, desde el principio, una de las más cívicas del mundo». «El país se comportó de una forma muy sensata porque entendió la gravedad del problema a pesar del caos político y de los mensajes cruzados», explica. «La respuesta colectiva fue muy solidaria, se actuó con rigor y hubo una capacidad de sacrificio muy elevada», indica el experto.

Sabucedo recuerda a Masllow. Según su pirámide, «nosotros querremos libertad siempre y cuando estén cubiertas una serie de necesidades básicas anteriores», dice. «La vida propia y la de lo demás es una necesidad más prioritaria. Por eso, incluso considerando que las restricciones eran excesivas, o ante la duda, los españoles decidieron que primara la seguridad, la salud».

Por otra parte, subraya que, según varios estudios, «en España el nivel de aceptación a las vacunas es superior al de los demás». Se debe a una «tradición sanitaria de vacunación», a una «percepción positiva de la eficacia de la vacuna», a que no hubo «voces discrepantes en la comunidad científica» y a la «credibilidad de la clase médica», a la que se le atribuye «una inmensa competencia». Santiago concuerda en que nos diferencia esa «confianza». «Otros países pueden tener una valoración global de sus gobiernos más positiva, pero una desconfianza mayor hacia la ciencia», menciona. «En nuestro contexto hay una cierta aceptación de las medidas. España lleva un ritmo de vacunación más fluido y tiene restricciones que no alcanzan tantos ámbitos de la vida social», dice.

Así, Dumitru reflexiona: «Este tipo de protestas son un indicador del estado del contrato social. Cuando este es sólido, cuando hay fe y confianza en que el sistema responde (sea cual sea), estas manifestaciones tan agresivas no son necesarias». «En el caso de España, puede indicar entonces que el contrato social está vigente», concluye.

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